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ISLA SABOGA
Cuatro horas en la nueva perla del Pacífico panameño
![]() Los sabogueños tienen en la pesca su principal recurso económico. La isla se perfila como el nuevo emporio turístico y hotelero del Pacífico de Panamá. Sus aguas prístinas, sus sitios arqueológicos y la historia de su pueblo son su principal atractivo. ¿Desplazará a isla Contadora?
MARLENE TESTA
mtesta@laestrella.com.pa PANAMÁ. Una mañana radiante: el cielo despejado y el sol de verano eran los dueños del horizonte. El rugir de las olas de mar y la suave brisa se esparcían por la Calzada de Amador, en la ciudad de Panamá. Todo era perfecto para explorar una de las 39 islas que componen el encantador Archipiélago de las Perlas.
A las 10:00 de la mañana y con decenas de pasajeros a bordo, un moderno ferry zarpó del muelle de Amador con destino a la nueva perla del Pacífico de Panamá: Saboga. Durante la travesía, los viajeros se tomaban fotos entre ellos mismos, inquietos por llegar a la paradisiaca isla de 450 habitantes, reconocida por sus sitios arqueológicos, su diversidad biológica y una antigua iglesia que data del siglo XVIII. El viaje de ida demoró 45 minutos con la mar en calma. Durante el recorrido se puede apreciar las grandes embarcaciones de pesca, cruceros y yates que surcan las aguas panameñas. A las 10:45 a.m., el capitán del ferry Saboga - Contadora anunció por el altavoz el final de la travesía. Saboga, con sus 755 hectáreas de terrenos, preciosas playas y una deslumbrante historia de su pueblo, acogería en sus entrañas a 68 extraños visitantes. Una lancha recogió a los pasajeros de la embarcación para transportarlos hasta un paraíso escondido, la playa ‘El Encanto’, el primer punto del itinerario. Sus aguas prístinas rodeadas por un bosque frondoso y una edificación que da forma a un complejo turístico alojarían a los turistas por cuatro horas. Algunos se sentaron s broncearse con el sol tropical. Otro grupo prefirió un baño de playa y otros se adueñaron de la cancha de voleibol. Hubo quienes subieron a un bote salvavidas para navegar en las costas de ‘El Encanto’. Pero, los más curiosos decidieron explorar los 2,77 km2 de superficie de Saboga para contemplar su diversidad. La vegetación es abundante, pero la fauna parece escasear. En la orilla, sobre una inmensa roca, un grupo de pelícanos esperaba que la marea bajara para cazar peces para saciar su apetito. Sabiana Argüelles, una residente del pueblo, competía con las aves marinas. Ella, junto a sus nietos, esperaba también para pescar con un cubo algo para la cena de aquel día. ‘Así es la vida de nosotros los sabogueños día a día’, dice la señora de más de medio siglo de vida. En la arena, un cangrejo buscaba refugio en su madriguera. El resto de la fauna se escondió o tal vez simplemente se ha trasladado a otra isla. Argüelles piensa que el desarrollo turístico de la isla ha provocado que muchas especies migren a otros sitios. UN NUEVO EMPORIO El desarrollo de ‘El Encanto’ es el primer proyecto del Grupo Trump para impulsar el turismo en este lugar. Y es que Saboga —nombre que recibe del cacique indígena que gobernó el pueblo antes de la colonización en el año 1515 por Gaspar Morales y Francisco Pizarro— se perfila como el nuevo emporio turístico y hotelero del Archipiélago, lo que podría dejar a su hermana isla Contadora con un futuro un poco incierto. De hecho, un macroproyecto promueve cambiarle la cara. Se contempla la construcción de villas, un hotel, un muelle, mejorar el transporte, construir una pista de aterrizaje y hasta generar energía. Los inversionistas están convencidos de que Saboga se convertirá en el primer destino de Panamá. LA HISTORIA DEL PUEBLO La historia del pueblo de Saboga comenzó hace siglos atrás. Era habitado por indígenas dedicados a la pesca y a la agricultura de subsistencia, pero la ambición de los españoles por sacar las más preciosas perlas del archipiélago panameño los desplazó a otras tierras hasta casi desaparecer. Hoy, ni los indígenas ni los españoles habitan en la isla. En su lugar, están los descendientes de los negros esclavos que llegaron con los colonizadores. El pueblo está compuesto de hombres y mujeres de color que viven a la orillas del mar en casas de madera, en su mayoría, levantadas sobre pilotes para evitar las inundaciones. Gran parte de su gente se dedica a la pesca de subsistencia, pero otro grupo tiene que migrar hacia isla Contadora en busca de un empleo en algún hotel de ese lugar. Las oportunidades laborales en el pueblo son escasas. Pedro González, capitán de una embarcación, tiene esperanza de que el desarrollo turístico mejore la situación económica. Él marinero espera que los turistas lleguen con más frecuencia, que haya oportunidades para el pueblo en el hotel y en el restaurante que se construyen. Argüelles, por su parte, espera que no se les desplace de la tierra que los vio nacer. UNA ESPERANZA DE VIDA Para la mayoría de los sabogueños, el plan de turismo representa una esperanza para mejorar su calidad de vida. El pueblo de esta isla —en parte virgen y de una exuberante belleza— espera que la fortuna les sonría en los próximos diez años, cuando por se prevé se termine de construir todo el complejo hotelero del lugar. Publicidad
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