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Gremialismo
Nos encantan las manadas
El hombre es un animal grupal. El grupo, la manada, la familia, la pandilla o la mara nos dan seguridad. El 'nosotros contra ellos' nos ha permitido sobrevivir a pesar de ser un bichejo más bien enclenque y sin mucho de que presumir. Todo esto viene a que estas últimas semanas he recibido las primeras quejas de un gremio. Habiendo tirado piedras a unos cuantos, ya me parecía raro que ninguno de ellos hubiera pitado. La frase en cuestión fue "bípedos infames vestidos de blanco" y claro, las (y los, no sea que también salten los y las igualitari@s) enfermeras comenzaron su cantaleta: que si la vocación de servicio, que si la entrega, que si el sacrificio.
Me encantó porque estas quejas van a permitirme tocar un tema que me está reconcomiendo desde hace tiempo: la defensa a ultranza que algunos hacen de los pertenecientes a su misma profesión, grupo o manada a mi me suena a “escondámonos todos entre todos y así será más difícil encontrar lo malo”. Igual que las rayas en las cebras, las críticas y las culpas se diluyen ante ese grupo compacto donde es muy difícil lograr separar el individuo de la colectividad. La Iglesia católica ha sido una experta en hacer precisamente eso desde el principio, lo que se haga queda entre nosotros, aquí juzgamos y perdonamos y cubrimos con un tupido velo a los nuestros. Pero esa manía ya se ha extendido y ha adquirido tintes de cáncer social. Ahora no puedes criticar a nadie. Nadie duda de que las enfermeras hagan una excelente labor, en general. Nadie duda de que, en general, son buenas personas, abnegadas y competentes. Pero cuidado, tampoco queramos negar que haya verdaderos malos bichos en la profesión. A pesar de que los médicos salvan vidas también matan gente por error o por negligencia. No por militar en mi mismo partido político ese tipo ha de ser honrado. Aunque sea arquitecto como yo, el otro no deja de ser un corrupto. Con este afán actual de estar a bien con Dios y con el Diablo, de ser políticamente correcto y no ofender ya no se puede criticar a nadie, si dices algo de un camarero, por grosero y desagradable, te salta encima el gremio diciendo que ellos son las víctimas porque hay clientes insoportables. Si hablas de un periodista por coimero y tergiversador, te salta encima la prensa completa diciendo ‘es malo pero es nuestro’. Ni se te ocurra acercarte a criticar a alguien cuyo tono de piel suba un par de tonos, porque puede ser un asesino y un sinvergüenza, pero enseguida te saltan encima todos sus compañeros acusándote de racista. Últimamente, con este afán de cuidarnos las espaldas entre todos, no se puede decir nada de nadie porque siempre hay alguien que se siente cercano al ofendido y piensa en el ‘hoy por ti y mañana por mí’. Que sí, que todos somos humanos y los humanos cometemos errores, pues si, pues entonces aceptémoslo y no nos protejamos unos a los otros solo por tener el mismo titulo universitario colgado en la pared, o ser del mismo sexo, o por tener el mismo color de piel. ¿O es que porque haya conductores de autobús honrados, serios y buena gente vamos a salvar a los drogadictos, borrachos y homicidas? Yo soy mujer, pero no dejo de reconocer que hay algunas representantes de mi género que son unas auténticas cafres, brutas, deshonestas y desagradables. Y no por ser mujeres, sino por ser malas personas. ¿Eso me afecta a mí como mujer? Pues no, y no pienso defenderlas solo porque son mujeres. Si la sociedad empezara a aceptar los errores y a reconocer la responsabilidad individual por los mismos; si todos fuéramos más valientes, asumiéramos las consecuencias de nuestros actos y obligáramos a que cada palo aguantara su vela, estaríamos en el camino de construir un mejor país. Así que en vez de atacar al mensajero que dice la verdad a la cara, miren a ver si limpian su casa, que gente estúpida y tarada hay en todos los gremios. Publicidad
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