La Estrella de Panamá
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11 de Nov de 2019

Cultura

Reflejos de Hollywood

Como un decorado de cine para cuya película aún no se ha decidido el reparto, la ciudad de Panamá transmite la improvisación de los días...

Como un decorado de cine para cuya película aún no se ha decidido el reparto, la ciudad de Panamá transmite la improvisación de los días de ‘casting’. Aquellos en los que los figurantes no saben muy bien dónde colocarse. Por eso sus caóticas y desoladas calles recuerdan al escenario de una película de Hollywood.

El escritor Laurence Durrel, que renegaba de su ascendencia británica y prefería que le considerasen cosmopolita, decía en la primera parte de su libro El cuarteto de Alejandría que ‘al arruinar tu vida entera en un sitio la malogras en cualquier parte del mundo.’ Siempre que mi amigo Ehrior comenta que las calles de esta capital podrían ser parte de cualquier pedazo de Los Ángeles, recuerdo la frase de Durrel. Ambas reflexiones son un aviso mas que un piropo.

El meteórico desarrollo de Panamá –apenas cien años de historia— produce unos fogonazos tan fuertes que cuesta imaginarse el país en blanco y negro, aunque blanco y negro sea el color del dólar que le ha dado ese colorido look con el que cada día se maquilla los ojos que guiña a los turistas.

El color está por todas partes. En cada hueco entre dos edificios hay un árbol, en cada espacio entre dos árboles hay un tendido eléctrico y en cada tendido eléctrico hay siempre un pájaro cantando bajo la lluvia. El encanto de una ciudad en obras (los trabajos del Metro, la ampliación del Canal, la tercera fase de la cinta costera y el proyecto de restauración del Casco Viejo son algunos ejemplos) radica en la decadencia misma del proceso de creación. La gente se deleita con el resultado pero suele desencantarle el proceso.

En estos días en que gran parte del mundo atrae su radar hacia Panamá, en el Istmo nadie circula con GPS, a pesar de lo cual los panameños cada vez descubren lugares más interesantes. Uno de ellos es el salón de exposiciones del Hotel Manrey en plena zona de la rumba comercial, la Calle Uruguay, en el que estos días se está mostrando una exhibición fotográfica muy especial.

Se trata del trabajo tras la cámara del actor Scott Caan, famoso por sus papeles en las tres partes de la saga que empezó con Ocean’s Eleven. En aquella película unos simpáticos ladrones robaban un casino, pero esta vez Scoot Caan ha ofrecido parte de su tesoro personal para que los amantes de la fotografía en blanco y negro sueñen con los escenarios de sus aventuras: decorados hollywoodienses, momentos robados entre rodajes a Brad Pitt, Dennis Hopper o Matt Damon y actrices californianas con el cabello teñido o los pies tatuados.

CANNES EN BLANCO Y NEGRO

La obra cumbre de la fotografía de Caan fue tomada en el 2007 sobre la alfombra roja del Festival de Cannes, en Francia. Aquel año el actor subió las escaleras de acceso al palacio del festival con su inseparable cámara Nikkon (se la regaló su padre que a su vez la heredó de Francis Ford Coppola).

Cuando alcanzó el último peldaño de la escalera se dio la vuelta y retrató de improviso a los cientos de fotógrafos que se disponían a fotografiarle a él. Aquel impulso resultó un acto de brillantez cuyo magnetismo se aprecia en todo su esplendor en la instantánea en blanco y negro que estos días se exhibe de manera gratuita en el Manrey.

La muestra estará abierta al público hasta el 31 de marzo en horario de 10:00 a.m a 6:00 p.m., pero podría extenderse hasta las primeras semanas de abril. Retazos de Hollywood en plena Calle Uruguay: mi amigo Ehrior, igual que Durrell, tenía razón.