Panamá,25º

21 de Nov de 2019

Cuentos y poesía

El patio

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(A Guillermo Delgado)

El patio es el eje del gran reloj compuesto por la vida de la gente que late a su alrededor. Es el epicentro de los temblores que sacuden cada cuarto. Es el corazón de ese gran animal anhelante que es el vecindario.

El patio es un tinglado cruzado por las cuerdas de tender la ropa. Cada cuarto lanza pugilistas provistos de trapos mojados de todos los colores imaginables, que atiborran las cuerdas con banderas y banderolas que al flamear en el viento simulan un orondo barco enhiesto. Cuando la humedad carga el aire y la brisa calla, el tendedero asemeja un enorme anciano de barbas mojadas que hace sentir anegada hasta el alma.

“Hay visitantes que afectan a todos tan pronto trasponen los linderos del patio. Las visitas que abren las puertas de los cuartos, como los vendedores de bollos, chances, o periódicos solicitados desde todos los ángulos”

Otra cosa es cuando las cuerdas están vacías. Vistas desde abajo se nota cómo atrapan al día o a la noche en su gran telaraña.

En las fronteras del patio, los lavaderos reúnen a las mujeres con su cháchara de historias, comentarlos, noticias, crónicas y reportajes de todo calibre. Armando así, el gran radioperiódico de la vida cotidiana.

Pero los verdaderos dueños del patio son los niños. Ellos saben convertir el pavimento en el Maracaná de Río, en Estadio Roberto Clemente de San Juan, en Madison Square Garden y en gimnasio Nuevo Panamá. En jardín de la infancia, escuela, palacio, hogar, basurero, rayuela, cueva, campo de batalla, teatro, sala de baile o de patinaje, circo o coney island. Es decir, en la plataforma de lanzamiento para que despegue el cohete de su fantasía a conquistar los mundos que sólo ellos imaginan y conocen.

El patio los tolera a todos. Así, cuando los hombres se toman los rincones para reventar los dominós sobre los tableros que sostienen sobre las rodillas, los niños y mujeres giran en torno a la carcajada que celebra “la última”, o la algarabía infantil resultante del último encuentro de fútbol en torno a una pelota de trapo.

Hay visitantes que afectan a todos tan pronto trasponen los linderos del patio. Las visitas que abren las puertas de los cuartos, como los vendedores de bollos, chances, o periódicos solicitados desde todos los ángulos. O por el contrario, los que cierran herméticamente las puertas: el cobrador, el activista religioso o el policía que realiza una pesquisa.

Pero el cuadro no tiene nada de idílico. En este lugar cobran vida las estadísticas y diagnósticos socloeconómicos:

Los de aquí, que sólo comen repollo y arroz.

Los de allá, que tienen tres meses sin trabajo.

Los de más allá, donde nace un hijo de padre ignoto.

Los de acullá, que hablan con los ojos grandes y acuosos del hambre.

Pues es desde esta esquina de la vida, donde desgrano mis cuentos, y la gente al principio me crea una especie de cordón sanitario, y me hace sentir un poco como pintor-parisino-pintando-paisajes-pobres-panameños, aunque yo viva aquí, haya surgido de ambientes como éste, y sea parte del paisaje.

Los niños exclaman al verme escribir: —¡Tan grande y haciendo tareas! Y los mayores desconfían también un poco, pues piensan que puedo ser de esos que redactan tragedias de la vida, convertidas en comedias para los periódicos.

No es así y lo aclaro. Les digo que el patio es también una inmensa cometa que el escritor echa a volar, para compartir su ser íntimo con la realidad, para mezclar lo cotidiano con la fascinación. Así, de la misma manera como se barajean los naipes sobre la mesa llena de humos, botellas y palabras disparadas como flechas.

Raúl Leis Romero

Autor

Colón, 19 de diciembre de 1947 - Ciudad de Panamá, 30 de abril de 2011. Fue un sociólogo, político y escritor panameño.

Fue cinco veces ganador del premio Ricardo Miró (1973, 1981, 1988, 1996 y 2000), ganador del premio de prensa de la revista “Plural”, de México (1985); de la revista “Nueva Sociedad”, de Venezuela (1985, 1992); segundo lugar de los Juegos Florales de Guatemala (1993) y finalista del Tirso de Molina de la Cooperación Española (1994).

Fue miembro fundador del Colegio Nacional de Sociólogos y dirigió por una década la memorable revista “Diálogo Social”. Fue miembro del Consejo Nacional de Escritores y Escritoras de Panamá desde 2001 hasta 2003.