Disfunción mediática
03-02-2009 | FEDERICO MELÉNDEZ V.*
Opinión Los medios impresos, radiales y audiovisuales tienen un objetivo en común: la proyección de la noticia que vende, que impacta, la misma puede ser política, económica, policiva o judicial. En nuestros días la noticia política, debida a la contienda del 3 de mayo, compite de igual a igual con la noticia policiva, esta última es el producto de predilección de los tabloides los cuales le dispensan la portada la mayoría de las veces.
Los diario de tipo estándar que tradicionalmente eran más conservadores en la publicación de este tipo de noticias se han visto obligados a insertar en sus páginas noticias policivas en función del incremento de la violencia en Panamá.
El aumento de este flagelo obliga a los medios a cometer serias disfunciones en el tratamiento y difusión de la noticia; lejos de orientar y hacer docencia, se convierten inocentemente en aliados gratuitos de la delincuencia común y organizada al privilegiar declaraciones en entrevistas de jefes de pandillas y delincuentes de cuello blanco, método que no compartimos toda vez que quienes salen fortalecidos, son los entrevistados ya que al salir en televisión su imagen se jerarquiza y se consolida.
El caso más notorio lo representa la audacia de un canal de televisión panameño, al enviar a una de sus reporteras a entrevistar al colombiano David Murcia, a una de las cárceles colombianas donde se encuentra recluido por sus acciones al margen de la ley en su natal Colombia y luego en Panamá.
Desde el punto de vista de la actividad reporteril la asignación puede parecer lícita, pero desde una visión ética y moral, la acción es condenable y poco pertinente; aunque la justicia esté más interesada en demostrar su inocencia, al igual que cuando se comete un asesinato los tribunales están más interesados en favorecer la inocencia del culpable que en resarcir el dolor de los familiares y amigos de la víctima, el señor Murcia es un delincuente de cuello blanco que poco o nada puede aportar al desarrollo óptimo de los valores morales y la democracia en Panamá.
Sus declaraciones están cargadas de odio, sus pretensiones de convertirse en el Bill Gates latino se derrumbaron, sus reacciones atribuyendo supuestos contactos con personas cercanas a líderes políticos panameños no pueden tomarse como referentes de una persona que languidece en una de las mazmorras colombianas, por actividades que ni él mismo puede explicar ni explicará jamás. Su salida es recurrir al chantaje y la amenaza, amagos propios de la mafia.
Los favorecidos con las declaraciones de Murcia saltan en un pie, un transgresor de las leyes colombianas y panameñas no solo tiene la habilidad para maquillar informes financieros y mimetizar guarismos, sino que también posee facultades para hacerle creer a algunos políticos panameños que él tiene la verdad absoluta. Vivimos en una sociedad que denigra la condición del hombre, la mediatiza, la empequeñece; la actividad política pareciera ser el vínculo ideal para el desarrollo de los bajos instintos.
* Ciudadano panameño. fdemen@yahoo.es
Murcia es un delincuente de cuello blanco que poco o nada puede aportar al desarrollo de la democracia...”