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21 de Jan de 2020

Cultura

Educación, la mejor herramienta

Gastón Acurio es uno de los protagonistas de la campaña ‘25 líderes, 25 voces por la infancia’

El cocinero peruano Gastón Acurio afirma que la educación es la herramienta más importante para resolver las injusticias que ‘la suerte y la vida’ te ponen en el camino.

Este chef de 46 años, uno de los artífices del reconocimiento de la gastronomía peruana en el mundo, es uno de los protagonistas de la campaña ‘25 líderes, 25 voces por la infancia’, lanzada por Unicef y Efe para destacar los 25 años de la Convención sobre los Derechos del Niño, que se cumplen el próximo 20 de noviembre. En una entrevista con Efe aseguró que su gran sueño es formar parte de la generación que celebre que en América Latina todos los niños están protegidos.

Acurio, cuyo restaurante limeño Astrid y Gastón fue declarado en 2013 el mejor de América Latina, está empeñado en ‘generar oportunidades a través de la educación’ y lo hace en su ‘territorio’, que es la cocina. Hace ya siete años puso en marcha una escuela gastronómica de alta calidad para jóvenes de escasos recursos en Pachacútec, una ‘zona de Lima llena de carencias, llena de injusticias, llena de dramas, en donde la mayoría de sus habitantes son niños, son adolescentes, sin oportunidades, sin sueños, sin buena educación’.

—¿Quién es Gastón Acurio? ¿Cómo empezó todo?

—Yo soy cocinero. Nací para ser cocinero. Vengo de una familia donde nadie cocinaba (...) y sin embargo, yo a los diez años cogía mi bicicleta y me iba a comprar ingredientes extraños que luego cocinaba en mi casa. Era un niño extraño en ese momento al que le convencieron de que la cocina no era una actividad digna para alguien que había tenido las oportunidades que yo tuve y que lo mínimo que podía aspirar a ser era abogado.

—¿Cómo nace la idea de crear una escuela gastronómica para personas de escasos recursos?

—Uno de los grandes desafíos de América Latina es resolver las contradicciones económicas y sociales que todavía existen. Hoy en día el rol es entregarse, volcarse de una manera absoluta a contribuir con tu trabajo al desarrollo de América Latina, al desarrollo económico, social, cultural, a generar oportunidades para que un día todos tengan las oportunidades que uno tuvo. Al día de hoy más de 300 chicos han terminado la carrera de cocina. Ya tienen una carrera, han transformado su vida, algunos son ya jefes de cocina y algunos serán los mejores cocineros del mundo. Esta escuela ha supuesto recuperar la esperanza, encontrar la fe en la vida, en el futuro, el poder tener una oportunidad. La demostración, a través de ellos, de que con su vida exitosa hoy día esto debe ser replicado en toda actividad económica. Que la obsesión de una sociedad como la nuestra sea que ningún chico se quede en el camino por falta de oportunidades. P. Tras tu retirada de la dirección del restaurante Astrid y Gastón has anunciado que tienes pensado montar una fundación.

—¿En que consiste el proyecto?.

—Es una evolución de Pachacútec. Lo que pretendemos hacer es tratar de sintetizar en una fundación lo que ya venimos haciendo en diferentes áreas. Estamos haciendo una universidad en el sur de Lima. Es una universidad muy costosa pero para quien la pueda pagar y no lo va a ser para quien no lo pueda pagar. Y para quien no lo pueda pagar esta fundación es la que se va a encargar de financiarle los estudios a ese talento que no tiene recursos.

—Este año se cumple el 25 aniversario de la Convención sobre los Derechos del Niño, ¿cuáles crees que han sido los avances en el cumplimento de los derechos de los niños?

—Yo creo que el principal avance que se ha logrado hoy día es la toma de conciencia de una parte muy importante de la población. En este mundo conectado, donde la información está al alcance de todos, hay una generación joven que, por ejemplo, cuando compra un producto no lo compra por mero capricho o porque le gusta, sino que lo compra porque también ha revisado de dónde viene, cómo se hace, quién lo hace, si las practicas ambientales son las correctas, si afecta al medio ambiente y si ha sido producido con un trabajo digno y no con el trabajo de niños. En este mundo conectado, esta conciencia también se revela en un mundo que es capaz de aceptar las diferencias, entender a las personas y quererlas. En la medida en que muchas personas apoyen, sigan y se agiten ante este tipo de informaciones entonces la posibilidad de que todos los niños del mundo estén debidamente protegidos, como lo están nuestros hijos, se acerca cada vez más.

—¿Qué queda por hacer?

—Todavía existen enormes desafíos y esto no va terminar hasta que no haya un solo niño desprotegido en este mundo, porque no hay ningún niño que sea menos importante que nuestros niños. Como peruano, mi primer gran sueño y aliento a la Convención sobre los Derechos del Niño es que podamos llegar a ser la generación que pueda celebrar que en América Latina todos los niños están protegidos.