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20 de Jan de 2021

Cultura

‘Yo no olvido el año viejo'

El emblemático tema de fin de año es de la autoría de Crescencio Salcedo, un trovador popular que se inspiraba en el cantar de las aves

‘Yo no olvido el año viejo'
‘Yo no olvido el año viejo'

‘Yo no olvido el Año Viejo , porque me ha deja'o cosas muy buenas. Yo no olvido el Año Viejo , porque me ha deja'o cosas muy buenas. Me dejo una chiva, una burra negra, una yegua blanca, y una buena suegra- Me dejo, me dejo, me dejo cosas muy bonitas.'

Esta canción colombiana, para los que tenemos algunos años, fue un clásico que aun perdura en las radios y tocadiscos de los hogares de la ciudad de Panamá cada vez que se acababa el mes de diciembre y se aproximaba el nuevo enero.

El autor de la pieza que engalana el cancionero Latinoamericano es Crescencio Salcedo, un humilde bardo colombiano que nació en 1913 y murió en 1976. No fue nunca a la escuela, fabricaba flautas y desplegaba sus melodías en las calles de Medellín.

La pegajosa melodía se apoya en la originalidad de la letra que choca contra la corriente de que todos se enfocan en deseos y saludos al nuevo año. Crescencio, ante la inminencia del cambio de fecha, recuerda los meses pasados y hace un recuento de lo logrado poniendo énfasis en los animales de una granja y en la madre de su mujer a la que cataloga de buena.

El colombiano despreciaba la música culta y el pentagrama y se inspiraba en las claras notas del turpial, un pájaro típico de las llanuras de Colombia y Venezuela. Andaba con los pies descalzos, porque quería sentir el contacto con la Madre Tierra.

Crescencio es uno de esos tantos artistas de extracción popular que sacaron de la naturaleza que rodeaba su conocimiento musical y lo acompañaron con versos sencillos como los del ‘Yo no olvido el Año Viejo' y con esa fórmula simple conquistaron la atención de multitudes y trascendieron fronteras y perduraron en el tiempo.

La canción de Salcedo, en aquellos lejanos años de 1953 fue interpretada por Tony Camargo, un mexicano que integró un coro de voces femeninas y grabada nada menos que por la RCA, la casa disquera de mayor prestigio del momento.

Celia Cruz, Gilberto Santa Rosa, Oscar De León y todos los acordeonistas cumbiamberos colombianos grabaron y tocaron la canción, que no dejó regalías para el pobre artista que solo arrastró su flautas y su sombrero colombiano, ese de ala ancha.

Al respecto, el singular autor señala en una entrevista: ‘Estudios: copié el silbido del turpial. No soy autor, y como no lo soy, no cojo nada. Recojo motivos para expresarlos en música y otros recogen la plata'.

A Salcedo se le atribuye además la famosa pieza cantada por Beny Moré de Cuba; ‘La Mucura' y ‘El Cafetal' otro himno colombiano. Los estudiosos de la música colombiana señalan que con Salcedo se da una confrontación de dos caracteres, un hombre que ve su obra como patrimonio cultural colectivo y por otra parte, que ve su música convertida en mercancía por otros que lucraron de ella.

Internet nos permitió investigar, oír, leer y desentrañar los misterios musicales que encierra Yo no olvido el Año Viejo. A esa mezcla de españoles, negros e indios que muchos llaman latinos no les gana nadie en creatividad musical y Crescencio de Colombia es fruto de esa mezcla que tiene más de 500 años y a la que pertenezco.

Un diario de Colombia publicó lo siguiente como epitafio al bardo: "Y como siempre sucede, muerto Crescencio, la nación colombiana, en especial sus instituciones, en un afán inútil por borrar su complejo de culpa, se acordaron del ‘Compae Mochila'. Y, fueron tan pródigos en elogios al muerto, como fueron de mezquinos en apoyar al hombre vivo'.