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27 de May de 2020

Cultura

Maltratos, cada vez más comunes

Karina, una mujer madura con cualidades infinitas, quien nunca ha trabajado fuera del hogar para cuidar de los suyos, acepta que su mari...

Karina, una mujer madura con cualidades infinitas, quien nunca ha trabajado fuera del hogar para cuidar de los suyos, acepta que su marido pase tres noches a la semana en casa de la otra. Antes eran escapadas ocasionales, ya se ha acostumbrado a compartirlo; no lo abandona porque depende emocional y económicamente de él, quien lo sabe de sobra.

Danilo y Aminta viven una vida en apariencia perfecta, pero en la intimidad de su domicilio descargan su ira acumulada, los trastos reventando contra pisos y paredes, gritos y llantos de sus hijos pequeños son escuchados por los vecinos acostumbrados al escándalo y temerosos de actuar porque “entre marido y mujer, nadie se debe meter”.

Carmencita es una adolescente que se debate entre confesar a sus padres las insinuaciones del amigo de la familia que ella ha visto siempre como un tío o callar por no creer recibir la atención de sus padres.

Don Álvaro vive de una pensión decente, pero solo. A sus dos hijos, en posiciones privilegiadas después de una educación similar, no les alcanza el tiempo para visitarle.

Estos son casos a los que cada día por comunes, asimilamos como tales. Casos que son ejemplo de violencia intra familiar, y tienen lugar sin importar el nivel educativo o económico. Casos que por norma van en una escalada de frecuencia e intensidad si no se busca apoyo.

Mi padre en uno de sus arrebatos de sentimentalismo, raros, porque no acostumbra a manifestarlos, me confesó una vez que nunca pretendió verme casada con un príncipe, aunque yo soñara con él. Su aspiración fue verme al lado de un hombre que me respetara, amara y nunca me maltratara. A Dios gracias ha sido así.

Ese es por lo general el deseo de todo padre, no lastimar, ni que lastimen a sus hijos, pero hay quienes lo hacen con o sin conciencia, producto de experiencias, abusos o conductas aprendidas.

Las víctimas más frecuentes del maltrato son los niños y las mujeres, las estadísticas lo revelan en todo el mundo, y más que un problema social, ya se considera un problema de salud por que inhibe a las personas de llevar una vida plena.

Basta de ser simples espectadores, iniciemos, como individuos y sociedad, las denuncias de tales situaciones; seamos comunicativos con los nuestros, ofrezcamos ayuda y refugio a familiares, amigos o vecinos que lo padecen, aconsejémosle solicitar una orden de protección y acudir a organizaciones de ayuda y por último, pero no menos importante, apoyémosle sin juzgar, dejándoles saber que no están solos y que el problema tiene solución.