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22 de May de 2022

Cultura

Humildes humillados

Malditos seáis, pues ya dice Isaías que solo será salvo el que sacude sus manos para no recibir cohecho

Mira tú, tanto que dicen leer la Biblia. Tanto que recitan de memoria pasajes completitos. Tanto que se desgañitan citando a los Efesios, a los Gálatas o a Job, y al final parece ser que solo citan aquello que les conviene y se acogen a los párrafos que mejor se adaptan a sus necesidades de cualquier tipo.

Salen en los medios poniéndose gallitos y retando a que los denuncien. O graban videos con cara de mártires compungidos enarbolando la palma del sacrificio y asegurando que su dios desértico los está probando para comprobar que son oro molido.

Bien está que ustedes tengan fe. Bien está creer en dioses. Y rendirles culto y sacrificio según lo que cada uno pueda y quiera, lo que no está bien, señores apóstoles autoproclamados, es persuadirse a sí mismos de que todos los demás somos imbéciles.

Aunque bien pensado, si su grey está convencida así, en bloque, de ser ovejas y de que ustedes son los pastores, no sé de qué se quejan cuando los pastores las esquilan para hacerse, con su lana, cómodas y abrigadas pellizas.

A mí, que no soy oveja, ni lo he sido nunca, y que, en realidad, siempre he preferido a los inteligentes y avispados caprinos, (a ser posible cabrones hechos y derechos), antes que a las sumisas y borreguiles baladoras, no me van a sacar ustedes ni medio centavo de diezmo. Por ese lado, a pesar de pensar que son ustedes unos hijueputas por engañar a humildes trabajadores que se zurran la badana toda la semana para ofrendar en sus arcas parte de aquello ganado con el sudor de su frente, no puedo decir nada. Ese negocio es suyo y de su fieles. Mientras ellos sean adultos responsables, pueden hacer con su dinero lo que quieran. Con ‘su' dinero, suyo de ellos. No con el mío.

Ahí precisamente torció la puerca el rabo. Lo que hagan con los dineros públicos sí es asunto mío. Mío y de todos los que contribuyen, contribuyentes se les dice. Si la mujer de alguien está viviendo a la sopa boba a cuestas de un sueldo que no debería cobrar mientras dizque se prepara para algo que tiene que ver con la religión, eso es asunto mío. Mío, de la justicia. No de dios, cualquiera que este sea. Cuando se aprovechan de materiales estatales para lucrar; cuando alguno de aquellos que deberían defender los mandamientos de la ley del nazareno, se pasa el ‘no robarás' por el arco de triunfo, los organismos adecuados debieran actuar de oficio y sin necesidad de denuncias en los medios. Pero claro, estamos hablando de Panamá. Acá donde nos la agarramos con papel de fumar. Aquí donde la simonía, al parecer no es un delito, y donde el que tiene la cara más dura es el más envidiado.

A los honrados, lo poco que les queda, además del derecho al pataleo, es maldecir. A ver si los rayos divinos empiezan a caer, parten a alguno a la mitad, y se llevan sus negras almas al quinto círculo infernal.

Malditos seáis, pues ya dice Isaías que solo será salvo el que sacude sus manos para no recibir cohecho.

Malditos seáis los corruptos fariseos, sepulcros blanqueados llenos de codicia y orgullo, porque ya dice Timoteo que el ansia de riquezas hunde a los hombres en las miasmas, y que es la raíz de todos los males, que a muchos llevará a la perdición eterna.

Quiero que la justicia humana haga su trabajo. Sí. Y luego quiero maldeciros a todos. Y si alguno no se lo merece, que Dios escoja a los suyos.

COLUMNISTA