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CULTURA DEL VINO EN PANAMÁ
El placer de una buena compañía
![]() Poco a poco, el panameño está aprendiendo a disfrutar de la compañía del vino a todas horas. La amplia oferta en el mercado permite que los más exigentes paladares se sientan agasajados y que la variada gastronomía local sea complementada.
POR DARMA L. ZAMBRANA
dzambrana@laestrella.com.pa “La cultura del vino en Panamá se puede comparar con un adolescente: ya pasó la infancia pero aún le falta crecer”, así define la afición panameña por esta bebida Fernando Motta, gerente general de Felipe Motta, empresa que por noveno año consecutivo auspició la Gran Feria de Vinos en la cual 30 reconocidas bodegas de todo el mundo ofrecieron sus marcas.
En coincidencia, el representante regional de la bodega española La Rioja Alta, Rafael Momeñe considera que la cultura del vino está creciendo en Panamá y que el panameño “se está dando cuenta de que es un gran acompañante para cenar. Una vez que la gente entra en el vino no quiere salir”, dice este especialista que tiene muchos años visitando el mercado local. Pese a la gran influencia cultural foránea que Panamá ha recibido desde su nacimiento como estado, por la presencia de distintos grupos de migrantes, hace apenas una década se ha despertado en el panameño el gusto por el vino. “Hace diez años no se veían vinos en ninguna mesa, ni en casas ni en restaurantes” comenta Motta, “hoy en casi todas”. Esto, a su juicio, es una cuestión de tendencias. “El panameño va viajando, leyendo y aprendiendo y está descubriendo el placer del vino sobre todo con las comidas”, agrega. Aunque parece un poco contradictorio, por el clima y el tipo de gastronomía predominante, el vino preferido por los panameños es el tinto. Tradicionalmente en los lugares cálidos se toma vino blanco o rosado, bien fríos, que son más refrescantes, en cambio el tinto aumenta el calor corporal. Sin embargo la tendencia en el crecimiento del consumo de vinos es de 3 a 1, es decir el tinto se consume tres veces más que el blanco. Para Motta quizás se explique por el uso de aire acondicionado en todos los restaurantes y en muchos hogares panameños. Y aunque por ahora la mayoría de los panameños sigue prefiriendo la cerveza por encima del vino para celebrar cualquier acontecimiento, esto no ha desanimado a las bodegas de distintas partes del mundo, que siguen intentando convencer al paladar istmeño trayendo cada año nuevas propuestas y manteniendo aquellas ya conocidas. Entre las novedades, la bodega “Pisano” de Uruguay acaba de aterrizar en territorio panameño con una interesante propuesta que incluye, según su gerente de exportaciones Fabiana Bracco, “un vino orgásmico” el Etxe Oneko o Licor de Tannat, un vino dulce pero no empalagoso, especial para postres. Uruguay tiene una importante tradición vinícola, poco conocida en Panamá, y actualmente Pisano es una de las más prestigiosas bodegas uruguayas y una de las 30 que exporta, mientras que las restantes 256 que hay en el país sólo producen vino para el mercado local. Siguiendo en el Río de la Plata, otra bodega de reciente introducción es “Dominio del Plata” de Luján de Cuyo, Argentina. De acuerdo con su representante, Sebastián González, esta bodega tiene apenas un año en Panamá y con ocasión de la feria presentó tres vinos Críos (Torrontés, Malbec y Cabernet Sauvignon) y dos Susana Balbo (Malbec y Brioso). Pedro Marchevsky, viticultor y Susana Balbo, enóloga, son los artífices detrás de esta casa que ha tenido un crecimiento asombroso desde su creación en 1999, pasando de estar presente en solo dos mercados extranjeros en ese entonces a 30 hoy en día. “Altos de las Hormigas” es otra de las bodegas argentinas, presente en Panamá desde 2004, que cuenta entre sus enólogos a Alberto Antonini, un reconocido experto que asesora a más de 200 bodegas en el mundo. Su gerente de mercadeo, Estefanía Litardo, cree que en Panamá ha habido una apertura del mercado del vino debido al turismo. “En el sur se dice que Panamá es una nueva Miami”, dice Estefanía.“El consumo del vino aumenta por el turismo que contagia al panameño a la hora de comer. Es un efecto social, el vino es el causante de que la gente se reúna y salga”, agrega. El más vendido de sus vinos es el Malbec pero el más buscado es el Reserva Malbec. De un poco más lejos, la española “Trus” es una bodega familiar que acaba de debutar en Panamá con un solo vino, 100% tempranillo. Macerado en barricas de roble francés, es muy apreciado por los panameños porque puede acompañar a cualquier gastronomía. Es un vino para todos los paladares porque aunque es complejo es muy suave, según su gerente de mercadeo y exportación, Cristina Rodriguez. La bodega nació con la filosofía de crear un vino único, un tinto reserva de autor y de gran calidad en la Ribera del Duero, con una producción anual de 50 mil botellas, la mitad de ellas para exportación. Otro productor español llegado hace apenas un año a Panamá es “Castillo Perelada” que trae el Priorat Solanes 2004, un vino que puede encontrarse en todos los restaurantes de la Guía Michelín en el mundo, y el Cims de Porrera 2005, ambos de producción limitada. “Castillo Perelada” elabora vinos desde la Edad Media, es proveedor de la familia real española y produce grandes vinos cuya cosecha y selección de la uva se hace a mano. Según su gerente de exportaciones, Patrice Lesclaux, en el castillo construído en las cercanías de Barcelona en el siglo XIV, también existe un museo del vino y un museo de copas de vino con giras turísticas. Bodegas de treinta países en total, nueve más que el año pasado, estuvieron presentes en este encuentro. Algunas simplemente para refrescar su oferta ya presente en Panamá hace años como Trapiche y Trivento de Argentina, Beringer y Constellation de California, Concha y Toro de Chile, Calvet de Francia y Banfi de Italia, entre otras. Y otras para introducir sus nuevas propuestas con las cuales esperan conquistar el gusto cada vez más exquisito de los panameños. Publicidad
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