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05 de Mar de 2021

Cultura

Patrick Dillon por las comunidades remotas

El dibujo es una de las raíces de la carrera de cuatro décadas del arquitecto panameño y es algo que espera poder inculcarle a las siguientes generaciones

Cuando Patrick Dillon regresó a Panamá en 1994 –después de casi 25 años en el exterior–, había decidido olvidarse de la arquitectura. Así lo asegura mientras nos ofrece un recorrido a lo largo de su retrospectiva, que inauguró el pasado martes en la Galería Arteconsult.

Su periplo lo había llevado por Barcelona, de donde se marchó en los años ochenta con la satisfacción de que un dibujo suyo se hubiese ganado un concurso para el diseño de la nueva mezquita nacional de Irak. ‘No se construyó porque el país estaba enfrascado en la guerra contra Irán. Hubiera sido la más grande de la historia, con una sala de oraciones para 50 mil personas'.

Su siguiente parada fue París, donde creó su propia firma junto con un socio y amigo. Aquella etapa estuvo caracterizada por el diseño de bodegas de vino.

Esa línea lo condujo a Sudáfrica, donde decidió asentarse indefinidamente. Pero se encontró con una nación que pasaba por una etapa turbulenta en su historia, a un año de la elección de Nelson Mandela. Algunos bocetos después, se devolvió al istmo que lo había visto nacer y crecer.

Cada una de esas etapas, y las subsiguientes en Panamá, cuelgan de las paredes desnudas de la galería. Horas, días, meses y años de dibujo a mano. Procesos creativos ideados para llegar a una solución arquitectónica. Ninguno esperó verse enmarcado algún día para una exhibición. Los márgenes de uno, señala Dillon, contienen garabatos en su letra: ‘Leche, guineos, papel higiénico. Lo que mi esposa me dijo que tenía que comprar seguramente está allí escrito'.

LO ESENCIAL COMO ESENCIA

De vuelta en el trópico e incorporado a la empresa familiar dedicada a la construcción, el arquitecto renegado quedó a cargo del proyecto de un puente sobre el río de San Pablo en Veraguas.

Eso, admite, le abrió los ojos hacia el concepto de arquitectura esencial. ‘Los proyectos de ingeniería como este emplean los elementos mínimos', explica. ‘Lo esencial de la estructura'.

Se iniciaba la segunda mitad de los años noventa y Dillon pasaba los fines de semana surfeando en playa Santa Catalina. Enamorado del paisaje, decidió comprar un terreno y en la búsqueda se topó con playa Arrimadero y la comunidad de San Lorenzo. En 1997 hizo el primer croquis de Casa SaLo, su transición de regreso a la arquitectura.

De cierta manera, aquella casa sobre una roca con vista al mar, se encuentra en constante evolución. Dillon se ha dedicado a experimentar su entorno a lo largo de los últimos 20 años, para lograr una estructura integrada orgánicamente a la naturaleza que la rodea y a las condiciones ambientales que la definen.

‘Uno puede dibujar en la oficina la idea de una casa y luego se da cuenta de que no entiende realmente el lugar ni cómo debe funcionar la casa en su entorno'.

Actualmente, Casa SaLo ha llamado la atención a nivel internacional –tanto en foros, como en concursos, revistas y hasta una publicación hecha en Hong Kong–, pues no solo armoniza con sus alrededores sino que fue hecha con lo mínimo.

Con base en materiales reciclados o encontrados en el mismo sitio, se construyó una obra de arte de bajo presupuesto. ‘Hacer arquitectura no es cuestión del presupuesto que tienes', confiesa Dillon. ‘Todo arquitecto tiene la posibilidad de hacer arquitectura impactante con muy pocos recursos'.

Ese proceso lo llevó a la convicción de que la arquitectura debía desarrollarse así siempre y a la idea inicial de crear una escuela para niños. Sin embargo, se dio cuenta de que un centro remoto para educar a pequeños sobre arquitectura era una hazaña complicada.

Esa ilusión nunca se extinguió y con los años se fue transformando en lo que hoy representa Estudio Remoto.

