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14 de Aug de 2020

Cultura

Cristiano Ronaldo: 94 millones de sueños

En las calles de su humilde casa, en el barrio obrero de ‘Funchal’, Crisitiano jugaba al fútbol desde que salía de la escuela hasta entr...

En las calles de su humilde casa, en el barrio obrero de ‘Funchal’, Crisitiano jugaba al fútbol desde que salía de la escuela hasta entrada la noche. Los primeros regates se los hacía a la tarea para correr a jugar con sus amigos. Ellos, al igual que su familia, sabían que había algo especial en él. Su destreza con el balón no era algo que se veía todos los días.

Cuando tenía seis años, su primo Nuno lo invitó a practicar en el que terminaría siendo su primer club, el Andorinha. Los valores enseñados por su familia sobre el trabajo duro fueron su principal arma para ir en busca de su sueño.

Con el paso de los años, Cristiano maravilló a cada uno que lo veía jugar, a pesar de que no contaba con el físico propicio para ser futbolista. Era muy delgado y frágil.

Su nombre se hizo famoso rápidamente en el mundo futbolístico de la isla. Por su manera rápida de jugar y habilidad lo apodaron ‘avispa’. Pero tenía otra particularidad: si un compañero no anotaba un gol, él se ponía a llorar en la cancha, por lo que muchos lo llamaban también el ‘llorón”. Ninguno de ellos se imaginaba que ante sus ojos se estaba formando una estrella.

MADURAR ANTES DE TIEMPO

Durante las vacaciones de semana santa en 1997, Cristiano decidió realizar una prueba para jugar en el Sporting de Lisboa. Acompañado de su madre, aterrizó en la capital portuguesa con el objetivo de demostrar que era el mejor de todos.

En el primer partido de práctica, el delgado jugador deslumbró a todos desde el inicio. Fue suficiente. Sin esperar más, los directivos del club decidieron hacerse de sus servicios.

El brusco cambio, a tan temprana edad, tuvo sus naturales consecuencias. El desarraigo de su familia fue la principal dificultad para el chico, que a los 12 años ya había abandonado sus orígenes en busca de cumplir su meta.

Lejos de su familia, Cristiano comenzó a trabajar duro. Poco a poco el balón se convirtió en su herramienta de trabajo. Era el primero en llegar a los entrenamientos y el último en irse. Después de la práctica, era común encontrarlo en el gimnasio ejercitándose con pesas en sus pies y haciendo regates. Nada iba a interponerse entre él y su objetivo.

Luego de seis años de vestir la camiseta del Sporting de Lisboa y de intensos entrenamientos, el momento decisivo en su carrera tocaba a la puerta. En el verano de 2003, y con motivo de la inauguración del estadio ‘José Alvalade’, su club jugó un partido amistoso ante el Manchester United. Cristiano brilló y convenció. Tanto, que el club inglés se convirtió en su casa desde entonces y el lugar donde el portugués habría de tocar el cielo con las manos.

LA FAMILIA ES LO PRIMERO

Cristiano Ronaldo dos Santos Aveiro -nombre elegido por su padre en honor al ex presidente norteamericano Ronald Reagan- es el más pequeño de la familia y tiene dos hermanas y un hermano. Fruto de un embarazo no deseado, paradójicamente, Ronaldo se ha convertido en el centro alrededor del cual gira su familia. Para el futbolista, ellos son su sustento psicológico. Para su madre y sus hermanos, él ha sido la fuente de apoyo para que también puedan cumplir sus sueños.

Proveniente de una familia con escasos recursos, Cristiano siente una gran admiración por su madre y las dificultades que ha enfrentado para criar a cada uno de sus hijos. En su casa aprendió el valor de la discplina, la rigurosidad y el trabajo arduo como única fuente del éxito. Por eso, la repentina fama y el glamour que le llegó a los 18 años no hicieron que perdiera los valores familiares. Con la transferencia al Manchester United, pasó de ganar dos mil euros al mes en el Sporting, a 80 mil, con lo cual se dedicó, ante todo, a ayudar a cada uno de los integrantes de su familia. La primera en recibir los frutos de su esfuerzo fue su madre, María Dolores, quien no necesitó trabajar más en su vida.

A su hermana mayor, Elma de 35 años, la ayudó a abrir una tienda de ropa fina en Funchal bajo el nombre ‘CR7’, marca que ella patentó. Hugo, uno de sus hermanos, tuvo serios problemas durante años con el alcohol y la droga. Cristiano le pagó las mejores clínicas de desintoxicación y hoy está al frente de una fábrica de pinturas con 15 empleados. Mientras, a Katia la ayudó a comenzar su carrera como cantante bajo el nombre artístico de “Ronalda”. Hoy tiene dos discos en el mercado.

En su casa, en las afueras de Manchester, toda su familia vive con él durante varios meses del año, incluso su cuñado José Pereira, marido de Katia, quien se ha convertido en consejero personal y cocinero de la casa. Para Ronaldo, si su familia no está bien, él tampoco lo está.

En 2005, cuando se encontraba en Rusia con su selección a punto de disputar un partido clave para clasificar al mundial de Alemania 2006, su padre falleció a los 52 años a causa de una insuficiencia hepática y renal. El entonces técnico del seleccionado, Felipe Scolari, fue el encargado de darle la noticia. Después de recibirla, Cristiano decidió quedarse con sus compañeros y disputar el decisivo juego. “Es lo que mi padre hubiera querido que hiciera”, declaró en una entrevista a un medio español.

FUERA DE LAS CANCHAS

En la intimidad de su mansión, alejada del centro de Manchester, este futbolista riguroso y constante, abstemio y antitabaco, ve todos los partidos de fútbol que puede y sigue los resultados por Internet. Lleva la vida de cualquier joven de su edad, pero sin descuidarse en lo absoluto. Le gusta escuchar música, salir de compras y a comer por la ciudad cada vez que puede.

Una de las actividades que lo mantiene ocupado durante buena parte del tiempo es la publicidad. Parecería que todo lo que toca Cristiano se convierte en oro. Lo podemos ver en publicidad en televisión, revistas e Internet. Además de tener su propia marca de ropa fina, es uno de los jugadores de elite elegidos por Nike para sus comerciales. Le gusta mantenerse a la moda y se preocupa por su imagen, lo cual lo ha llevado a convertirse en un ídolo para las mujeres y a ser considerado un sex-symbol.

Toda la fama de la cual goza el portugués en la actualidad no es más que un reflejo del trabajo arduo, la decisión y la constancia de aquél niño que eludía a la pobreza en la isla de Madeira, a punta de quites a un balón. Su disciplina y fortaleza han rendido frutos. Después de ser elegido como el mejor futbolista del mundo en 2008, este año el Real Madrid lo compró por la cifra récord de 94 millones de euros (131 millones de dólares), la transacción más costosa en este deporte. Ochenta mil personas en el estadio Santiago Bernabeu, donde el Real Madrid presentó al jugador, y millones de televidentes en todo el mundo fueron los testigos de este momento, en el cual Cristiano Ronaldo cumplió, sin dudas, su sueño de dejar una huella imborrable en la historia del fútbol.