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Nuestra ineptitud diplomática
La metida de pata de Martinelli muestra que estamos muy lejos de las grandes ligas en política internacional
ANGEL R. MARTINEZ
amartinez@laestrella.com.pa Las declaraciones del presidente en Israel han provocado una condena casi unánime, pero también han servido para sacar conclusiones acerca del rumbo que el Gobierno está dándole a la política exterior y de la capacidad de nuestros representantes para navegar las aguas del escenario internacional.
En Panamá, pocos han sabido leer correctamente el episodio. Varios “analistas” han opinado acerca del incidente, rechazando las declaraciones, entre otras cosas, porque “exponen al país al terrorismo”, lo cual distrae la atención y obvia el análisis autocrítico que este ejercicio de ineptitud diplomática reclama a gritos. La política exterior es el arte de los países importantes. Es lo que distingue a los niños de los hombres en la arena global. En este contexto, Panamá había mantenido una política marcada por una tradición de neutralidad. Bailábamos con Taiwán sin ofender a China, y nuestros presidentes viajaban de La Habana a Washington sin problemas. Curiosamente, la dejadez y la corrupción que caracteriza el sector público no había alcanzado a permear nuestro estatus internacional. Con el nuevo Gobierno, la situación cambió. Nada más tomar posesión, Martinelli se alió con Colombia y México. Ningún presidente de izquierda acudió a la inauguración del 1 de julio. Después vino el apoyo a Micheletti y a la elección de Lobo en Honduras, y se estableció así la línea antichavista que ha acompañado a Martinelli desde entonces, incluyendo lo ocurrido en Jerusalén. Es evidente que Panamá ha vuelto a las faldas de EEUU, en oposición al bloque izquierdista latinoamericano que apoyó a Zelaya y mantiene una amistosa relación con Irán, el némesis israelí. Poco después vendría la metida de pata y el revuelo mediático por el incidente. Pero el patrón es claro. Las declaraciones del presidente no son casualidad. El 26 de febrero Panamá fue uno de los siete países que votó en contra de una resolución de la ONU que presionaba a Israel a investigar las acusaciones del ′informe Goldstone′. El voto causó extrañeza, dada nuestra trayectoria en ese foro y porque se dio en plena crisis diplómatica por el supuesto asesinato por parte del Mossad —con pasaportes europeos de por medio— de un comandante de Hamas en Dubai. Pero las piezas encajaron al conocerse las conversaciones de nuestros diplomáticos con el ′lobby′ judío en Washington —considerado el segundo más poderoso en EEUU— para que ayude con la ratificación del TPC. Todos estos antecedentes eran conocidos por Martinelli y Varela al viajar a Israel: Panamá apostaba por la carta judía en Washington y pasaba a jugar un delicado ajedrez diplomático. Y a las primeras de cambio, la dejadez jugó una mala pasada. Que un presidente se retrate de esa manera frente al canciller del país es simplemente inaceptable. Pero lo que clama al cielo es que la experiencia en política exterior de nuestro canciller sea, para todos los efectos, nula. Mitchel Doens, secretario general del PRD, decía que las palabras del Presidente “quizás no pasaron por el filtro de Varela”. Pero, ¿qué es exactamente el ′filtro de Varela′? ¿El mismo que reparte embajadas y consulados como regalos de Navidad? Conociendo a nuestra clase política, ¿alguien se imagina algún miembro de nuestra delegación informándole a Martinelli que ese tipo de cosas simplemente no se pueden decir? La metida de pata de Martinelli, puesta en contexto, sirve para resaltar dos aspectos cruciales de nuestra política exterior. Primero, que es claro que Panamá ha decidido alinearse con EEUU e Israel en campo internacional. Para bien o para mal. Quizás el ′lobby′ judío efectivamente sirva para ratificar el TPC, o quizás haya pasaportes panameños involucrados la próxima vez que un enemigo de Israel aparezca misteriosamente muerto. De todos modos, es una decisión que cada Gobierno tiene derecho a hacer, independientemente de que uno esté de acuerdo con ella o no lo esté. Finalmente, que Panamá no tiene el nivel diplomático necesario para jugar ′Grandes Ligas′ internacionalmente. Salvo contadas excepciones, nuestra clase política no tiene la experiencia para ello. Quedó demostrado en Jerusalén, y también aquí con los ′analistas′ que intentaron contextualizar el incidente. El episodio israelí, en definitiva, invita a nuestros dirigentes y nuestra sociedad a ver que tenemos dos opciones: cerrar la boca y mantenernos ′neutrales′, o informarnos de lo que pasa en el mundo, para que algun día podamos aprender a jugar el ajedrez global. De lo contrario, episodios como éste se van a seguir repitiendo, con consecuencias que algun día pueden representar mucho más que otro presidente panameño haciendo un ridículo internacional. Publicidad
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