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Sanos rivales
![]() La competencia es parte de la naturaleza humana, pero mal llevada, puede ser un problema
L a rivalidad o la competencia va con el comportamiento humano, un poco por sobrevivencia y otro por prevalencia”, dice la psicóloga Lesbia González. Que una persona se enfrente a las demás, es normal, pero esto ocurre en particular con los mas cercanos, con la familia y sobre todo con los hermanos, pues son instintivamente ubicados como rivales pues a pesar de compartir gran parte de la vida, pueden ser un obstáculo (real o imaginario) en nuestra vida.
En principio este obstáculo puede ser sencillamente no tener la atención completa de los padres o familiares o pensar que los padres no están siendo justos en el trato con los hijos. “La competencia sana es muy positiva, porque nos orienta e impulsa a progresar, estudiar, mejorar, tratar en lo posible de logar objetivos pese a todo. Si esta competencia sucede entre hermanos, de manera sana, aporta deseos de superación, autoestima alta, salud mental, paz, aprendizajes significativos para la vida, nos prepara mejor para enfrentar retos y problemas en la vida y saber como superarlos”, afirma la psicóloga. No será la primera vez ni la última que un chico mejora sus calificaciones pues las suyas son más bajas que las del hermano. Pero si esta situación deja de ser sana, podría traducirse en una incapacidad para enfrentar retos y malas relaciones sociales. “La persona puede entender que se debe pelear con todo el mundo por lograr algo, creyendo que es su rival de manera negativa, nos lleva a confundir el camino trazado, en fin la mala rivalidad y especialmente entre hermanos no es saludable, es inadecuada para nuestra salud mental y paz”, añade. Usualmente la raíz del problema es el favoritismo de los padres por uno de los hijos, o la percepción de ese favoritismo, si este no existe. A veces los hijos tienen una percepción errada porque un hijo requiere más atención que el otro, o porque es más dependiente. “Los padres deben conocer a sus hijos en carácter y personalidad para tratarlos de la manera que requieran, para no hacer pensar que hay favoritos y de hecho no preferir un hijo sobre otro pues esto destruye la autoestima y al fin y al cabo todos son hijos”, comenta la especialista. Los padres deben además, evitar hacer comparaciones entre los hermanos, decir que uno u otro es mejor, que uno consiguió por un medio algo cuando el otro, que es diferente, podrá hacerlo de otra manera o simplemente tendrá otras metas u objetivos. En manos de los padres está el lograr que haya sana competencia entre hermanos. “Son los padres quienes deben establecer reglas, apartar las peleas inútiles, ser buenos árbitos buscando lo mejor de cada uno, orientándolos a ser mejores en lo que les guste, alentándolos cuando algo no les guste y les tome más tiempo, ser pacientes y amorosos. Eso se espera de un buen padre”, dice González. Así, cuando haya un conflicto, papá y mamá deben empezar por entender que ocurrió por cuenta de ambos, no tomar una decisión sin saber esto, deben decirles a los hijos de una forma que comprendan que aunque para ellos es muy importante la razón de la discusión, más importante es que son hermanos y que se necesitan mutuamente. Deben ayudarlos a buscar objetivos en común que los acerquen, dejando que mantengan sus diferencias. Este equilibrio les servirá mucho en la vida. Publicidad
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