Temas Especiales

27 de Nov de 2020

Cultura

Almendrones, una vuelta al pasado

Cada sociedad tiene como hábito integrar a su cultura el conjunto de experiencias que surgen cotidianamente

El sol de verano pica, hace empapar las camisas y blusas. La gente sale a la calle buscando algún tipo de coche que los lleve a su destino.

Unos inmensos automóviles se acercan. Los pasajeros se apretujan por entrar y acomodarse. Se negocia el destino con el conductor y, luego de acordar detalles, cada quien se sienta para trasladarse al otro extremo de La Habana. ‘No tire la puerta, mi hermano; cierre con cuidado', afirma quien está tras el timón, que arranca y avanza.

Cada sociedad tiene como hábito integrar a su cultura el conjunto de experiencias que surgen cotidianamente. Es parte del imaginario de individuos y grupos. Esta costumbre le confiere características singulares al país, la región o el conglomerado que sirve de contexto al fenómeno o al hecho que genera un interés común.

En Cuba, se le denomina ‘máquina' a los vehículos que brindan el servicio de transporte y que no son autobuses, sino autos, camionetas o pequeños camiones, transformados para el desplazamiento entre municipios y provincias. Se ubican o salen desde puntos estratégicos, como los costados de la terminal de ómnibuses o de la estación de trenes, entre otros sitios.

En la ciudad de La Habana quedaron una importante cantidad de automóviles americanos desde el triunfo de la revolución, que ahora, modificados, recorren la capital del país y algunas urbes para beneficiar a la población que no desea utilizar los tumultuosos autobuses y que quieren desplazarse más rápido. Son armatostes que por su forma han sido bautizados como ‘almendrones', en alusión a esa fruta ovalada.

‘23', ‘Línea', ‘Playa', ‘Habana del Este', ‘Víbora', anuncian los conductores que se acercan con sus vehículos a cualquiera de los puntos de salida en los alrededores del Capitolio en la parte antigua de la ciudad, ya sea al inicio de la extensa calle Neptuno o en alguno de los rincones del parque ‘El Curita', sitios estratégicos desde donde sale un importante porcentaje del flujo urbano o en el otro extremo, el paradero de Playa.

VEHÍCULOS TURÍSTICOS

La Habana no es una ciudad larga; más bien es amplísima, que se extiende en todos los sentidos, pero tiene una alta densidad en el área más antigua: los municipios de Centro Habana y Habana Vieja. Como el turismo se concentra mayormente hacia allá, los vehículos traen a los viajeros desde los hoteles en Vedado y Miramar.

Con el esfuerzo que se hace por establecer la oferta hotelera en este ámbito, hay bastante mercado y resulta buena inversión meter el almendrón en la corriente con un precio por pasajero que puede ir entre 10 y 20 pesos cubanos (alrededor de 0.40 u 0.80 centavos de dólar americano), dependiendo de la ruta. Cada auto tiene capacidad para trasladar alrededor de unos seis o más pasajeros, según el modelo.

Roberto, que es abogado trabaja durante la tarde en su Chevrolet modelo de 1957 en un brillante color y hace cada día lo que corresponde a un salario mensual. Ha olvidado su profesión por algún tiempo y traslada al público en una ruta donde no hay mucha competencia. ‘En las mañanas, me ocupo de la mecánica; así el auto estará en condiciones óptimas para cuando salga a recorrer la ciudad'.

Su apariencia es un poco diferente al del conductor típico, pues por lo general son algo jóvenes o de mediana edad, llevan camisetas sin mangas y exhiben algún tatuaje en el brazo. En muchos casos, utilizan una especie de manga ceñida con adornos que asemejan dibujos sobre la piel; andan en pantalones cortos o en mezclilla (jeans) y chancletas o zapatillas.

Luis recorre la ruta de la avenida Línea –paralela a la avenida costanera- desde la Habana Vieja hasta Playa en su enorme Ford Custom Line de color verde claro. ‘El vehículo es de mi papá, que lo ha utilizado toda la vida', afirma. Confiesa que él ha estado sentado en ese medio de transporte desde hace mucho, desde cuando era joven. ‘Creo que desde que tengo 12 años', apunta mientras hace el cambio con la palanca que sale desde el eje del timón.

Su cabello denota una vejez prematura por las canas que le pueblan. Quizás llegue a unos 40 años y se toma su oficio con calma. Cuando tiene el conjunto de clientes que se mueve hacia el final del recorrido, no se detiene a buscar nuevos pasajeros. Una anciana sube y critica esta postura. ‘Yo soy contable y he estudiado esta costumbre de no recoger a la gente en el medio de la ruta y ellos pierden con esa decisión', afirma mientras deja patente su enojo.