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16 de Jan de 2020

Cultura

Ver el mundo con otros ojos

Para la crítica literaria y cultural Alexandra ortiz Wallner, el momento del que somos testigos en la literatura latinoamericana es fascinante en cuanto a la diversidad de voces, pero hay que dejar pasar un poco el tiempo para poder apreciar mejor qué caminos tomará

Alexandra Ortiz Wallner durante la Semana de autor dedicada a Horacio Castellanos Moya en Madrid, junio de 2019.Casa de América Madrid

En esta versión de Facetas entrevistamos a Alexandra Ortiz Wallner, crítica literaria y cultural salvadoreño-alemana. Nació en San Salvador, El Salvador, y creció en varios países centroamericanos en un núcleo familiar bilingüe y bicultural (hija de padre salvadoreño y madre alemana). Estudió filología española y obtuvo una maestría académica en literatura latinoamericana en la Universidad de Costa Rica; se doctoró en literatura en la Universidad de Potsdam, Alemania, becada por el DAAD (Servicio Alemán de Intercambio Académico). Es docente e investigadora de literaturas latinoamericanas en el Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Universidad Libre de Berlín. Ha sido profesora invitada de literaturas latinoamericanas en universidades de Europa, América Latina e India. Es una reconocida especialista en estudios literarios y culturales centroamericanos y autora de la monografía El arte de ficcionar: la novela contemporánea en Centroamérica (2012), así como coeditora de varios libros y volúmenes en el campo de los estudios centroamericanos. Dentro de sus demás actividades académicas es miembro del Consejo Editorial de 'Istmo. Revista virtual de estudios literarios y culturales centroamericanos' y es co-fundadora de RedISCA Red Europea de Investigaciones sobre Centroamérica; desde 2018 coordina la sección dedicada a Centroamérica en el proyecto del CSIC (España) “Editores y Editoriales Iberoamericanos (siglos XIX-XXI) EDI-RED”. Como crítica literaria y cultural colabora desde 2018 con el Festival Centroamérica Cuenta. A lo largo de los últimos diez años ha organizado lecturas, ciclos y actividades culturales con autoras y autores latinoamericanos en Berlín y ha sido la crítica literaria invitada de Deutsche Welle Español, así como de Casa de América Madrid para el ciclo Semana de Autor. Asimismo, ha sido jurado de varios concursos y premios literarios, entre los que destacan el Premio Centroamericano Carátula de Cuento Breve y el prestigioso Premio Anna Seghers.

¿Podría reconocerse una literatura centroamericana con temas o tratamientos muy propios?

Es una pregunta interesante que se le puede hacer a cualquier literatura nacional, regional o mundial hoy en día. La composición de las literaturas centroamericanas actualmente es, gracias a su condición de literaturas sin residencia fija, una muy diversa en cuanto a estilos, estéticas y temáticas tratadas, así como en cuanto a los géneros literarios. Tal vez se podría afirmar que el tema de la memoria (individual y colectiva, del pasado reciente y no tan reciente) es una tendencia que se ha mantenido constante desde el boom de novelas históricas que hubo a partir de la década de 1990 y que en estos últimos años ha tomado otras formas de ser narrada, por ejemplo, desde la ficción y la autoficción. Por otro lado, tenemos cada vez más textos de autoras y autores centroamericanos escribiendo desde fuera del istmo, no pocas veces en otros idiomas, sobre todo en inglés. Aquí, el tema de la memoria se cruza con temas como el desarraigo, las identidades híbridas, las migraciones y la violencia. Múltiples formas de violencia aparecen en las literaturas centroamericanas, sin duda, pero la violencia aparece en todas las literaturas, con acentos y enfoques particulares. En Centroamérica, la narrativa policiaca y la novela negra han logrado crear un espacio propio. Otro tema que me parece destacable es el que se relaciona con el medio ambiente, especialmente con el extractivismo, las amenazas a los recursos naturales y las asimetrías del poder implicadas en detrimento de las poblaciones autóctonas que defienden el agua, la diversidad vegetal y animal. Este campo temático no es nuevo, ha sido narrado al menos desde la literatura de los enclaves bananeros y canalero en las primeras décadas del siglo XX y continúa hoy. De manera implícita, están aquí contenidas las grandes dicotomías de la modernidad latinoamericana: civilización vs. barbarie, ciudad vs. campo. Mencionaba antes la inclinación por subgéneros literarios como la autoficción y la narrativa policiaca, a ambas las veo como parte de una tendencia más amplia de narrar, bastante extendida en las literaturas centroamericanas: se trata del tratamiento realista que se hace de los temas. Creo que la impronta realista está muy anclada en las literaturas centroamericanas. Otro caso en esta misma línea es el resurgimiento de la crónica y el gran éxito y reconocimiento que han obtenido recientemente crónicas sobre la migración, las pandillas y el mundo del narco. Esto no quiere decir que el realismo sea la única perspectiva desde la que se narra y escribe, sin embargo, pareciera destacar como estética y como lugar de enunciación. Tal vez de ahora en adelante vamos a ser también testigos de cambios en este registro. Lo pienso en relación a la era de la vigilancia digital y virtual en la que estamos viviendo y cómo estas formas de dominación y condicionamiento de nuestros afectos, gustos y decisiones puede ser material para una profunda reflexión existencial desde la escritura literaria que juegue, por ejemplo, con la disolución de los límites entre lo real y lo virtual, o, con mundos posibles diferentes, fuera o dentro, de la matriz neoliberal. A la vez, sigo con mucho interés y atención el creciente espacio que van teniendo las voces literarias de sexualidades diversas no heteronormativas y la fuerza con que la dramaturgia y el teatro, junto con la literatura infantil y juvenil, están haciéndose presentes en el campo literario centroamericano.

