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Panamá, 22 de enero de 2009
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El secreto del voto


CARLOS AUGUSTO HERRERA

Esa canturria pública de que el voto es secreto, parece una contradicción basada en la realidad del medio electoral en el que nos debatimos. Los partidos políticos funcionan con adherentes, debidamente identificados ante el Tribunal Electoral (TE) y los colectivos, se reconocen adecuadamente con banderas, insignias, doctrinas, tendencias, etcétera, pero que, a la hora cero, deciden en silencio y bajo la más estricta confidencialidad la escogencia.

El TE tiene registrados a todos los inscritos en cada partido y, además, establece en un padrón electoral a los indivisos votantes, aptos para ejercer el sufragio y la mesa en donde deben votar, un documento que es de conocimiento público y que también cada partido puede utilizar, para llevar los registros de los votantes el día de las elecciones.

Cada mesa de votación está compuesta por los miembros de distintos partidos y el artículo 294 del Código Electoral, establece de modo taxativo, que todos los que tienen acceso al recinto electoral, pueden “portar distintivos que los identifiquen”. Vaya, vaya.

En otra faceta legislativa eleccionaria, el artículo 385 del Código Electoral, sanciona con pena de prisión de 6 meses a 1 año, entre varios parámetros a los que: “6. Violen, por cualquier medio, el secreto del voto ajeno”, y si mencionamos los propios votos, el Código de referencias establece: Artículo 299. “La votación será secreta. Los notoriamente ciegos y los físicamente imposibilitados para actuar sin ayuda podrán hacerse acompañar por personas de su confianza”.

Es el artículo 302 del sonado Código que comentamos, el que regula lo relativo a los compartimientos aislados, para realizar el acto de votación secreta. En la marcha electoral, además se regulan o desarrollan estas normas, para que se ajusten a la realidad el día de las elecciones.

Todo lo expuesto anteriormente nos coloca en una posición en la que reconocemos la confusión sobre el voto secreto, un deber de cada ciudadano, pero que en una gran cantidad de casos se sabe de antemano por quién votarán los sujetos comprometidos con el partido o sus postulados.

Más grave aún es el condimento de las encuestas electorales previas, de cuya matriz hay un sinnúmero de empresas que manejan la intención del voto secreto, puesto que cuestionan al público en general, con preguntas sobre por quién votarán en las elecciones y además de meter miedo, aceleran o desaceleran las alianzas y lo mismo ocurre, al aupar las esperanzas o fomentar desesperanzas, entre los emisores del voto secreto. Las encuestas desnudan a los encuestados con una serie de preguntas relativas al voto secreto.

Los efectos del voto público se notan más acerados en ese cáustico sufragio para escoger, dentro de las primarias de cada partido, a sus representantes. Aquí la cosa se pone peliaguda, porque es una batalla entre pares que se torna extrema y luego cuesta, frente al público, restañar a trote las heridas morales y materiales infligidas. Aquí la lengua da un viraje de 180°, porque tenemos que entorchar a los que precisamente queríamos que perdieran, una situación que no entienden los seguidores que votaron en secreto, pero que promocionaron en público a sus preferidos. Por eso es que sostengo que las elecciones se parecen a los carnavales, aunque acá la cuestión es por calles.

-El autor fue fiscal auxiliar de la República.cherrera@cwpanama.net

 
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