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17 de Oct de 2019

Cultura

Un Picasso, entre el azul y el rosa

En Basilea, Suiza, la Fundación Beyeler reivindica la obra más temprana del pintor español en una exposición considerada como una de las más importantes de Europa en la actualidad

‘Cuando yo era pequeño mi madre me decía: si te haces soldado, llegarás a general; si te haces cura, llegarás a ser papa. En cambio de todo eso decidí ser pintor y me convertí en Picasso'. Con esta frase, la Fundación Beyeler en Basilea, Suiza, abre la muestra más elaborada y costosa que ha albergado hasta hoy: ‘El joven Picasso, la época azul y rosa', que abarca el período de 1901 a 1906 del pintor malagueño.

Por primera vez en Europa, se presentarán conjuntamente las obras maestras de esta importante fase en la vida del pintor. Los cuadros de este tiempo son de los más hermosos y emotivos de la modernidad clásica, y muy probablemente nunca vuelvan a verse reunidos en un solo lugar. Cuatro años se han necesitado para que la Fundación Beyeler pueda recopilar en museos y en colecciones privadas —de Europa, Estados Unidos, Canadá, Rusia, China y Japón— los cerca de 80 lienzos y esculturas que estarán expuestos en el museo hasta el 5 de mayo de 2019. Sin duda, uno de los hitos culturales del año en Europa.

EL JOVEN PICASSO

Poco se puede apuntar que no se haya dicho ya de este artista temperamental, experimental y talentoso que desde muy joven mostró y demostró a la sociedad del siglo XX todo lo que era capaz de crear su genio. Lo diferente de esta muestra, sin embargo, radica en el acercamiento a la obra del joven Picasso, ese que empieza a experimentar con los colores, las formas, las texturas; el pintor que busca su identidad. El Picasso en el que es fácilmente reconocible la influencia de los grandes artistas que va conociendo y reinventando en su estadía en París. Lienzos que recuerdan las pinceladas de Van Gogh, como el autorretrato ‘Yo Picasso' elegido por el comisario de la exposición, Raphael Bouvier, para presidirla; cortesanas en los ambientes de Toulouse Lautrec; curvas, colores y motivos que se inspiran en Gauguin, pero siempre desde la mirada del joven de provincias español que se entregó a la pintura en París.

Es una época marcada por la pobreza pero de una energía creativa única; la época azul destaca por la nostalgia y el dolor en sus cuadros que homenajean a su difunto amigo Carles Casagemas, artista atormentado que murió por el amor de una prostituta parisina, con quien luego Picasso tendría una relación: Germaine, inmortalizada en el cuadro ‘La vida', de 1903.

Tiempo (1901-1904) en el que se acerca a la condición humana, retrata a los marginales de la sociedad parisina de inicios de siglo XX; circunstancia que experimentó en los barrios pobres de la urbe. Es el París de las mujeres de burdel, de los enfermos y ancianos, gente excluida y olvidada. Es el París oscuro, del que aprende y que va forjando al genio que años más tarde pintará el Guernica, testimonio del dolor y el horror de la guerra.

En contraparte, alrededor de 1905, ese mismo Picasso deja atrás aquella época de penalidades y poco reconocimiento y empieza a adentrarse en la época rosa, ‘como las mejillas de una dama', así la definió su amigo el poeta francés Guillaume Apellinare.

Ya establecido en Francia, empieza a perfilarse un artista más alegre, sus cuadros reflejan la esperanza, empiezan los juegos con las formas geométricas, con el estilismo de los cuerpos; es la época de los malabaristas, acróbatas y arlequines, aunque siguen manteniendo ese toque melancólico de la etapa azul. De esta época es su visión propia y circense de la sagrada familia en el cuadro ‘Familia de acróbatas con mono', un arlequín demacrado sentado junto a su esposa con su hijo. A la derecha de la mujer está el mono contemplando a la pareja. En este cuadro se percibe un dibujo elegante y armonioso, una atmósfera más serena, aunque los rostros siguen con cierta melancolía. Y es precisamente en el modo de tratar los rostros y la composición de las figuras donde la obra recuerda obras maestras renacentistas como la sagrada familia de Rafael. Aquí empieza a perfilarse en el artista el descontento con la forma prestablecida para empezar a experimentar, a saltarse la norma y perfilar al genio de años posteriores.

Asimismo, la fundación ha querido rendirle un homenaje completo al artista más importante del siglo XX y además de exponer las obras de la época azul y rosa, muestra obras de su exposición permanente que pocas veces están en exhibición, algunas de ellas adquiridas o donadas por el mismo autor; sin duda una oportunidad única para acercarse a este artista y su obra.

BASILEA Y PICASSO, UNA RELACIÓN ESTRECHA

‘En esta iniciativa se muestran obras de su exposición permanente que pocas veces están en exhibición, algunas de ellas adquiridas o donadas por el mismo autor'.

En 1967, el arte logró un milagro en la ciudad de Basilea. Por esos años el mundo del arte estaba en crisis y dos cuadros de Picasso, ‘Los dos hermanos' y ‘Arlequín sentado', colgaban cedidos por el coleccionista de arte Rudolf Staehlin en el Museo de Arte de Basilea; sin embargo, problemas económicos en la familia obligaban a venderlos en el extranjero. Rápidamente, un grupo de jóvenes amantes del arte consiguieron movilizar a los votantes de la ciudad e invirtieron más de seis millones de francos (5 millones y medio de dólares) para evitar que abandonen el museo. Cuando la noticia llegó a oídos del artista, se sintió tan conmovido por la muestra de afecto de los ciudadanos de Basilea que donó a la ciudad tres cuadros más y un dibujo; desde entonces se ganaron su lugar en el museo de la ciudad.