La sociedad de mercado y el éxito individual

04-11-2009 | FEDERICO J. G. TEJADA

Opinión Soy un crítico del sistema que explota al ser humano hasta sacarles sus últimas gotas de vida, una sociedad donde no pueden resolver sus más apremiantes necesidades ni surgir como un ser de éxito, sin embargo, siempre existen uno que otros que en base a sus denodados esfuerzos logran romper las cadenas de la pobreza.

Dentro de la propaganda descalificadora contra la ingeniera Balbina Herrera una señala que siendo funcionaria pública nunca debió tener el recurso o la prestancia económica que hoy la acompaña. Se arropa con el mensaje a todos los funcionarios públicos.

Conozco a muchos funcionarios que alternan sus labores con pequeños negocios, en muchos casos familiares.

En otras palabras, ¿no es esto la sociedad de mercado? donde vender un producto o servicio se hace para recibir a cambio dinero (dinero—mercancía—dinero) que más tarde pueda volver a invertir para recibir más dinero por ello.

A pesar de que los ejemplos son pocos, porque la mayoría nunca podrá salir del círculo de la pobreza, la verdad es que sí existen los que logran superar los obstáculos y propiciar un mejor estadio de vida en su entorno.

Ejemplo a seguir, máxime cuando la destacada es una mujer como la ingeniera Balbina Herrera Araúz, perteneciente precisamente al género que ha sido relegado y condenado a no superarse.

El mensaje descalificador es constante dado el alto recurso invertido en donde muestran la gestión pública como un nicho de corrupción, una realidad, pero a medias sin mencionar al empresario que promueve la misma.

Cuántos funcionarios han sido detectados cuando el empresario ofrece recursos económicos para facilitarle determinado expediente o la corrupción imperante en la esfera privada verbigracia las quiebras fraudulentas, especulaciones en los precios de los productos de consumo masivo o servicios, entre otros.

Fieles discípulos de Joseph Goebbles venden la idea de que es negativo hacer dinero como funcionario público que aspirar a buscar otras entradas económicas, tal como lo hacen a diario cientos de empresarios que no sólo comercian con el Estado, sino en todo el orden de la vida.

Así, en forma reiterada pautadas a cualquier hora y momento, como una gota que orada la piedra, se muestran falacias como si fueran verdades para influir en la opinión del electorado desprevenido de las verdaderas intenciones que subyace en el mensaje.

Enfrentamos una propaganda clasista, en donde el “hombre blanco” que corre es deportista, mientras que el “hombre negro” o de color que corre es delincuente.

Se intenta ocultar la realidad de quién es el culpable del alto costo de la vida o la delincuencia.

El problema es el sistema que hoy está en entre dicho, donde la inequidad y la falta de oportunidades, sobre todo la existencia de un sector de la clase empresarial reacia a elevar los salarios de sus trabajadores para paliar la asonada alcista de los productos que ellos ofertan a la comunidad.

Hay que abogar por un capitalismo más centrado en el ser humano, donde el empresario reparta las ganancias de su empresa en forma equitativa y él o ella perciban lo justo por su capital y el trabajador también por su trabajo.

-El autor es periodista.Federicojoseguillermo@yahoo.com

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