Temas Especiales

25 de Jan de 2021

Cultura

Bienvenido, Santo Oficio

¿Sabes lo que pasará con tus bienes? ¡Adivinaste!, tus bienes se los repartirán entre aquellos que te condenaron

Te han sacado de tu casa un montón de hombres malencarados, te han llevado a una mazmorra, te han dado un par de sopapos y te han puesto un poquito en el potro, por aquello de ir ablandando tu reticencia. Ahora estás, descoyuntado, dolorido hasta la médula y aterrorizado hasta el estupor, delante de una mesa donde unos cuantos tipos con cara de pocos amigos te comienzan a hacer preguntas, (probablemente uno de ellos sea más amistoso, y te diga que te quiere ayudar, pero no te fías del todo, y haces bien). Por su tono notas que ellos ya creen saber las respuestas, y sientes que todo lo que dices está siendo malinterpretado. Nadie te ha dicho cual ha sido tu falta, ni quién te ha acusado, ni de qué. No sabes de qué debes defenderte. No tienes idea de cuales son las pruebas que dicen tener contra ti. Solo sabes que estás bien jodido.

Es en ese momento, mientras tratas de hilar pensamientos coherentes entre el dolor y el miedo, piensas en los tuyos, en si tu mujer estará libre o si también la han apresado y a estas horas esté siendo violada por el carcelero, por los guardias, o si la habrán sentado en la cuna de Judas. Piensas en si tus hijos han sido recogidos por algún alma caritativa o si han quedado indefensos y rechazados por el resto de los vecinos por miedo a que los vayan a señalar como cómplices de un delito que aún no tienes muy claro cual es.

Nadie tiene que probar sin atisbo de duda tu culpabilidad ni los cargos contra ti. Eres tú el que tiene que probar que eres inocente de un delito la mayor parte de las veces inventado por un acusador que tenía tanto miedo como tú por sus vida y la de los suyos y que te acusó para librarse él mismo de aquello por lo que ahora pasas tú.

Si tienes suerte te irás a casa con un sambenito y una penitencia, y el resto de tu vida sentirás el miedo atenazante a tener que regresar a verles las caras a esos hombres que, aseguran, solo se preocupan por tu bienestar. En el peor de los casos tú acabarás muerto y los tuyos también (si eres bueno y te arrepientes a tiempo te partirán el cuello antes de que las llamas lleguen a churruscar tus piernas y mueras asfixiado por el humo de la hoguera).

¿Sabes lo que pasará con tus bienes? ¡Adivinaste!, tus bienes se los repartirán entre aquellos que te condenaron.

¿Creías que estábamos en el siglo XXI? ¿Qué habíamos superado al Santo Oficio? Pobre tontucio, no sabes nada de la vida. Nunca han desaparecido los perros de aquel dios semítico. Solo han cambiado de forma.

¿Creías que la justicia era igual para todos? Eres un adufe. Siempre habrá algunos que estén por encima del bien y del mal, por la fuerza o por la protección divina, y a veces por ambas.

¿Crees que si te portas bien estás libre de ser perseguido? Prueba a creer otra vez, anda, berzotas. Basta que tengas algo que desee el inquisidor de turno. O que consideren que darás una imagen ejemplificante y estás jodido.

No. Hoy, en esta sociedad, tampoco el acusador ha de demostrar la culpabilidad o presentar pruebas de que hayas hecho algo ilegal para que te pases tres meses encerrado. Hoy también basta con que alguien escriba tu nombre en una lista para que se desate contra ti la ira de los perros rabiosos. Aleluya y bienvenidos al siglo XVI.

COLUMNISTA