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Peruano, panameño y muy humano
Es un placer escribir sobre san Martín de Porres, y le agradezco a Dios esta oportunidad de decir algo sobre este ilustre hijo del Perú, nacido de padre noble español, que fue gobernador de Panamá, y de una negra liberta panameña llamada Ana Velázquez.
Sin dejar de ser peruano, por su color moreno y su sangre materna los panameños lo sentimos muy nuestro también, y qué curioso, el Señor lo llamó a su gloria un 3 noviembre, fecha que se convertiría nuestra efeméride patria. En todo caso, este servidor de Dios, primer negro canonizado de América, es un orgullo de nuestra herencia cristiana y colonial. En realidad en él se revela lo mejor del espíritu de su época. No podría ser de otro modo. El Perú del siglo XVI estaba cargado de misticismo. En él la religión rezumaba sus cotas más elevadas y la misma época daría otras luces como santa Rosa de Lima o el famoso obispo santo Toribio de Mogrovejo. ¿Pero qué hizo especial a san Martín? Precisamente en el marco de otro aniversario —el 370°— de su muerte, se celebrará este lunes 9 de noviembre, en Lima, un conversatorio presentado por Radio Santa Rosa, la provincia dominica del Perú y la Universidad Católica Sedes Sapientie titulado “San Martín de Porres: ícono de la humanidad” que tiene por fin mostrar como el fraile dominico alcanzó la santidad por medio de la plena realización de sus cualidades profundamente humanas. Según leo el conversatorio “abordará los aspectos médico, social, cultural y afroperuano del santo mulato”. ¿Por qué cautiva san Martín? Precisamente por su humanidad, por su amor a su prójimo, por su espíritu de servicio. Recordemos que aprendió el oficio de boticario, lo que le permitió atender con hierbas y remedios a las personas enfermas, y que también fue aprendiz de barbero. Se hizo miembro de un convento y allí, además extrajo muelas. Un barbero podría también practicar algunas cirugías pequeñas. Martín no solo sirve a los frailes que con él conviven, sino a los necesitados que llegan buscando sus servicios. Era el enfermero comunitario de pobres y enfermos. Tenía tal don de gentes que lo buscaban no solo los indigentes, sino también los ricos y autoridades de la ciudad de los Reyes. Cuidó de las personas y de los animales y mostró siempre una gran humildad. No obstante todas sus virtudes y sus grandes cualides humanas supongo que fue esa sencillez, esa humildad suya, lo que más le atrajo el favor divino y le convirtió en el gran místico que fue. Martín es un ejemplo de que haciendo todo por amor a Dios se puede lograr una plenitud en lo humano y lo cristiano. Y se logra ese acceso misterioso hacia el que es Santísimo, acceso que los “sabios” de este mundo se la pasan buscando sin hallar nunca, porque no se apean del potro de su arrogancia. Le ponen a Dios condiciones que Martín nunca le puso. El solo se limitó a amar cada vez más y mejor. *Filósofo e historiadorjordi1427@yahoo.com.mx Publicidad
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