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30 de Oct de 2020

Cultura

La fuerza detrás de la alcancía naranja

Cada año, desde 1975, la Iglesia Católica promueve la Campaña de Promoción Arquidiocesana

Noventa y dos parroquias ya están listas para recibir las 220 mil alcancías naranja. En ellas, cerca de 5 mil voluntarios también están preparados para salir a las calles los días 4, 5 y 6 de julio; ocasión en la que iniciará la colecta gestada por la Campaña Arquidiocesana.

El acto de extender el envase de aluminio seguido de la otra mano que deposita una moneda, es solo una parte de la labor que ejecuta el comité de la Campaña. La labor bandera de esta organización es la evangelización a través de mensajes y vivencias que ayuden a los fieles a mantenerse firmes, así como a enseñar a otros a conocer el plan de Dios. Los encuentros vecinales son parte de esta etapa y con ellos se busca confrontar los antivalores que golpean a la sociedad.

El otro paso es el que iniciará este 4 de julio, cuando aquellos que hayan decidido dar su granito de arena tiñan de naranja las avenidas y con recipiente en mano apelen a la solidaridad con la obra cristiana. Ésta es la antesala a la entrega de alcancías en hogares, centros educativos y comercios; que se realizará el 20 de julio, y desde esa día se espera que transcurran seis semanas para recoger las donaciones voluntarias.

Este año se elaboraron 25 mil alcancías más que el año pasado —cuenta Lara Schroeder de Domínguez, representante del comité— y aunque los organizadores están conscientes de que el promedio por unidad es de B/8.50, se tiene un expectativa de B/20.00; y con ello llegar a los dos millones de dólares a los que aspiran.

Estos fondos se utilizarán para dar apoyo al trabajo evangelizador y misionero de los sacerdotes, religiosas y laicos. También ayudan a residencias de la tercera edad, jardines de párvulos y comedores; así como a la construcción de capillas, entre otras labores.

La Campaña Arquidiocesana nace en el año 1975, bajo el liderazgo de Marco Gregorio McGrath. En la actualidad es el principal sustento de la Iglesia Católica y para su ejecución se coordina a un comité ejecutivo, compuesto por laicos que son dirigidos por el arzobispo. Esto implica la comunicación entre las parroquias y la adición de voluntarios.