LA BATALLA POR EL TERRAPLÉN
Los desplazados del progreso
03-04-2009 | UNIDAD INVESTIGATIVA
Relegarán a buhoneros para sanear bahía. Ellos piden plata
Portada PANAMÁ. La calle del Terraplén es hoy tan solo el tramo que conecta la Avenida Balboa con el Casco Viejo. Con los años, los transeúntes han olvidado —y muchos ni siquiera lo saben— que en tiempos gloriosos que no volverán ésta fue la vía principal del comercio.
Un sitio de compra y venta, como pocos, donde el aroma a verduras y frijoles frescos coqueteaba y se hacía uno con el olor a la sal de la bahía.
Del antaño dorado sólo restan los recuerdos míticos de los 20 comerciantes que aún, desde sus casetitas viejas de madera, esperan y ruegan —durante ocho horas diarias— que algún cliente pase y se interese en los tesoros que ofrecen: sacos de carbón, quemadores, piezas de licuadoras, parrillas, jaulas de pájaros, tornillos y cuanto repuesto usado o de paquete se requiera.
Pronto, en la calle del Terraplén no quedará ni eso. Estos vendedores serán sacrificados en aras del Proyecto de Saneamiento de la Bahía de Panamá, que prevé imponer una tubería colectora —ver recuadro— ahí donde funciona su vetusto mercado desde hace más de 40 años, en esa angosta acera frente al mar.
“Las cosas ya no son como antes”, se lamenta Alcides López, sin entender muy bien porqué el progreso atenta contra su negocio de venta de inofensivas jaulas para pericos.
En un día bueno para este panameño —que trabaja en el Terraplén desde hace 45 años— logra llevar a casa 20 dólares; y en una jornada para olvidar regresa a su hogar en Las Cumbres con los bolsillos vacíos y el corazón lleno de esperanzas de un futuro mejor.
Se consuela, pero no confía ni en su propio aliento, pues siente que los cambios no son para mejor. Por una bahía limpia —a un costo de 360 millones de dólares— él y sus compañeros serán desplazados a otra calle muy cercana, pero sin vista al mar, en donde, según intuyen, las ganancias, que ya son pocas, serán más tristes que nunca.
“Yo no me moveré hasta que ya no quede nada. Si no demuelen no me voy a cruzar”, amenazó Julio Rivera, que con 61 años y tres nietos por quienes velar ofrece sacos de carbón por cuatro dólares con cincuenta centavos.
La Oficina del Casco Antiguo es el ente que media entre los encargados del proyecto —los ministerios de Salud y Obras Públicas— y los afectados.
La solución que ofrecen es construir flamantes cubículos para los 20 héroes olvidados del Terraplén, ahora de metal y a un costo de mil dólares cada uno.
De esos ya hay 12 instalados en la nueva sede, pero nadie los quiere. “Eso lo voy a coger de depósito”, se envalentona al anunciar el férreo Julio Rivera.
Otros han escuchado hablar del remedio, pero no lo han probado. Tal es el caso de Félix Saviola, otro de los vendedores, que asegura que nadie le ha echado el cuento de los puestos nuevos, que jamás escuchó tal ofrecimiento. Sabe, sí, de amenazas varias; pues cuenta que el viernes de Carnaval los funcionarios del Casco Antiguo dijeron, al pasar, que vendría la fuerza de antimotines a sacarlos si no se iban por las buenas.
Todo esto lo cuenta mientras mira el sorteo de la lotería por una televisión vieja en blanco y negro. “Ay.. no gané nada”.
El puesto de Saviola es un monumento al tiempo por partida doble. La mercancía que ofrece, regada por ahí y por allá en afrenta directa al buen orden, son electrodomésticos usados de modelos que ya no se consiguen en ningún lado. Y, como si fuera poco, el negocio se lo heredó su suegro hace 15 años atrás.
En el fondo, junto a su preocupación por el sustento, estos personajes defienden las postales de una ciudad de Panamá que ya se fue y ni se dieron cuenta; y se aferran a lo único que han hecho por años.
Son figuras de otro tiempo y se sienten desprotegidos. Pero no son ingenuos. La semana pasada oyeron que el desalojo era inminente, y más rápido que ligero llamaron a un medio de TV local para armar un zaperoco.
Y lo lograron. Aún siguen ahí y en pie de guerra. Y con su lucha pretenden lograr hasta una indemnización. Pero.. no saben cuánto tiempo más aguantará la gesta. Los trabajos para instalar la tubería están atrasados y los del bando contrario desean que partan cuanto antes. Incluso temen que de noche, mientras todos duermen, las autoridades aprovechen para retirarle los bártulos.
Y en esa angustia sus vidas siguen, pero el progreso no acaricia sus lares.
No nos están indemnizando porque el progreso no abarca a la masa pobre”
FÉLIX SABIOLA
VENDEDOR DEL TERRAPLÉN
BAHÍA SANA
El proyecto del Saneamiento de la Bahía tiene un costo de 360 millones de dólares en su primera fase.
En septiembre de 2006 se dio inicio al desarrollo de la obra.
Las tuberías colectoras son las que se conectan con el sistema interceptor y luego con la planta de tratamiento de aguas negras.
Se calcula que el proyecto estará terminado en el 2012.
El saneamiento va de la mano con la Cinta Costera.