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13 de Apr de 2021

Cultura

Una reivindicación al trabajo de los fotoperiodistas de los años '80

La exhibición virtual 'Fotografía y Política: la lucha por la democracia en Panamá' ofrece una muestra del trabajo que realizaron fotógrafos panameños en un momento muy convulso de la historia reciente. Da la oportunidad además, de revisar qué ocurre con nuestros archivos fotográficos y los usos que podemos dar a las nuevas tecnologías

¿Dónde queda ese museo? Ha sido una de las preguntas que más ha reiterado el público que ha tenido la oportunidad de visitar el sitio fotografiaypolitica.com, que acoge la exhibición virtual “Fotografía y Política: la lucha por la democracia en Panamá”. La respuesta de “ese museo no existe” sorprende a los interesados. Y obviamente, el museo existe, aunque solo en formato virtual. Es un interesante recurso que la tecnología ha ofrecido ante situaciones como la que vivimos, en la cual no es posible reunirnos y que también soluciona el problema de la falta de espacios museísticos o de exhibición que puedan presentar proyectos como este, que nace de la donación de los archivos fotográficos de Marcos Guerra, fotógrafo que documentó las campañas políticas de 1984 y 1989 de Ricardo Arias Calderón, a Teresita Yániz de Arias.

Puede hacer el recorrido, detenerse ante cada imagen, seleccionarla y leer sus detalles.Virtualart Pty

El interés de aprovechar esta colección llevó a Yániz de Arias a contactar a curadora Maylín Pérez Parrado, quien ha estado al frente de la Fototeca de Panamá y en ese momento se iniciaron las conversaciones sobre qué hacer con estos documentos históricos.

“Una de las cosas que Teresita me dijo era que ella no quería hacer un proyecto sobre la obra o la carrera política de Ricardo, sino un proyecto que hablara sobre esa etapa”. Cuenta Pérez Parrado.

Si esta era la intención, consideró la curadora, las imágenes de Guerra no serían suficientes, no por cantidad sino por extensión temática. Junto con la periodista Lineth Del Cid, empezaron a idear la forma de recoger un material que, a todas luces, estaba desperdigado. Arrancó entonces un proceso de investigación, visitar la Biblioteca Nacional, su hemeroteca, revisar archivos, contactar fotógrafos que pudiesen tener algún material de ese entonces. “Esta investigación no partió de imágenes sino de archivos. Veía el archivo, en él había una foto, estaba el nombre del fotógrafo y comenzaba a investigar”, recuerda Pérez Parrado.

Del Cid contactó a algunos fotógrafos con Parrado, algunos de ellos tendrían grandes archivos, como José Ángel Murillo, Alberto Muschett, quien había estado fuera del país, Carlos Guardia, quien falleció hace algunos meses, entre muchísimos otros. “Debí acercarme de forma directa y física porque este un tema muy complicado. Me di cuenta de que cuando hablas de la década de 1980 en Panamá, las personas se cierran”, comenta. No quedaba muy claro para qué estaba buscando ese material una persona que no es panameña —Pérez Parrado es cubana— y que, por su edad, no estaba para nada familiarizada con los hechos que ocurrieron entonces.

“Compré y leí muchos libros, entré en subastas online, empecé a recopilar datos y a fomentar un poco más la investigación. Y a ver fotos. Creo que hemos visto más de 10 mil archivos”, comenta.

Para la selección de imágenes, Pérez Parrado tomó en consideración algunos elementos. “Tuve en cuenta primero que abarcaran diversos fotógrafos, diferentes trabajos; que respondieran al título que tiene la exhibición y que no lo hicieran dentro de una perspectiva agresiva en términos visuales sino de una narrativa que incluyera, sí represión, porque la hubo, pero también una respuesta social, manifestaciones, participación ciudadana a través de multitudes, que incluyeran niños, evitar la fotografía en primer plano porque la intención no es destapar más odio”, explica.

