Temas Especiales

31 de May de 2020

Café Estrella

Ciudades visibilizadas en la producción artística

PANAMÁ. Boris Ciudad Real creció sin ver a sus abuelos y tíos. Recibía cartas y había llamadas telefónicas desde Austria y algún otro pu...

PANAMÁ. Boris Ciudad Real creció sin ver a sus abuelos y tíos. Recibía cartas y había llamadas telefónicas desde Austria y algún otro punto del mundo. Con el tiempo, estudió artes y comenzó a dar clases a niños en las escuelas. Por medio de esos dibujos vio que, 20 años después, comparten las mismas ausencias: padres que no están, que flotan en una hoja con trazos infantiles, la casa propia abandonada por la violencia, caras esfumadas. Hoy Boris pinta la migración de El Salvador de los desplazamientos.

Dann y Zavaleta supo cuando estaba en la Universidad estudiando Bellas Artes que muchos de los amigos que crecieron con él en Sopayango, un municipio de la capital salvadoreña, pertenecían a pandillas. Llamó a uno que lo introdujo y se transformó en un explorador de estas tribus que, más allá de los negocios, defienden el territorio propio y las señas de identidad. Danny escuchó, miró, anotó. Descifró el código, ese lenguaje con el que se comunican entre los miembros, y lo volvió arte. Identificó los símbolos, esos íconos cargados de sentido, y los reprodujo con técnicas mixtas.

Las obras de ambos pueden verse en la muestra ‘Espacios, situaciones y (de)construcciones’, junto a las de José Rodríguez, Mauricio Esquivel y Simón Vega. Ambos, también, estuvieron en la inauguración de esta exposición que montó Mirie de la Guardia en galería Allegro —y que no se puede dejar de visitar—.

CIUDAD-OBJETO

Allí, en la calle 73 de San Francisco, entre edificios modernos y promesas de progreso arquitectónico, Simón Vega desnuda la idea de avance urbano soportado en moles de cemento. Toma la ciudad como objeto y hace su crítica.

En su serie expresa la magnitud de la tragedia en la que intervienen conflictos políticos, sociales, económicos, climatológicos, humanos.

En otro rincón, la fuerza expresiva de Jesús Rodríguez. Y Mauricio Esquivel, un joven que ya experimentó con video, instalación y fotografía, y que en este caso trajo la propuesta ‘Eraser Home’, un registro fotográfico de borradores infantiles con forma de armas de guerra.

Allí también Mirie de la Guardia, quien recibe, agasaja y entiende que las problemáticas generadas por la industrialización a gran escala se reconocen como punto de partida del extenso y sostenido debate en torno a los conflictos que definen el mundo actual. Ella también es una exploradora de los márgenes, los visita y los invita a su coqueta galería.

Es que Mirie da talleres con niños y niñas de barrios como El Chorrillo. El resultado de la expulsión de dolores mediante el arte se ve en las paredes de su escritorio: la ciudad atestada de basura, las relaciones cargadas de violencia, la vivencia de un ambiente hostil, es lo que dibujan los niños.

Y allí también Boris y Danny, que pudieron viajar para la inauguración y además encabezaron un conversatorio.

EL ARTE TOCA

‘Después de los acuerdo de paz en El Salvador, las personas que fueron para la guerra regresaron con conocimientos de cómo formar una pandilla’, dice Danny Zavaleta sobre ese pedazo de la historia marcado a sangre por una guerra civil que duró 12 años (1980-1992).

Y cuenta que creció con eso, aunque entonces lo miraba de otra forma: ‘Quizás lo sentía mudo’. Pero esta nueva guerra, la de las pandillas de la exclusión y la lucha por la sobrevivencia y la identidad, la sintió diferente: ‘Cuando me zambullí me di cuenta de que había una riqueza gráfica enorme’.

‘Así es la sociedad en la que nosotros vivimos. Llena de violencia, de drogadicción, de abuso infantil’, cuenta Boris Ciudad Real mientras mira los cuadros colgados en una sala de Allegro.

La suya no es una obra que cause el dolor que causan las realidades que la inspiraron: es nostálgica, con el romanticismo de los primeros años, lo lúdico en los trazos, la mirada inocente sobre las cuestiones más duras.

La propuesta de Allegro es un viaje de inmersión. A cada paso el espectador recorre la historia de un país centroamericano atravesado por conflictos que son comunes a todos, a menor o mayor escala.

‘Espacios, situaciones y (de)construcciones’ es una muestra de la simbiosis entre arte y realidad. Una prueba de que los artistas no eligen el tema de su arte: el tema los elige a ellos.