25 de Feb de 2020

Cultura

Miedo

Tengo muy claro que voy contra la corriente, enseguida se alzarán voces acusándome de irresponsable. Dirán que quiero sembrar la anarquí...

Tengo muy claro que voy contra la corriente, enseguida se alzarán voces acusándome de irresponsable. Dirán que quiero sembrar la anarquía.. Quien sabe… Ya sé que en Panamá estamos generalmente muy ocupados con nosotros mismos y que los tejemanejes de la política interna nos parecen lo más de lo más. Pero aquellos que se dan cuenta de que no somos la última soda del desierto y leen las noticias internacionales, sabrán del nuevo desbarajuste que hay ahora mismo montado con el reciente intento de atacar un avión en vuelo hacia los Estados Unidos. En fin, ya saben, lo mismo de siempre: el terrorismo, los malos atacando las bases de la cultura occidental, el milenarismo maya y los signos de los últimos días. Bla, bla, bla.

Dejando aparte cuentos para niños, películas taquilleras e histerismos varios, concluimos que malos ha habido siempre, que desde que el hombre es bípedo ha tratado de hacerle pupa al compañero, por la hembra, el árbol o por un quítame allá ese antílope. Y hay que aceptar lo inevitable, por si acaso no se habían dado cuenta se lo digo yo: todos vamos a morir, para simiente no quedamos, así que la única diferencia que yo veo es morir agonizando lentamente en una cama de hospital, mientras ves la hipocresía de muchos que, con su cara compungida, tratan de disimular cuanto se alegran de que la estés palmando o morir rápidamente de un zambombazo. Si me preguntan a mí, yo prefiero la rapidez y la eficacia. Lo cual no quiere decir en absoluto que tenga vocación de mártir, por ahora me la paso muy bien correteando con mi manada.

Pero una vez que hemos dejado clara la inevitabilidad de la muerte, hablemos de la dignidad de la vida, cosa que me interesa mucho más, y nunca me ha gustado esconderme cual gazapillo asustado en un hueco. Un hombre sin su dignidad está mejor muerto. Aún así la gente se aferra a su vida y están dispuestos a negociar con su orgullo por una falsa seguridad. Es falsa, señores, no se engañen, si no, ningún matrimonio podría haberse colado en una fiesta privada a saludar al premio Nóbel de la Paz de este año. Quieren hacerles creer que, con quitarles su libertad de viajar felices y tranquilos, con ponerlos sobre aviso y exacerbar el miedo conseguirán que ustedes crean que todo está bajo control. Pero luego te enteras, como pasó hace unos días en un país europeo, que es la misma policía la que coloca explosivos en tu maleta para que sus perros los detecten, los perros no lo hacen ¡y a ellos se les olvida retirarlos!...ironías policíacas…Conste que no me opongo a los controles, no tengo nada que ocultar, siempre que sean razonables y lógicos me parecen hasta profilácticos. Pero eso no tiene nada que ver con la campaña que ahora hay montada para tratar de convencernos de que pasemos por unas maquinitas que van a permitir que nos vean completamente, tipo visión X de los súper héroes de cómic y ya he oído a muchos abogar por la rápida implantación de las mismas. Por mí no hay problema, la vergüenza y el pudor en mi persona no van más allá del respeto a las convenciones sociales generalmente aceptadas, pero a usted señora, sí, a usted, ¿Le gustaría que el tipejo que cuida la aduana viera si usted utiliza tampones o compresas? ¿Le gustaría a usted, señorita, que alguien supiera que lleva insertadas las bolas chinas porque le encanta la sensación de las mismas en las turbulencias? ¿Y a usted, señor, le gustaría que alguien viera que en vez de calzoncillos usa tangas? Estamos permitiendo que nos quiten una gran parte de nuestra libertad en aras de la seguridad… empiezan por los aeropuertos, pero si no lo paramos, el Gran Hermano nos vigilará a todas horas, teléfonos, mensajes de correo, chats, acostúmbrense. Cuiden sus palabras, sus gestos, sus exabruptos. Ya no podremos llevar miel en nuestras maletas, ni podremos bailar la canción de King África por exaltada, tendremos que cuidar lo que decimos y a quien se lo decimos, no podremos ser libres de ir y venir a nuestro antojo. Mundo más triste, chico…