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31 de Mar de 2020

Cultura

Oídos sordos

Una tesis evolutiva sostiene que el lenguaje humano se desarrolló para poder comunicarse sin utilizar las manos para gesticular. Esta ve...

Una tesis evolutiva sostiene que el lenguaje humano se desarrolló para poder comunicarse sin utilizar las manos para gesticular. Esta ventaja evolutiva se revierte cuando la negativa de un interlocutor a escuchar de verdad logra hacer que la contraparte se cabree y decida volver a utilizar las manos. Hay una frase de Mario Benedetti que cuadra a la perfección con el estado de ánimo que se percibe en nuestro país en este momento: ‘No se juega con el miedo porque el miedo puede ser un arma de defensa propia, una forma inocente o culpable de coraje. El miedo nos abre los ojos y nos cierra los puños y nos mete en el riesgo desaprensivamente’.

Aquí todos hemos tenido la culpa de los muertos, de los ciegos y del miedo. Todos, como sociedad, y como sociedad debemos reconocer nuestros errores. Los primeros en reconocerlo deben ser los gobernantes. Señores, para ser político se debe saber aceptar críticas, no solo escucharlas, sino aceptarlas y pensar sobre ellas, porque los panameños tienen todo el derecho del mundo a decirles a ustedes lo que piensan de su forma de gobernar. Los que protestaron también se equivocaron. Es cierto que es muy fácil pedir calma cuando no eres el eterno rechazado, cuando no eres el que has sido relegado, engañado y burlado; es cierto que no es fácil entender, en medio de la ira, la llamada a la calma; cuando no tienes trabajo, cuando no tienes educación, cuando tus hijos pasan hambre. Pero también ellos se han equivocado, sí, porque a pesar de lo que dicen los que, inflamados de romanticismo retrógrado y mal entendido, ven la lucha como la forma de lograr lo que se desea, la lucha de los pocos contra los muchos suele terminar mal.

De nada sirve ahora exigir responsabilidades políticas, buscar culpables o exhibir logros, si es que los hay, lo cierto es que varias personas no van a volver a su casa, y otras van a volver ciegas. No señores, eso fue una tontería. El resto de la sociedad tenemos la culpa por crear el problema. Con esto no quiero, en ningún caso, decir que los indígenas que se lanzaron a la lucha sean descerebrados que no sean capaces de pensar por sí mismos, sino que, todos, desde hace siglos (los españoles hicieron su parte, pero los panameños han continuado y lo han hecho muy bien) hemos contribuido a esto, hemos apartado a esos pueblos, los hemos relegado a las montañas, hemos rechazado su cultura, hemos tratado de acabar con su idioma y las voces que abogaban por ellos lo hacían desde la caridad mal entendida de ofrecer limosnas que no eran ni lo que se quería ni lo que se pedía.

Todo esto ha sido una estupidez. No, no empiecen, no he dicho que nadie sea estúpido, sino que todos hemos cometido una estupidez, que es, según la definición del DRAE: ‘una torpeza notable en comprender las cosas’. No hemos comprendido la necesidad de llegar a una sociedad plural, donde todos, y reitero, todos, seamos escuchados, aceptados y valorados, donde valga lo mismo la voz del obrero de la construcción que la del ngäbe, o la del bribrí. Donde seamos capaces de lograr acuerdos para que todos podamos vivir como deseemos, sin imposiciones y desde luego sin mesías políticos que crean saber lo que es bueno para nosotros, porque no somos niños de pecho, somos una sociedad adulta que tiene el derecho y el deber de elegir lo que desea para su futuro y el de sus hijos. Por eso, no busquemos martirios si no queremos inmolarnos nosotros mismos. No azucemos guerras si no estamos dispuestos a ver morir a nuestros hijos. La sangre derramada es muy difícil de recoger. Siempre hay otras formas de protestar, y de ganar. Si no me creen, pregúntenselo a Gandhi.