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02 de Dec de 2020

Cultura

El príncipe, tras el trono de Bélgica

PANAMÁ. Felipe de Bélgica, nacido el 15 de abril de 1960, primer hijo del rey Alberto II y la reina Paola, heredero al trono, podría se...

PANAMÁ. Felipe de Bélgica, nacido el 15 de abril de 1960, primer hijo del rey Alberto II y la reina Paola, heredero al trono, podría ser el séptimo rey de Bégica. Con casi 49 años, ostenta el título de duque de Brabant y algunos lo definen como un personaje incoloro, en contraste con su esposa, la princesa Matilde, de 36 años, quien goza de una gran popularidad y aprecio entre sus súbditos; y su hermana Astrid, a quien califican de inteligente y apta para heredar la corona en su lugar. Pese a que su educación la siguió muy de cerca el Rey Balduino, para que se convirtiera en su sucesor, a su mue rte la corte decide que el príncipe no está preparado para tal responsabilidad y el trono lo hereda su padre, Alberto II, hermano de Balduino. Pese a todo hay quienes reconocen en Felipe su concienzuda entrega al cargo.

Entre las turbulencias y dudas públicas sobre su idoneidad, así como el creciente descontento hacia las monarquias, Felipe en los sondeos de diarios de su país surge como una figura que se ha ido ganando la aceptación de sus súbditos, quienes lo creen preparado para el cargo, porque el príncipe heredero, ha seguido con interés todos los aspectos de la sociedad belga. Además el 60% de ésta se siente hoy cómoda con la monarquía. Una de las que menos escándalos ha protagonizado y una de las más “pobres” en Europa, porque Alberto II cuenta con poco más de 15 millones de dólares. Ocupa el décimo lugar en una lista donde el príncipe Hans-Adam de Liechtenstein la encabeza con un patrimonio de 4.100 millones de dólares; seguido de la reina Isabel II de Inglaterra con 2.400 millones; y el rey de España 2.300 millones.

Bélgica tiene una monarquía hereditaria constitucional. El Rey no gobierna aunque su función tiene importancia vita. Y aunque se plantea una reducción de los poderes del monarca, lo que se ha dado en llamar una monarquía protocolaria, Felipe, admirador del modo de reinar de su tío Balduino siempre dispuesto a ejercer su influencia, ha dicho que "eso corresponde decidirlo a los políticos".