¿Cómo es el posicionamiento de esta literatura en los mercados y públicos dentro y fuera de América Latina?

“Creo que la impronta realista está muy anclada en las literaturas centroamericanas. Otro caso en esta misma línea es el resurgimiento de la crónica y el gran éxito y reconocimiento que ha obtenido recientemente”.

Así como las literaturas centroamericanas se han ampliado y diversificado en sus formas y contenidos, el mercado de las literaturas centroamericanas también se mueve, cambia. No se trata aquí de compararlo con mercados del libro y dinámicas editoriales y de lectura como las que conocemos en el Cono Sur, México o incluso España, sino de ver el panorama desde las dimensiones centroamericanas y sus particularidades y sobre todo desde su crecimiento y ampliación en las últimas décadas. Me gustaría subrayar que se trata de una serie de factores que en mayor o menor medida están conectados y se complementan. Por un lado, tenemos las ferias del libro, locales, nacionales e internacionales. De las ferias internacionales hay que destacar las de Guatemala, Costa Rica y Panamá, cuya continuidad es ya un enorme logro en una región en la que los gobiernos de turno siguen menospreciando la centralidad de la cultura como eje fundamental de todo desarrollo humano. Luego contamos con sistemas nacionales de premios literarios y la posibilidad creciente de que escritoras y escritores del istmo participen y ganen en concursos de premios literarios internacionales como ha sido, por ejemplo, el caso de los premios internacionales Manuel Rojas y José Donoso, ambos de Chile, que han sido otorgados a algunos de nuestros autores. Siguiendo con la serie de factores imprescindibles –y que son una realidad en toda la región– contamos con importantes festivales literarios, el más relevante y de mayor alcance internacional es Centroamérica Cuenta, cuyo creador y presidente es el autor nicaragüense Sergio Ramírez, Premio Cervantes 2017. Centroamérica Cuenta se realiza anualmente desde 2013 y a partir de 2019 se va a llevar a cabo en diferentes capitales centroamericanas. En 2019 fue en San José de Costa Rica y este 2020 será en la Ciudad de Guatemala. En este contexto internacional es importante mencionar las traducciones y sobre todo la existencia de una literatura centroamericana escrita en inglés y publicada sobre todo en los Estados Unidos. Luego, no hay que olvidar el crecimiento en cantidad de locales que han tenido las librerías en Centroamérica en la última década, esto es motivo de celebración, puesto que cuentan con libreras y libreros extraordinarios. Y por último, tal vez el factor que más ha dinamizado el ecosistema literario centroamericano en los últimos 15 años: la consolidación de las editoriales independientes y del trabajo de la edición independiente. Este factor ha transformado de forma radical y sostenible el panorama al poner en marcha la publicación y circulación de más autoras y autores (incluido el rescate de textos clásicos y de culto), y al promover el intercambio entre las diferentes literaturas nacionales del istmo, a la vez que traen la literatura latinoamericana más actual a la región a precios accesibles. Gracias a la edición independiente, las redes literarias crecen, se transforman; se crean nuevos cánones o anti-cánones literarios y la idea de un aislamiento de las literaturas centroamericanas puede ser superada.