Por último, pero no menos importante, la calidad de las imágenes. Algunos archivos muy dañados no pudieron ser utilizados y se debieron reemplazar.

“Fuimos poco a poco construyendo toda la idea y teniendo en cuenta que cada foto respondiera a un contexto nacional que están establecidos en la sala virtual. Ese fue un gran reto”, cuenta la curadora.

Un enfoque claro

Luego de la recopilación había que tener claro para quién se iba a hacer este proyecto. “Le dije a Teresita que en mi opinión, por la magnitud del proyecto, debía ser en un museo”, afirma. Y se armó un proyecto inicial con unas 150 imágenes, pero se encontraron con una apabullante realidad: los museos no se mostraron interesados en la exhibición. Consideraron otros espacios, sin llegar a tomar alguna decisión. Luego se presentaría la pandemia.

“El trabajo estaba prácticamente concluido yo me decía, 'tenemos que hacerlo'. Teresita se lamentaba de que no pudiera concretarse el proyecto y que el trabajo se fuera a perder. Yo le dije 'no, no se va a perder”, recuerda.

En aquel momento le llegó la recomendación de Virtualart Pty empresa establecida en Panamá por Liber Benítez Reinoso y Mónica Martín Villaescusa, quienes al cierre del Taller Articruz, debido a la pandemia, decidieron llevar adelante proyectos variados de diseño, incluyendo gráficas en 3D y 360°.

“Los contacté y decidimos hacer toda esta exhibición virtual con un gran riesgo porque como curadora, nunca había hecho algo de este tipo y la museografía es totalmente distinta”, cuenta.

Los pisos, los colores de las paredes, la iluminación y el mobiliario debieron ser definidos por el equipo.

Debió hacerse una reorganización de la información, pues la que se tenía prevista no era para ser usada en este formato, También hubo que descartar algún contenido, se mantuvieron unas 80 imágenes y algunas debieron ser cambiadas. Este proceso tomó unos dos meses.

Un lienzo en blanco

A diferencia de una galería o un museo, en que los espacios están ya establecidos, en una exhibición virtual se debe partir creando el plano, estableciendo el tamaño de cada uno de los espacios y marcando un recorrido que tenga sentido lógico, aunque el espacio no corresponda a un lugar específico.

“El proceso es muy dinámico”, asegura el diseñador Liber Benítez, “porque hasta después de que se levanta la planta puedes hacer cambios; es la ventaja de la tecnología, no es una estructura real en la que si quieres derribar una pared o alargarla, no lo puedes hacer”.

Partiendo de la cantidad de obra fotográfica se estableció un espacio. Además se incluyeron tres videos y el texto curatorial. Con esos elementos se trabajó el plano básico, después la colocación de la obra y finalmente el terminado: la selección de colores, mobiliario, luces, ventanas, plantas, incluso tomacorrientes y salidas de aire acondicionado.

“A mí no me interesaba que la museografía fuera innovadora, porque realmente lo innovador ya está en lo tecnológico: los renders y las facilidades de navegación, del usuario”, comenta Pérez.

El recorrido

El hecho de que el espacio sea virtual no exime al curador de mantenerse dentro de una serie de reglas que hacen que el recorrido tenga sentido. “Un recorrido expositivo debe empezar de derecha a izquierda, debe tener gráficos de atracción de valores - una explicación científica de por qué pones la foto en este lado y no en el otro lado- , tiene que saber entonces, qué es lo que da el valor, el valor lo da la foto, y las fotos tienen que tener cierta intensidad”, detalla.

Aparte de mantener un orden cronológico, la exhibición inicia con fotos lineales, narrativas, fotos que no tienen un impacto visual como sí se van a encontrar a mitad de exhibición.

Además de cerca de 80 fotografías la exhibición cuenta con tres videos.

“El diseño de la exhibición, la orientación de las obras responde en gran medida a las características de las obras. El curador analiza las obras, les otorga un valor que dependerá de elementos como color, perspectiva, intensidad, textura... tú recolectas toda esa información y decides qué quieres despertar en el espectador”, dice. Así como en una narración escrita, con imágenes hay un inicio, un nudo y un desenlace.

