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10 de Aug de 2020

Cultura

Mafias

En nuestras calles pulula desde hace tiempo una fauna casi delincuencial que se reproducen como conejos y nos arrinconan cada vez más. N...

En nuestras calles pulula desde hace tiempo una fauna casi delincuencial que se reproducen como conejos y nos arrinconan cada vez más. No hay cosa que más me fastidie que el que traten de hacerme pasar por idiota. Y uno de los gremios que más me sacan de mis casillas son los 'bien cuidaos', ajá, sí, esa mafia extraña que nos ha invadido, cobrándonos a todos un nuevo impuesto. “Bien cuidado, jefe”, le dicen a mi marido cuando soy yo la que salgo por la puerta del conductor. Y cuando te ven salir sola del carro entonces inician los “mamis”, “reinas” y demás tratamientos “dizque” cariñosos. Al final no sabes si les quieres pasar el carro por encima por pesados o por irrespetuosos. O por tratarte de imbécil, mostrándote un espacio que tú de todos modos verías si estuvieras buscando donde aparcar, distrayéndote de la conducción con sus aspavientos si no estás buscando estacionamiento y dándote instrucciones estúpidas que nadie necesita para estacionar.

Hace unos años eran unos pocos en áreas muy concretas, hasta llegabas a conocerlos de vista. Pero últimamente aparecen hasta de debajo de las piedras como sabandijas y en muchos casos dan miedo. Además, todo el mundo (menos la policía) sabe que la mayor parte de ellos además de “ayudarte” a aparcar te ayudan a volar, ¡ah! ¿no lo sabían? Muchos de ellos (lo mismo que los que venden rosas en los semáforos) venden drogas al detalle. Pero como tantas y tantas veces, con estas escorias también nos encontramos con el flagelo del “pobrecitos” que azota este país. “Pobrecitos, ellos no tienen trabajo” “Pobrecitos, ellos también tienen que comer” ¡Pobrecitos y un cuerno! Pobrecitos somos los que nos levantamos todos los días para ir a trabajar nuestras ocho horas, y a veces más, los que nos fajamos tratando de pagar hipoteca, préstamos y comida para los niños, el colegio, el seguro social y la gasolina. Pobrecitos somos los que pagamos religiosamente nuestros impuestos aun sabiendo que la mayor parte de ellos se los van a robar. Pero esos gandules ¿pobrecitos porqué? Unos mamarrachos que lo único que hacen es mendigar a la fuerza, y que encima tienen la desfachatez de decirte “no quiero robar” ¡Yo tampoco y por eso trabajo! Los que se han esforzado, los que se han superado, los que tienen un trabajo real, tienen que pagar la patente de corso a esa panda de sinvergüenzas. ¡Y nadie hace nada para acabar con ello!

Salir a tomar una copa hoy en día es casi imposible en determinadas áreas de la ciudad capital, en cuanto llegas te asaltan estas escorias sociales. Cuatro dólares cobran por dejarte estacionar ¡y por adelantado! Si no los pagas cuando regresas tienes el coche rayado, abollado o sin aparato de radio. Impuesto revolucionario contra el que las autoridades no hacen nada. ¿Dónde está la policía? ¿Por qué nos dejan en manos de estos truhanes? ¿Será que están compinchados y a ellos les toca una parte del impuesto brujo que nos cobran los “bien cuidaos”? ¿Dónde están los corregidores y los alcaldes? ¿No tenemos bastante con pagar los impuestos municipales? ¿Será para mantener este status quo que no se construyen aparcamientos públicos? Trabajo honrado lo llaman. ¡Venga ya, señores! Llamemos a las cosas por su nombre, lo que hacen es robarte sin un arma y ellos son una mafia, como la cosa nostra, que te chantajea para cuidarte, por adelantado, y si no pagas, son ellos mismos los que te vandalizan. Que fácil sería para los políticos fijarse en cosas tan sencillas como ésta y luchar contra ellas. Nos facilitaría mucho la vida a todos. Y a lo mejor hasta los felicitábamos, fíjate.

P. S.: No, no voy a hacer referencia a la ocurrencia del Alcalde de crear un sindicato de “bien cuidaos”. Estoy segura de que era una broma, ¿verdad? ¡Díganme que era una broma!