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Panamá, 3 de diciembre de 2008
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De la arrogancia a la apertura
Todo parece indicar que la política de Obama hacia Latinoamérica va a regresar a los años de Bill Clinton
MARIO MURILLO
marioradio@gmail.com Fue una era totalmente distinta, un momento en el pasado distante. El 10 de septiembre 2001. Ese día, Colin Powell estaba en Perú, preparando un viaje a Colombia como parte de su gira regional promoviendo la política antinarcóticos de su Gobierno. En ese momento, América Latina, y más específicamente Colombia, estaba en las noticias casi todos los días en EEUU, sobre todo por el paquete de ayuda militar denominado Plan Colombia. Powell tenía programada una visita al departamento colombiano de Putumayo, en donde la estrategia ya se estaba desarollando. Supuestamente, iba ser una buena oportunidad para mostrar algunos logros de la política externa de su país. Por razones obvias, sus planes de viaje cambiaron drásticamente, y como resultado, Colombia y el resto del hemisferio se cayeron de la pantalla del radar de los medios en EEUU.
Por eso, hay algunos analistas que dicen que la política de Bush hacia América Latina era una de no política, ya que la región entera cayó de su lista de prioridades diplomáticas y su agenda estratégica. Yo no comparto esta versión. No hay duda que las guerras fracasadas en Afganistán e Irak han sido la obsesión primaria para el Gobierno de Bush, pero en realidad el equipo Bush-Cheney no ha ignorado a Latinoamérica, sino que la ha metido irresponsablemente en su marco erróneo de su guerra global contra el terrorismo. Desde su política antiinmigrante de construir una pared en toda la frontera con México y sus señalamientos constantes en contra de Hugo Chávez por su supuesto vínculo con las FARC, hasta el apoyo incondicional al presidente Álvaro Uribe en su guerra contrainsurgente, el legado de Bush en el hemisferio ha sido formado por su visión arrogante e intolerante de “estás con nosotros o estás en contra”. Como resultado, Bush ha alienado a millones de latinoamericanos que, con la excepción de Colombia, han elegido en los últimos ocho años gobiernos de diferentes tendencias que tienen una cosa en común: un rechazo total a la política de EEUU en la región, y un llamado para un cambio fundamental en sus políticas de desarollo económico y seguridad. Y por eso mucha gente respiró tranquilamente con la victoria de Obama. Pero, ¿cuánto cambio podemos esperar de la nueva administración demócrata? Existen posibilidades de unas relaciones mas abiertas en los próximos años entre el gran norte y sus vecinos del sur. Ya ha habido mucha atención a la oposición de Obama en contra del TLC con Colombia. En varias ocasiones Obama expresó sus inquietudes sobre las violaciones de los derechos humanos y los asesinatos de los sindicalistas en ese país. Esto demuestra una visión bastante diferente a la del actual presidente. De todas maneras, algunos defensores de DDHH expresaron su descontento con la nominación de Eric Holder como el nuevo Fiscal General de la nación. Holder fue el abogado defensor de Chiquita Brands en el caso donde se reveló que la compañía había pagado ilegalmente a las Autodefensas Unidas de Colombia, AUC, terroristas que han masacrado a mas de 4,000 personas en la zona bananera de Urabá. Para muchos, esto es una contradicción muy grande de parte de Obama, y el nombramiento de Hillary Clinton como su secretaria de Estado es una indicación de que, la política de Obama hacia Latinoamérica regresará a los años de Bill Clinton, caracterizados por un empuje acelerado para el libre comercio —léase NAFTA— y una aceptación terca de la militarización de la política antidrogas, lo cual no ha mostrado ningún logro positivo en los últimos 16 años, incluyendo los 8 de Plan Colombia, que comenzó con el demócrata en la Casa Blanca. En enero pasado, Obama le comento al Nuevo Herald de Miami que buscaría nuevas maneras de trabajar con los líderes de America Latina. ”Hemos visto una incapacidad de encontrar oportunidades constructivas con países que están inclinados hacia la izquierda, pero que están tratando de hacer lo correcto por su gente”, dijo el candidato. No es un cambio profundo, pero al menos parece que el nuevo Gobierno estará abierto al diálogo, en vez de lo que por décadas ha sido la actitud de los gobiernos en Washington, que han creído tener el derecho de dictar a sus vecinos lo que es mejor para sus países. Por ahora, vamos a ver. Publicidad
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