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Panamá, 27 de enero de 2009
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Caminando


GABRIEL J. PEREA R.

“Los políticos dan asco”, eso fue lo que me dijo Pablo Pueblo, sentado en las desvencijadas escaleras de madera que lo conducían a su humilde cuarto de inquilinato, el cual soñó alguna vez que podría abandonar con la esperanza de que vendrían mejores días, su fe estaba clavada en la promesa del cambio y unas zapatillas.

Al preguntarle qué le provocaba asco, dado que los nauseabundos olores de los baños comunales y los desagües desbordados en el barrio eran algo muy común, me desconcertó su respuesta.

“Ya no se puede confiar en nadie, todos mienten descaradamente, quieren tomarte el pelo, pero aunque somos humildes, somos más vivos que ellos”. Su rostro taciturno hundía la mirada en un par de zapatillas, que por su aspecto tenían bastantes millas. El pobre Pablo necesitaba alguien con quien desahogarse, era evidente que su malestar se estaba transformado en rencor que desembocaría en algo inesperado.

“Échame el cuento Pablito, yo te escucho”. “Fíjate, yo, que nunca había participado ni creído en política, me dejé llevar por el cuento del pipón ese que estaba pregonando el verdadero cambio, que 40 años y toda esa zoquetada, y que era un político diferente y dizque no se juntaba con los huesos viejos”. “Dale con calma, Pablo, que no entiendo nada”. Respiró profundamente, tomó las zapatillas y las lanzó a un charco de aguas negras.

“Mira, como la cosa está dura y para conseguir algo tienes que tener apellido o buenos contactos, me pareció que las promesas del pipón eran buena alternativa, eso de un verdadero cambio y que no tenía que ver con los políticos rebuscones estaba de a’lante. Aunque tenía unos malandrines muy bien camuflageados en la compaña. Bueno, me pegué al tren y caminé y caminé, en los barrios, haciendo cuanta vaina se le ocurriera al pipón, todo por un futuro mejor, le dimos plomo parejo a los adversarios y cuando creíamos que la cosa se estaba poniendo buena, descubrimos que éramos solo un basurero y recogíamos, mejor que el alcaldito, los desperdicios de los otros partidos y el colmo, ahora se juntó con los mismos que tanto pregonó que eran unos políticos de huesos viejos. Nooooo!, qué porquería”.

“Eso me pasa por pendejo, por comer cuento. Si hay alguien que no abandona sus ideales esos son los manes del pueblo, con todo y que los achurraron en la invasión, los manes se levantaron y nunca han echa’o pa’trás, ni pa’ cogé’ impulso. Ahora, tú vieras, los manes del cambio se están repartiendo la cosa, como si na’. Se escupieron a la cara y ahora se abrazan, los zoquetes”.

“Pero yo tengo mi estrategia bien montá’ y mi grupo ya la está caminando, vamos a seguir con el pipón hasta el final y el día de la elección, degolla’ó como los pollos en balde, voy a recoger todo lo que puedo y los manes del pueblo ya lo saben. Así que ahora voy a pedir otras zapatillas pa’ hacer bien la misión. Como dice la canción. Caminando”.

Se levantó, su sonrisa distintiva había retornado a su alegre rostro. Al menos de tan triste experiencia había sacado una buena lección, no se inventa ser pueblo, se nace siendo pueblo.

-El autor es M. Sc. Administración Industrial.gperear@cableonda.net

 
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