Temas Especiales

09 de Mar de 2021

Cultura

Homofobia y poca comprensión lectora

‘Panamá es de Dios', afirman con seriedad unos cuantos iluminados en las redes sociales.

Me enfrento a este recuadro de pantalla en blanco con una pizca de frustración. Se los aseguro. Miren, voy a confesarles algo, a mí me gustaría poder decir ‘¡Qué bien!'. Aplaudir y felicitar. Aunque fuera de vez en cuando, en pequeñas cosas. Pero es que no me dejan, oiga. No hay manera. Están empeñados en que este aullido sea siempre con dentellada incluida.

‘Panamá es de Dios', afirman con seriedad unos cuantos iluminados en las redes sociales. Y yo, ojiplática y patidifusa, me pregunto si ellos sabrán qué carajo están afirmando. Veo a una panda de tarúpidos protestando en las escaleras de la Corte y alucino. En primer lugar, lo que entregarle un país completito a un dios, sin un referéndum previo y conteo de votos ¿no les suena un tantito excesivo? ¿Quién definió eso? Y en segundo lugar ¿a qué dios se le está entregando la vaina? ¿Al que acepta exhorta y encomia la dulía y la hiperdulía? ¿Al que solo reconoce como salvadora la latría? Vale, aceptemos (y es mucho aceptar) que es el mismo dios el de los católicos y el del resto de las ramas de cristianos protestantes, lo aceptaremos porque todos aceptan la Biblia como la palabra de ese dios. Entonces podemos suponer que, tal y como ellos mismos vociferan, es a la Biblia a donde nos tenemos que remitir para que guíe nuestros pasos. Efectivamente, enarbolan la Biblia y el artículo 35 de la Constitución de la República (donde se reconoce la mayoría católica, señores, no ‘cristiana', católica, que no evangélica, ni protestante, ojo a ese pequeño dato), enarbolan la Biblia digo para privar a otros ciudadanos del derecho a unirse con aquella persona de su elección.

Pero lo que más me asombra es que muchas de las que se manifiestan en contra del matrimonio entre contrayentes del mismo sexo son mujeres. Mujeres que se aferran a la palabra de la zarza ardiente como a un clavo ídem. Y yo me pregunto ¿esas señoras habrán leído despacito ese libro que dicen que tiene la palabra del dios al cual adoran? ¿Habrán leído los noventa y seis (96) versículos donde su dios legisla sobre golpear, asesinar y violar mujeres, utilizarlas como objetos sexuales, como botín de guerra y prostituirlas? Me dirán que aquellos eran otros tiempos, exactamente, eran otros tiempos, entonces ¿por qué mantener una postura retrógrada y estúpida acerca de la aceptación de la unión homosexual en nombre de un libro escrito ‘en otros tiempos'?

¿Cómo justifican que hoy sigamos aplaudiendo como focas Lev 18,22 o Lev 18, 29 sabiendo que, en el mismo libro también decretan que está bien que los hombres tomen como botín de guerra y se repartan a las niñas que sean vírgenes. ¡¿Como pretendemos que ustedes acepten una Ley de Educación Sexual si adoran a un dios que decreta que las púberes son meros objetos sexuales para los varones de su dios?!

Pero no se asombren, la homofobia y la misoginia suelen ir juntas en la mayor parte de los casos, no se confundan, señoras, si su pastor o el padre de su parroquia vocifera contra los homosexuales es muy probable que en el fondo, aunque ni él mismo lo sepa o quiera reconocerlo, es también un misógino.

Hay pocas cosas que me asombren ya, pero aún me pasma que haya tanta ignorancia ciega, tanta cacatúa amaestrada, tanto imbécil repitiendo consignas sin pararse a meditar realmente en lo que dice.

Lean la Biblia, queridos míos, entera. Lean lo bueno, (algo hay), lo malo (unos cuantos cientos de versículos) y lo feo. Tengan fe. Crean en Dios, pero no coman cuentos.

COLUMNISTA