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Humildad, sensatez y respeto
El conocimiento y la información, tal vez por lo muy avanzado y rápido que va el mundo con la globalización, definitivamente su manejo, sigue siendo el privilegio de pocos.
Después de varios años de actividad en el campo de las letras, jamás se me ocurriría exigir como condición que no se me corrija, recorte o edite mi escrito, so pretexto de la libertad de expresión. Hago constar, por la educación recibida en casa y mi fe, la actividad como escritor no me permite creerme un genio como Cervantes o Shakespeare, mucho menos, orgullo alguno. Humildad, señor.. humildad es una de los principales valores que se requieren para comprender que tratamos con personas, en consecuencia, el manejo adecuado de los medios de comunicación social. Todos sabemos que hay una condición práctica en cantidad de palabras. Simple: Si son 550 palabras, son 550 palabras, no más de eso. Cualquier persona entendería que independientemente de mi inspiración, los ajustes tienen que hacerse por motivos de espacio. Sería insensato de mi parte pretender que sé más de esto que la periodista editora. Por el contrario, a lo que otro ser humano opina, nunca me he sentido agraviado porque la editora de opinión me corrige mis escritos. Nunca mutila los artículos o cambia su sentido original, estoy muy agradecido, porque editar es su trabajo. Por esas circunstancias normales en la profesión, es un desperdicio del espacio expresar alegremente en ese contexto que “la manipulación mediática.. y la compra—venta de conciencias, cualquier cosa es posible; rehusó pensar que ésta haya sido la razón de la citada irregularidad, pero me desagradan los mercenarios de la pluma...” ( La Estrella , 31/12/08). Sus lectores admiramos esa capacidad de convertir algo puramente personal en una vergüenza pública. ¡Sensatez escritor! es lo que se requiere en estos momentos. No ofender en palabras, no injuriar, no difamar a una persona honorable que mucho le ha servido y que nunca le ha pedido nada a cambio. Con respeto debo decir que esa innecesaria vindicta, dice más de usted mismo que de la dama a la que intenta hacer daño. Demostrado está que es una defensora de la libertad de expresión: publicó su diatriba en el mismo medio que usted acusa. Concluimos que: 1. No es lo mismo “libertad de expresión” que la “expresión de libertad” que usted condiciona y exige, y 2. Usted necesita más espacio que el que un periódico le puede brindar. Por experiencia propia, recomiendo que para no ser corregido y publicar íntegramente su escrito sin ningún cambio, utilice los blogs en la web o escriba un ensayo y pague por su publicación. Sus lectores apreciamos lo que, reitero en tres palabras, debe acompañar su expresión libre: humildad, sensatez y respeto. -El autor es escritor y analista político.recursossinlimites@gmail.com Publicidad
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