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Gripe porcina y globalización
La enfermedad que nos tiene como rehenes en México ha dejado expuesto el lado oscuro de la globalización
LAURA CARLSEN
lcarlsen@cipoline.org En las calles de la Ciudad de México sólo se escuchan los sonidos del silencio. Poca gente se atreve a no acatar las recomendaciones del gobierno de quedarse en casa estos cinco días entre el 1 y 5 de mayo. Los que lo hacen llevan puestas sus tapabocas. El contacto social está prácticamente prohibido. Una tos en un lugar público se equipara con un asalto.
Así están las cosas en el país epicentro de la epidemia, casi pandemia, de A/H1N1. Esta nueva cepa de influenza es altamente contagiosa humano a humano. En México existe una gran confusión con las estadísticas, pero se reportan unos 16 muertos hasta la fecha confirmados. Su aparición en México ha cambiado la vida cotidiana en todo el país y sobretodo aquí en la capital. Han surgido un sinfín de preguntas y cuestionamientos sobre el origen de la enfermedad, el sistema de salud mexicano, el manejo de la crisis por el gobierno federal y las autoridades internacionales, y sus vínculos con el modelo neoliberal. Por los extremos, existen las teorías de conspiración (la epidemia es una mentira del gobierno para manipularnos, la cepa surgió de los laboratorios de bioguerra, etc.) por un lado, y la complacencia y negación (aquí todo está bien) por otro. Sin embargo, la gran mayoría de las preguntas apuntan a una sola: ¿Cómo podemos garantizar la salud y evitar que vuelva a pasar? La H1N1 antes fue llamada “influenza porcina”. No es un término incorrecto. Esta influenza es una mutación de la influenza porcina, aviar y humana que tiene su origen en los puercos. La decisión de la Organización Mundial de Salud de cambiar la terminología refleja el poder de las grandes empresas trasnacionales de producción de carne. Cuando se hizo público la epidemia de “influenza porcina” sus acciones en la bolsa y sus ventas de carne de cerdo bajaron. De hecho, el consumo de carne de puerco no trae riesgos, ya que la enfermedad se contrae por medio de secreciones humanas: tos, estornudos, y virus llevado en las manos. Sin embargo, una empresa porcícola está ahora bajo la lupa porque el primero caso comprobado del nuevo virus fue encontrado en La Gloria, un pueblito ubicado cerca de las instalaciones de Granjas Carroll, una empresa que produjo 950 mil puercos en 2008. La empresa es parte de la red internacional de producción, procesamiento y distribución de carne de puerco más grande del mundo, Smithfield Foods. El mismo año en que el Tratado de libre Comercio de Norteamérica (NAFTA) facilitó las condiciones de traslado de producción a México, Smithfield estableció sus operaciones en Perote, Veracruz. Estaba enfrentado varios juicios legales en Estados Unidos por demandas de violación de normas ambientales y de salud. Desde hace muchos años los residentes de La Gloria se quejan del olor y de enfermedades extrañas. Empezando en enero de este año, surge un brote de enfermedades respiratorias agudas que llevó a la muerte de dos menores y afectó a 60% de la población, la mayoría mujeres. A pesar de avisar a las autoridades de salud, no hubo respuesta inmediata y ninguno fue diagnosticado con influenza. Tanto la empresa como el gobierno federal se apremian a desasociar a la empresa del brote de influenza. Pero la comunidad y el gobernador del estado de Veracruz han solicitado una investigación independiente. Es demasiada casualidad como para descartar la posibilidad de que el primer caso de una influenza con origen porcina no fuera relacionado con los miles de puercos que viven justo al lado de la víctima. Es posible que por falta de tecnología y conocimiento científico, por encubrimiento, o por el poder político y económico de la empresa nunca sepamos si existe o no el vínculo entre Smithfield y H1N1. Sin embargo, la enfermedad que nos tiene como rehenes en nuestra propia ciudad ha dejado expuesto el lado oscuro de la globalización estilo NAFTA. Los tratados de libre comercio promueven un proceso en que las empresas buscan evitar estrictos normas ambientales, laborales y de salud trasladando su producción a países en vías de desarrollo. Las comunidades en EEUU cada vez están menos dispuestos a aguantar las condiciones que generan las lagunas de desechos a cielo abierto de Smithfield. Cuando se toma en consideración otros factores impuestos por el TLC como el monopolio por patentes que obstaculiza el acceso a medicamentos, la privatización de servicios de salud que ha desmantelado el sistema nacional, la falta de transferencia de tecnología, y el estancamiento de la investigación estatal se entiende porque esta epidemia se conoce como “el NAFTA flu”. Publicidad
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