La Estrella de Panamá
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18 de Oct de 2019

Cultura

Orgasmos

La Jornada Mundial de la Juventud ha sido un éxito, a pesar de políticos y fanáticos

Patitiesa y ojiplática me he quedado cuando una usuaria de una red social trinó rambuleramente hace unos días diciendo que ‘ser ateo, (sic) debe ser como esa gente que no tiene orgasmos'. No tengo ni idea de cómo debe ser ser atea, y tampoco puedo saber lo que es ser anorgásmica, aunque estos dos estados no me despiertan demasiada curiosidad; lo que sí me gustaría que me explicasen es cómo se siente ser un zote que confunde un desajuste médico con una decisión personal. O divina, porque hasta donde mi poco entendimiento me permite recordar, la fe es un don divino, es decir, si no la tengo ¿no debería ser culpa de ese dios en el que no puedo creer porque no me ha concedido Su Gracia? Bueno, dejémoslo de este tamaño, que yo no soy teóloga y que doctores tiene la Iglesia para dirimir si la fe y los orgasmos tienen la misma participación divina y plumífera.

No, señores, no voy a criticar la Jornada Mundial de la Juventud, no he querido criticarla hasta ahora, y me resisto a hacerlo, no quiero resaltar la burla que es para todos los ciudadanos el que reparen en semanas lo que llevaba dañado años, que en unos meses terminen obras elefantiásicas que estaban durmiendo el sueño de los justos, no quiero atacar lo triste que es constatar lo poco que les importamos a los politicastros los de casa, cuando pierden el culo para atender al de afuera.

No voy a hacerlo porque yo sabía que todo iba a ser un dechado de alegría, porque el panameño es intrínsecamente bueno y tiene una formidable capacidad de adaptación a los inconvenientes, porque de todo hace una fiesta y se ríe y la resiliencia de este pueblo magnífico sortea todas las metidas de pata de los que deberían ayudar en lugar de estorbar, su generosidad y su voluntad de dar y darse iban a convertir, sin duda, estos días en una fiesta que los peregrinos no iban a olvidar jamás.

Pero no puedo quedarme callada ante los tarados que hacen gala de su imbecilidad supina una y otra vez, porque la Jornada Mundial de la Juventud ha sido un éxito a pesar de políticos y fanáticos. Ha sido un jolgorio a trancas y barrancas, a pesar de las improvisaciones y los fallos estúpidos. A pesar de la falta de cálculo y la falta de previsión.

A pesar de los apagones que dejaron a cientos a varios metros de altura y que no terminaron en tragedia porque creo que los dioses estaban mirando para este trocito de tierra. A pesar de que la falla en la seguridad dejó escapar a un espontáneo que, si no llega a ser por la experiencia del chófer del pontífice, pudo haber protagonizado una tragedia. A pesar de que el Excelentísimo Señor Presidente haya vuelto a hacer gala de su ignorancia supina mitificando de nuevo la historia y contando, en directo y a todo el mundo conocido, que Bolívar estuvo en Panamá cuando es notorio y conocido que nunca pisó el istmo. Porque a estas alturas del partido ya deberían haber aprendido a ser mandatarios, y no, por lo visto se van a ir igual que llegaron: siendo unos meapilas y unos mitómanos beatos, santurrones y gazmoños que solo quieren brillar para la galería sin importarles los problemas de fondo.

Pues qué quieren que les diga, quizás los que necesitan unos cuantos orgasmos más son los que no son capaces de ver más allá de sus narices y se creen que su visión del mundo es la única visión del mundo.

COLUMNISTA