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Temores y hechos
![]() Los chicos y las chicas actúan de diferente forma.
Ante el temor a ser señalados o etiquetados como “degenerados” o “enfermos”, los jóvenes se ven en la imperiosa necesidad de adoptar hábitos solitarios de placer sexual como la masturbación, incluso a veces de forma exagerada y por demás desordenada.
Ellos no saben cómo manejar su energía personal, precisamente porque desconocen el mecanismo de los primeros impulsos sexuales que les revoluciona todo el sistema endocrino y hormonal que se despierta de manera acelerada. Se vuelven rebeldes, inconformes, retadores, groseros, altaneros, soberbios e insoportablemente chantajistas, mostrando en sus actitudes, muy obvias, la presencia secreta de su descomunal energía sexual mal dirigida y mal canalizada. De allí nacen los problemas, tanto para los chicos como para los padres, que no supieron educar sexualmente a sus hijos en el momento en que debieron hacerlo. Las chicas, por su parte, por lo general se vuelven hurañas, desobedientes, irascibles, les gusta aislarse de la familia, no atienden ni entienden sus obligaciones y deberes. Es cuando, todo su mundo gira alrededor de su príncipe azul y no hace más que desear estar a su lado, en ocasiones desafiando a sus mayores. Publicidad
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