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Mitos condicionan el sexo
![]() es increíble que todavía sigamos viviendo ignorantes en la llamada era de la información
M i primera experiencia sexual pudo haberme traumado. Era muy joven y tenía un novio superceloso. Hicimos el amor y como no sangré, me dijo que le había engañado y me endilgó los peores calificativos. Cuando llegué a casa mi ropa interior estaba manchada, pero ya no había forma de sacarlo del error”. Esta confesión de Norma, saca a la luz uno de los tantos mitos acerca de la sexualidad. El sangrado en esa “ primera vez” no siempre se produce, porque hay mujeres que tienen un himen más elástico que otras. Imagínese cuántas damiselas deben haber sufrido en épocas, no tan lejanas, donde las sábanas o pañuelos blancos teñidos de sus flujos vaginales mezclados con sangre eran prueba de su indiscutible pureza.
De acuerdo con el psicólogo Eduardo Maggio, éste y otros mitos muestran el desconocimiento sexual de las personas, resultado de los tabúes, de la falta de orientación y de una apropiada y temprana educación sexual. Para Maggio, resulta contrastante que en esta era de la información, exista todavía este tipo de creencias. Hablar de mitos, subraya, implica hacer una clasificación por género o por situación sexual definida. Hombres, mujeres y adolescentes, tienen los propios. Pero hay algunos que les son comunes. Uno de ellos se refiere a la cantidad. El sexo, asegura Maggio, no es una cuenta de banco, es el disfrute de sensaciones que se intensifican cuando hay sentimientos. El mayor inconveniente de este hecho es que impide el máximo placer que se espera de un encuentro íntimo. Por eso hay que derribarlos y asegurar en las generaciones que están empezando a formarse una cuidadosa educación en materia sexual. Sólo el conocimiento derrota la ignorancia y a estas alturas no se pueden perpetuar estos supuestos, enfatiza. Esta realidad impide además que las campañas para prevenir o disminuir embarazos y/o enfermedades de transmisión sexual sean efectivas. Por ejemplo, muchos heterosexuales suponen que nunca se contagiarán de SIDA porque esta es una enfermedad de homosexuales y promiscuos. Falso, cuando te acuestas con alguien te acuestas con todos los que esa persona lo hizo. Por eso, es categórico al decir que “el sexo implica, responsabilidad y por ello quien no esté maduro y consciente de lo que significa, no debe practicarlo”. En el caso de los hombres los mitos van desde el tamaño del pene y la frecuencia, hasta la secreción de semen que le impide, fingir un orgasmo, por mencionar unos pocos. Ellos tienen una gran carga emocional porque además deben estar siempre listos, tomar la iniciativa, tener una buena erección y llegar al orgasmo. En tanto las mujeres, enfrentan, mitos como no tomar la iniciativa so pretexto de parecer “fáciles”, no tener sexo sin amor, ni ser demasiado explícitas en la manifestación del placer lo que les coarta el derecho de disfrutar del sexo sin inhibiciones y sin compromiso si es su gusto. Ni la raza, ni el tamaño de los órganos sexuales, ni la capacidad de respuesta (los humanos no son aparatos que se encienden y apagan con un solo toque) son determinantes para evaluar una relación. Tampoco es verdad que la falta de apetito sexual sea suficiente para calificar a una mujer de frígida o a un hombre de impotente. En esto inciden problemas de salud importantes o situaciones de estrés y cansancio. En el sexo ni la mujer ni el hombre tienen la batuta, sus roles son intercambiables. Y su objetivo, procurarse el mutuo placer sin intimidaciones para una actividad placentera, segura y que invite a querer repetirla, cada vez que las condiciones lo favorezcan. Publicidad
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