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LUCHA CONTRA EL CRIMEN
Militares no lograron frenar los asesinatos
Foto: Archivo/La Estrella /Camilo Jipsion ![]() En mayo del 2008 y por recomendación del ex ministro Delgado Diamante, Jaime Ruiz asume el control de la Policía Nacional. Los críticas de la sociedad civil no fueron escuchadas
MIGUEL ÁNGEL CALDERÓN
mcalderon@laestrella.com.pa PANAMÁ. La estrategia imponía un cambio en el modelo de conducción del principal estamento de seguridad nacional, frente a un aumento importante de la criminalidad en Panamá en los últimos dos lustros.
Corría el mes de mayo del 2008 y en la administración de Martín Torrijos había que nombrar un reemplazo al abogado Rolando Mirones en la dirección general de la Policía Nacional (el último jefe civil). Su dimisión se dio en medio de pugnas surgidas al calor de las “diferencias de estilo” con el nuevo ministro de Gobierno y Justicia, Daniel Delgado Diamante, un militar que alcanzó el grado de teniente coronel en el proscrito ejército de Manuel Antonio Noriega, y que, en teoría, era superior jerárquico de Mirones. Hasta ese momento Rolando Mirones reportaba las novedades sin intermediarios al presidente Torrijos; y discutía con “el número uno” la política de seguridad nacional. La llegada de Delgado Diamante al Gabinete supuso el final de su gestión. En todo caso, con Mirones, y pese a la inversión millonaria en equipo y pie de fuerza en la Policía, el crimen siguió en aumento. El nombre del comisionado Jaime Ruiz fue sacado de la chistera por Delgado Diamante como director encargado de la Policía Nacional, lo que originó las críticas de la llamada sociedad civil que miraba con espanto una inminente vuelta al militarismo. Las voces en contra fueron ignoradas. Con Jaime Ruiz la situación no varió. Al contrario, hubo un crecimiento sostenido en el conteo de las víctimas del crimen organizado, lo que obligó —unos meses después— un nuevo replanteamiento de la estrategia de seguridad. Los días de Ruiz al frente de la institución estaban contados. En noviembre del mismo 2008 asume el control de la PN, Francisco Troya con la misión de “combatir la delincuencia, frenar la fuga de policías y mejorar la imagen de la institución”. En esta oportunidad el gobierno de Torrijos dio un paso más allá y mediante unos cuestionados decretos modificó las leyes que regulaban los estamentos de seguridad y que asignaban en exclusividad a “civiles” el control de la Fuerza Pública. Por esos días Ricardo Martinelli era aspirante al solio presidencial y se convirtió en férreo crítico de la ineficacia de la Policía Nacional frente al aumento de la criminalidad. Para sorpresa de propios y extraños, cuando gana las elecciones de mayo del 2009 señala a un ex teniente de las Fuerzas Antiterror de las Fuerzas de Defensa como la persona que se encargaría de ejecutar su proyecto de seguridad nacional y la propuesta del “cambio” en estos asuntos. Ya han transcurrido siete meses desde aquel nombramiento y la tendencia al alza en la estadística de crímenes persiste. Publicidad
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