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Basura e irresponsabilidad
Todos los años se repite la historia, cientos de personas damnificadas, otras ahogadas. A esta desgracia hay que sumar los millones de dólares en pérdidas materiales en residencias, factorías, comercios, animales y cultivos. Agreguemos lo que invierten el Sistema Nacional de Protección Civil, el Cuerpo de Bomberos, la Cruz Roja, entre otros entes, en las labores de rescate, reubicación y asistencias a los damnificados.
Los medios de comunicación transmiten la dimensión de la tragedia, como si fuese una novela en varios tomos o una saga cinematográfica, nos narran la impotencia y dolor de los afectados, por repentinamente haber perdido sus bienes. La angustia de los familiares y amistades de los desaparecidos, en que cada minuto es una tortura, por la ausencia forzada por la indómita embestida de las aguas, y un aliento de esperanza que mantiene la posibilidad de que sea encontrado el ser amado, con su cuerpo y alma juntos. Se entrevista a los funcionarios, en todos los gobiernos, para que expliquen en medio de la urgencia y el desconcierto, por qué las labores para paliar estas situaciones no marchan con eficiencia y dinamismo. Estabilizada la situación, con el traslado y las donaciones por capital estatal y privado —hasta de políticos, a los cuales en época electoral les da un repentino ataque de filantropía— los inundados pueden poco a poco reiniciar su vida. Lentamente, en el olvido caen las razones fundamentales de estos desastres, se siembra la semilla de futuros infortunios. Es tiempo de invertir los fondos públicos en asuntos socialmente prioritarios y de utilidad verdaderamente general. Fortalecer con equipo, personal y entrenamiento las instituciones de manejo de casos de emergencias. Establecer un sistema nacional de vigilancia y alerta en tiempo real del clima. Fundar una autoridad de urbanismo independiente y funcional, rigurosa al otorgar permisos de construcción, eficiente fiscalizadora con mejores normas que protejan entorno natural y a los futuros propietarios. Son nefastos, el populismo, por consentir a cambio de votos las barriadas brujas en lugares proclives a inundarse; el elitismo, por aprobar urbanizaciones en lugares complicados a cambio de donaciones electorales, padrinazgos políticos y amiguismo. Debemos proteger los pocos bosques de la ciudad (por favor, alguien avísele a la Anam), que son los amortiguadores naturales de las lluvias previniendo la erosión, evitando los aludes de lodo. La falta de una cultura de respeto al medio natural, hace que la población tire la basura a ríos y arroyos. El caro e ineficiente servicio de recolección de la basura, no ayuda. Los fenómenos naturales son potenciados por el desbordamiento de basura e irresponsabilidad. Publicidad
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