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21 de Oct de 2020

Cultura

El ‘Che’, el hombre tras el mito

Para cualquier actor, incluso uno tan talentoso como ha demostrado ser Benicio del Toro, interpretar a una figura de proporciones mítica...

Para cualquier actor, incluso uno tan talentoso como ha demostrado ser Benicio del Toro, interpretar a una figura de proporciones míticas como es el caso de Ernesto Guevara de la Serna, mejor conocido como el “Che”, debe representar una carga muy pesada que llevar sobre sus hombros.

Afortunadamente para este intérprete, de un metro noventa de estatura, sus hombros son anchos y su capacidad histriónica lo suficientemente desarrollada para encarnar a uno de los íconos del siglo XX.

“Che, el argentino”, la primera de dos películas basadas en la historia del revolucionario, arriba finalmente a las salas panameñas este fin de semana, tras ser estrenada el año pasado en Estados Unidos y Europa.

La cinta, dirigida por Steven Soderbergh ( Traffic, Ocean’s Eleven) , nos introduce en el mundo de este galeno que llegaría a convertirse en mártir de una frustrada revolución americana. La historia comienza en México, donde el “Che” conoce a un joven y esbelto Fidel Castro. Es el año de 1956 y el entonces abogado planea regresar a la isla acompañado por 80 rebeldes, en un pequeño yate que “hacía aguas”.

Soderberg enhebra, con la habilidad propia de todo gran narrador, escenas de la campaña guerrillera en Sierra Maestra con otras que hacen referencia al viaje del “Che” a la ciudad de Nueva York en 1964, cuando participó en la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Mientras que en las escenas en la serranía cubana predomina el color verde, para las secuencias en Nueva York el realizador emplea el blanco y negro, en un intento, tal vez, por separar, en la mente del espectador al avezado orador e ingenioso político (durante una fiesta en la Gran Manzana le da las gracias a McCarthy por la invasión de Bahía de Cochinos) con el temerario guerrillero que batalla no solamente con el ejército del dictador Fulgencio Batista, sino con sus propias limitaciones, como el asma, padecimiento que le obliga a detenerse durante las marchas para tomar aire.

En realidad la historia del “Che” es la de un gran hombre forjado en la dicotomía: en él conviven el romántico que sueña con un continente libre de las ataduras del imperialismo y la ignorancia con el comandante que no tolera la falta de disciplina de los hombres bajo su mando; el intelectual que devora libros con el soldado que no vacila en situarse en la línea de fuego, etc.

A pesar de hay que darle crédito a Soderbergh por atreverse a rodar la película en español, cabe señalar que su visión de la vida del “Che” es la de alguien que analiza desapasionadamente un fenómeno desde afuera, desde la seguridad del primer mundo.

No obstante, lograr este grado de objetividad frente a una figura como la del revolucionario, que suscita opiniones encontradas, hubiera sido difícil para un director latinoamericano. El desapego de Soderbergh y la actuación de Del Toro nos permiten vislumbrar al “Che” bajo una óptica más humana, lo que nos facilita tomar distancia frente a la leyenda para poder apreciar mejor al hombre.