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Genuflexión política
Mirando uno de los canales de TV me causó gracia observar, una vez más, la cuña que Cambio Democrático (CD), de manera permanente y con carácter prácticamente institucional, mantiene en el aire, con el ánimo de defenestrar a las administraciones del PRD y el panameñismo, en la que se acusa a ambas de ser las más nefastas y continuistas de nuestra historia política por mantener, según dicen, 40 años de mal gobierno.
Y me causó gracia, porque en ése mismo canal y en el mismo espacio informativo se transmitió la noticia de que Ricardo Martinelli y Juan C. Varela estaban reunidos en la residencia de la embajadora de EUA en Panamá, conversando muy amigablemente, con el objetivo de integrar una alianza, no programática, claro está, sino coyuntural y oportunista, a objeto de derrotar al PRD el 3 de mayo. Cabe preguntarse ¿cómo queda Varela, que luego de ser azotado a toda hora de tan mala manera por la maquinaria propagandística de Martinelli, aceptaría, según dicen, una alianza con el mismo que acusa a su partido y a él, por supuesto, de ser “más de lo mismo”? Y, por otra parte, ¿cómo queda Martinelli promoviendo una alianza con quien, hasta ayer, por lo menos, constituía un adversario tan “corrupto” y malo como el PRD? Esta carta que están jugando CD y panameñistas lo que logrará es llevar a los electores al convencimiento de que el único cambio que ellos buscan es uno que les permita acercarse a los millones del Canal y la actual bonanza panameña, un fenómeno creado precisamente por ese gobierno que buscan cambiar. La decisión será de todos los panameños que acudan a las urnas, pero después de esto seguramente que abrirán sus ojos frente a la realidad de que si Martinelli y Varela unidos o por separado ganan las elecciones, no habría más cambio que el que desean ellos para su propio beneficio. Por otra parte, la reunión que celebraron en el medio de tanta e inmerecida atención por parte de los medios en la residencia de la embajadora de EUA revela una nueva y clara intervención del Gobierno norteamericano en los asuntos de Panamá, al servir de anfitrión, por cierto que con un precio a pagar, como todo lo que hacen los gringos, en beneficio de su geopolítica e intereses comerciales. Aquí los medios deberían poner “el dedo en la llaga” y denunciar la poco diplomática acción de la Embajada de EUA frente a una actividad soberana de los panameños al ejercer el “legítimo y muy panameño derecho” de llevar a cabo sus actividades políticas sin que ninguna nación entre en coqueteos muy sospechosos con los candidatos que pudieran servir mejor a sus intereses. Esta reunión pudo desarrollarse en una de las residencias de Martinelli y Varela que, según entiendo, nada tienen que envidiar a la residencia de la embajadora, en lugar de someter su independencia y criterios de buenos patriotas al capricho de una muy sospechosa anfitrionía. -El autor es periodista.erluga@cwpanama.net Publicidad
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