La Estrella de Panamá
Panamá,25º

18 de Oct de 2019

Cuentos y poesía

Cuatro calles

Te escribo, por primera vez, temeroso. .

Cuatro calles

Te escribo, por primera vez, temeroso.

Siendo un estúpido sonrojado, callado por tu cercanía,

inspirado en la incipiente noche, en el más cobarde de mis latidos,

Tiembla mi mano y se acerca a la tuya haciendo un ademán de apenas saludo;

mis labios con ganas de acariciar tus dedos, mis ojos cautivos de tu mirada,

pierden mis sentidos, naufragan en las aguas de tus ojos.

Siento precisas mis palabras apenas para ofrendarte mis pasiones,

sin esperar una respuesta.

Quiero ser yo quien herede la propiedad de los campos florecientes

que viven en tus ideas, la causa de cada latido que permite tu caminar,

quien cada mañana te lleve café a la cama con una orquídea y un croissant.

Aquella mañana desayunando en el café de la vereda 78,

le regalaste a mis labios la más apasionante historia de amor.

Tus ojos azules se cerraron y los míos, libres en la oscuridad de mis párpados,

sintieron mis dedos acariciando tu rostro

Ese día supe que eras tú.

Dieciocho grados. Noche fría.

Tu cuerpo calentaba el mío, regocijado en cada tacto.

Aún siento el calosfrío en mis manos, enredadas en tu cabello negro y empapado,

mientras nos besábamos bajo la lluvia en la calle

frente a tu casa, a cuatro calles de la mía.

Perdiendo el sentido, ciegos en las emociones, me quitas la camiseta, y con ella

cubres tu rostro, desvelando después una sonrisa que iluminará mis noches antes

de dormir; quieres entrar a tu casa y yo debo caminar helado a la mía,

pero nuestras manos no se liberan, como si la lluvia fuera engrudo.

La bombilla de tu terraza se alumbra y la puerta se mueve,

te suelto y corro agitado. El agua corriendo por mi pecho.

Pienso mientras corro que viviré tu sonrisa cada noche

al recordar que me hace falta una camiseta.

Mientras corría, mi celular vibra en mi bolsillo. Sabía que eras tú y entre el agua,

trato de leer aquel texto, azorado tropiezo y suelto el móvil dejándolo caer en una

charca.

Pierdo la señal. Pierdo tus palabras. Me pierdo.

Hoy me encuentro después de varios días en cama, delirando en fiebre.

Treintaiocho grados y varios platos con caldo de pollo después, te escribo éste

texto, porque sé que en persona me silenciará tu presencia.

Quiero que sepas lo que siento por ti. No quiero solo actos, no más gestos.

No más silencio. Escribo.

“El sonido de tu voz se apoderó de mis oídos, mis ojos solo buscan el brillo de tu

mar y mis labios esperan los tuyos. Cuando estoy cerca de ti mi alma me

abandona y viaja contigo en la magia que crea tu presencia.

Querer queriendo tu eterna compañía.

Suspiro cada noche viendo las estrellas y descifrando en ellas el infinito de mi

amor por ti”.

Al llegar a tu casa, me sale al paso un letrero de “Se Vende”,

de prisa subo las escaleras y veo que todo está vacío.

Te fuiste.

Con el corazón frío y pesado camino a mi casa, siento desolada mi alma que

desea verte por última vez y entregarte éste papel que sostengo sin cuidado en mi

mano izquierda.

Te llevaste mi tiempo, mis palabras y mi camiseta.

Llegando apenas a mi puerta, la brisa me arrebata las palabras que había escrito

para ti.

Y, así, sin mayor esfuerzo las dejo volar en dirección al viejo caserón,

donde una vez me presenté por primera vez,

y donde la otra noche entregué mi corazón al amor de mi pensada vida.

Si regresas, te espera un diario a cuatro calles, donde tú sabes que vivo.

Cuatro calles
Es un joven panameño, estudiante de la Universidad de Panamá en la carrera de Eventos y Protocolo Corporativo.
Reside en el corregimiento de Río Abajo.
Es un escritor, ávido lector de amores y desamores que viaja en cada libro y descubre más allá de sus páginas.
Cuando encuentra lo que sueña, escribe.
Autor
Adrián Gamboa