NACE EL PROYECTO EDUCATIVO

Aquellos primeros trazos de Casa SaLo se encuentran a la venta en Arteconsult, junto con los demás dibujos que cuentan la historia de su trayectoria. Los fondos recaudados de ‘Back to the drawing board: Retrospectiva de Patrick Dillon', serán utilizados para llevar adelante su visión de educar tanto a estudiantes como a comunidades remotas, en un intercambio simbiótico.

Además de Dillon, el núcleo de la iniciativa lo conforman los arquitectos Silvia Escamilla, Duly Lee y Héctor Ayarza.

Pero no solo ellos se han interesado. A un lado de la galería vemos diseñado sobre una columna el universo que lo circunda. Estudio Remoto se encuentra en el centro, anexado al Centro de Investigación y Arquitectura Tropical Raimundo Castillo. A su alrededor se encuentran una variedad de grupos, organizaciones e iniciativas que colaboran con ellos y de cierta manera comparten sus principios.

Entre estos sobresale Estudio Nuboso, que unos años atrás llevó a cabo en Casa SaLo el proyecto ‘Suelo', una residencia multidisciplinaria. Además de realizar sus proyectos, los participantes integraron a la comunidad en ellos.

Entre los invitados estuvo el Dr. Anthony Coates, paleogeólogo del Smithsonian. Un noche, Coates le contó a los locales la historia de su tierra, y les reveló que la punta donde vivían era la roca más antigua de Panamá. Eso marcó un momento decisivo en aquella comunidad remota.

‘Al día siguiente la gente decía que la roca podía ser un atractivo turístico y que ellos podían ser los guías', recuerda el arquitecto. ‘Esa poca información fue una chispa en San Lorenzo, y me di cuenta de que lo único que hace falta para que comiencen a cambiar sus vidas son ellos mismos'.

Estudio Remoto también ha logrado colaborar con la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Panamá. Así, han llevado a cabo talleres para estudiantes tanto en la ciudad como en Veraguas.

Aunque actualmente el enfoque es hacia la arquitectura esencial para comunidades remotas, Dillon revela que se les han acercado artistas, científicos, artesanos y educadores. Desean desarrollar otras disciplinas dentro del programa educativo. ‘Para cada una, la intención sería llegar a la esencia de esa disciplina'.

EL DIBUJO ES LA MÉDULA

Al finalizar el tour, Dillon nos presenta una columna sobre la que se han colgado resúmenes y fotografías de la variedad de actividades que ha llevado a cabo Estudio Remoto durante sus primeros meses de vida.

Una de ellas fue un paseo con los estudiantes de arquitectura, en que el requerimiento principal era llevar su libreta y llenarla de dibujos.

‘Incluso si no tenían idea de qué dibujar, tenían que hacerlo para que rompieran el hielo y comenzaran a pensar y transmitir ese pensamiento a través del brazo, el lápiz'.

En retrospectiva, el dibujo ha sido medular en su carrera de cuatro décadas y es algo que espera poder inculcarle a las siguientes generaciones. De otra forma, se perdería lo emocional de diseñar un concepto, desde que nace la idea hasta que se inserta el último clavo.

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ANTECEDENTES

¿Quién fue Raimundo Castillo?

El arquitecto Patrick Dillon llegó en 1996 a San Lorenzo de Veraguas y Raimundo Castillo fue la primera persona que conoció. Ya fallecido, hoy lleva su nombre el Centro de Investigación y Arquitectura Tropical creado por Dillon allí.

Oriundo de esa comunidad, el padre de nueve hijos –hoy todos profesionales–, era un curioso empedernido.

‘Yo pasé unos fines de semana memorables con él en una hamaca en la playa, hablando de todo', recuerda el arquitecto. ‘A veces teníamos conversaciones hasta las cuatro de la mañana'.

Había aprendido a leer por sí mismo, con el almanaque ‘Escuela para todos' y discutían sobre fútbol, surf, pesca o de la gente que había caminado en la luna, hasta que se asomaba el alba.

‘Tenía una curiosidad increíble y eso es lo que quiero que exista en este centro de investigación', manifiesta Dillon.