¿Podríamos esperar un nuevo 'boom' de la literatura latinoamericana?

El mercado mismo ha creado ya la idea de que estamos en pleno nuevo boom de la literatura latinoamericana, esta vez liderado y conformado casi exclusivamente por autoras. No creo que sea esto lo que yo le deseo a la literatura latinoamericana contemporánea. Sin duda, el momento del que somos testigos es fascinante en cuanto a la diversidad de voces, pero hay que dejar pasar un poco el tiempo para poder apreciar mejor qué caminos tomarán las literaturas latinoamericanas, más allá de lo que el mercado imponga. Al menos a mí me interesan mucho más las exploraciones estéticas, las posibilidades del lenguaje llevado a sus límites, las búsquedas de nuevas formas de narrar que está presente en la producción literaria actual y pienso continuar siguiéndoles la pista.

Has trabajado como profesora en América Latina, Europa y Asia. ¿Qué enseñanzas te han marcado más en estos escenarios académicos y humanos?

Ver el mundo con otros ojos

He sido muy afortunada porque mi trabajo me ha permitido conocer contextos culturales y académicos nuevos, cada una de mis estancias ha sido un aprendizaje mutuo e inolvidable. Con muchos de mis antiguos estudiantes sigo en contacto y me enorgullece cada vez que recibo noticias de cómo se van desarrollando sus carreras y opciones de vida. Tendría mucho que decir acerca de las enseñanzas que se han quedado conmigo y que he incorporado a mi quehacer cotidiano como intelectual y como profesora. En un esfuerzo de síntesis, te puedo decir que mi generosidad y humildad intelectuales se vieron reforzadas en cada una de estas experiencias cada vez que, gracias a mis estudiantes, pude ponerme en otro lugar de enunciación y pude desde allí ver el mundo con otros ojos. Cada experiencia docente ha sido central para comprender mejor el papel que cumplimos los maestros en estimular el pensamiento crítico y en hacer nuestra una ética pedagógica en el diálogo continuo que tenemos con nuestros estudiantes.

¿Podrías contarnos un poco qué temas o preocupaciones mueven hoy día a una académica como lo eres?

No es una pregunta fácil de responder. Como humanista te diría que me preocupa todo, o mejor dicho, todo me interpela como una cuestión urgente para pensar y comprender nuestro tiempo. Más concretamente estoy trabajando actualmente en la escritura de mi segunda monografía, se trata de un libro que presenta y analiza varios casos de intelectuales latinoamericanos de las primeras décadas del siglo XX y sus vínculos con textos, figuras intelectuales y literarias, así como con tendencias del pensamiento anticolonial provenientes de la India previa a su independencia en 1947. En términos generales, mi libro ofrece una re-lectura radical del concepto de ciudad letrada que heredamos de Ángel Rama, al contrastar una serie de proyectos intelectuales y pedagógicos de inicios del siglo XX en sus diálogos con estas fuentes provenientes de Oriente. De alguna manera es también un diálogo a contrapelo con el libro de Edward Said, Orientalismo (1978). Este libro estará listo este año. Otros proyectos que vengo trabajando más lentamente y que retomaré una vez terminado el libro tienen que ver con una investigación sobre archivos feministas centroamericanos que cubre las décadas de 1970 y 1980 desde trayectorias de mujeres escritoras, intelectuales y activistas. Hay otra investigación en la que estoy iniciándome que es sobre teatro y dramaturgia centroamericanos y uno muy reciente que tienen que ver con la novela gráfica en Centroamérica a partir de la publicación de Duelo, una novela gráfica sobre la invasión de los Estados Unidos a Panamá en 1989.