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Del Directorio Nacional
RAMIRO VÁSQUEZ CH.*
Acaba de culminar un esfuerzo del aparato del PRD por tratar de superar su crisis y recuperar el ritmo de marcha que en el pasado significó grandes esperanzas para el pueblo panameño.
Creo que es todo lo que se podía ofrecer y lo menos que se podía lograr. Debemos recordar que éste esfuerzo se promueve dentro de un aparato de 300 directores designados en enero del 2008 y que refleja la composición de fuerzas de las corrientes que en aquel momento, escenificaron una absurda lucha por el control de sus organismos de dirección. Lucha que también determinó las primarias para escoger los candidatos hacia las elecciones de mayo y que luego afectó de manera determinante la campaña electoral. Aunque los dirigentes de esas corrientes ya no encabezan la lista de miembros de su dirección nacional, no quiere decir esto que han perdido su ingerencia y que tratan todavía de incidir en los acontecimientos a través de alguno de los actuales electos. Pero a la luz de los hechos, esta dirección transitoria, tiene en sus manos, una responsabilidad de gran envergadura. Mucho va a depender de cómo maneje el restablecimiento de una política de democratización en donde no existan exclusiones ni los caprichos y, mucho menos, la avaricia por el control egoísta de su aparato. No es una dirección fuerte ni permanente. Su papel ya fue definido previamente. Esto la obliga a manejarse dentro de un complejo juego de consensos entre ellos. Encuentran un Partido con graves traumas, lleno de desconfianza, pero que mantiene sus expectativas sobre las formas que se van a usar para retomar el camino de las oportunidades y de la participación de toda su membresía. Están obligados a respetar los acuerdos de su Directorio del 28 de junio y realizar un Congreso para las reformas a los estatutos y luego un Congreso para la renovación de sus organismo de Dirección en el primer trimestre del 2010. El Directorio les fijó un termino de un año para cumplir ese mandato. La importancia de este Directorio estriba en el hecho fundamental de que se reemplazó una dirección agotada, altamente cuestionada ante la opinión pública y que durante años impidieron el desarrollo de una auténtica política de formación de sus cuadros sustituyéndola por manejos de premios por favores. Fue una decisión de sobrevivencia. El caso de “ la Carcaño ” no tiene por qué asombrar a nadie. Ella es hija de la crisis. La pérdida de las referencias ideológicas y programáticas, ocasionadas por la política clientelar, ha reducido el sentido de compromiso dentro de los cuadros del Partido. No hay en qué creer ni a quién seguir. La conciencia de Partido es sustituida por el interés personal. Sencillamente tú actúas con un sentido primario de sobrevivencia, tanto para ti como para tu familia. Una parte de ellos piensan que no hay nada por lo cual sacrificarse. En el caso de Balbina, es quizás el último esfuerzo de lo absurdo y lo ridículo. Es la resistencia del pasado a permitir que brote lo nuevo, lo que reemplaza, lo que sustituye. Una demostración del final de una oscura década y la posibilidad de abrir un nuevo camino que retome la senda del Torrijismo. La despolitización del Partido ha facilitado que afloren formas de pensar y conducirse muy del día a día. Esto del Directorio no es la solución final, pero sí un primer paso. Lo que viene ahora, es trabajo, sacrificio y sufrimiento. Lo importante es que hay una posibilidad de salir del túnel, de la crisis, de la desesperanza. Todo depende ahora del esfuerzo colectivo y del compromiso de todos. *Miembro del PRD.rvasquezch@cwpanama.net Publicidad
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