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Durante los dos primeros años del infante
JUAN R. MORALES*
Como expresara la Licenciada Geraldine Emiliani, la personalidad inicia su formación pasados los dos años; toca enfocar ahora la importancia que tiene en la vida del infante los dos primeros años de existencia.
Desde mi perspectiva, durante los dos primeros años, el infante incursiona en un mundo de descubrimientos y aprendizajes. Descubre sus manos, conoce a sus padres, aprende a hablar, descubre que el llanto es el medio para anunciar que tiene hambre, pero también a manipular, si no se le corrige desde la cuna, corregir no maltratar, etc. Pero, al punto al que quiero llegar respecto al llanto para evitar males, es que cuando el infante no recibe la atención que necesita, cuando le dice con su llanto a su madre: “ mamá, tengo hambre” y se le deja llorar sin ser atendido, como un acto de verdadera irresponsabilidad, entonces ese llanto, que es un llamado a su madre, se convierte en algo irritante, malhumor y se inicia en el niño una etapa de daño inevitable. Así como en lo tocante al llanto existen otros aspectos en la vida del niño que le dañan el carácter. Esto debe evitarse. El niño necesita de estímulos sensoriales y el descubrir que no los recibe contribuye a un cambio en su carácter y a la postre en su personalidad al momento de iniciarse esta. Es importante que el niño sienta afecto a través de la palabra de sus padres, de caricias, de besos, sonrisas, objeto de juegos, en fin de todo cuanto pueda representar para el infante afecto. Si durante los dos primeros años el infante no es atendido como corresponde hasta llegar a la edad de la formación de la personalidad, entonces llegamos a la lamentable situación de una personalidad desorientada, con problemas de conducta. En verdad, muchas veces corresponde a manipulaciones del infante que degeneran en todas las distorsiones que señaló la Lic. Emiliani, que debemos corregir aprendiendo cómo hacerlo, pero también existe en forma muy generalizada que estas distorsiones surgen como consecuencia de la desatención de la madre, del padre o de la persona que contrataron para atender al infante y aquí surge con mucha frecuencia el maltrato, la desatención, el menosprecio que las domésticas ofrecen a los infantes y que lo conducen también a la distorsión de su personalidad, perpetrándose daños que podrían ser irreparables para los años subsiguientes. Este análisis nos conduce nuevamente al planteamiento original, es urgente la creación de la Escuela de Docencia Familiar, que debe incluir a las domésticas contratadas para tal efecto, que deben recibir el Certificado de Acreditación para que se les pueda contratar en los menesteres que hemos expresado. Así son las cosas. *Empresario.juramor777@hotmail.com Publicidad
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