Y claro, se requiere de responsabilidad a la hora de manejar acontecimientos históricos que al día de hoy generan incomodidad en algunas personas.

“Estoy consciente de que se trata de una etapa muy convulsa, compleja, en la que todavía queda mucho por sanar. El proyecto no creo que ofenda a nadie, narra una etapa”. Una etapa en la que hubo una gran polarización. No hay textos interpretativos. Las imágenes hablan por sí solas.

“Estoy contenta con el resultado visual de la exhibición, en cuanto a la variedad de imágenes. No creo que haya habido que incluir más nada, sin embargo, me hubiera gustado ahondar más en la situación política en el interior del país. Aunque incluimos algunas fotos de Penonomé, de Colón, Chiriquí, realmente eso lo que me mostró es que la magnitud del proyecto es tan extensa y tan rica, que haría falta extender la muestra”, considera Pérez Parrado.

Pero prefirió ofrecer al público una muestra limitada que despertara el interés en buscar más, en lugar de abrumarlo con una gran cantidad de archivos.

Nuestros fotógrafos

“Lo que sí le interesaba expresamente a Pérez Parrado es que hubiera material de fotógrafos panameños porque “es importante que a los fotoperiodistas y fotoreporteros de la época se les dé la connotación y reconocimiento que su obra merece en esa etapa”, afirma.

El veranillo democrático luego de la firma de los tratados Torrijos Carter generó un gran interés en los medios locales ya establecidos, los nuevos y, por supuesto, las grandes agencias internacionales de noticias. De Panamá, las agencias de noticias y cadenas internacionales requerían información diaria tanto en textos como imágenes y videos.

Pero otra realidad es que también hubo cierre de medios y censura. De algunos hechos hay poca documentación porque los censores dieron orden de destruir el material. Y en otra situación, los fotógrafos no han mantenido copia de su trabajo pues pertenecía al medio para el que laboraban y en algunos casos, no se han conservado o archivado correctamente.

“Este proyecto viene a saldar esa deuda de relación y comunicación entre la agencia de prensa, el fotógrafo y la sociedad. Allí hay un valor muy grande en el proyecto”, asegura Pérez. “Es el primer proyecto que logra reunificar el fotoperiodismo con una propuesta de exhibición de esta magnitud”, agrega.

Memoria visual

Otro logro de la exhibición es que conecta con la memoria visual del país de forma muy específica, objetivo primordial del proyecto. “Recibí un correo de una persona que me dijo 'yo estaba allí”, señala la curadora.

Y así como hay personas que han revivido estas situaciones que ocurrieron hace más de 30 años, nuevas generaciones también se han interesado por conocer más detalles de esta etapa de nuestra historia. “He recibido unos 200 correos. La gente se está inscribiendo en los conversartorios que hemos organizado y hay gente de todas las edades, jóvenes, gente mayor, eso es un logro y creo que hacía falta mover un poco el piso con este tema, pero sin ofender”. De acuerdo con Pérez, hasta el momento, la respuesta ha sido muy buena.

El proyecto va a estar disponible en su formato virtual por un año como mínimo. Se van a realizar cuatro conversatorios en los que participarán todos los involucrados en la exhibición y se proyecta, a lo largo de este año, realizar diferentes tipos de actividades e incorporar nuevas imágenes al sitio web.

“Quisiera que las escuelas la visiten, los estudiantes pasen, nuestro objetivo no es ir contra nadie, es narrar una parte de la historia que en mi opinión tiene muchas caras, muchas interpretaciones y se necesita saldar, sanar y superar, para estar unidos y que el país mejore”, puntualiza.

Panamá y sus archivos fotográficos

“Conozco ya a Panamá y la conozco a través de mi propio acercamiento, mi propia curiosidad. Y eso me enorgullece mucho. Quiero mucho a Panamá y por eso soy muy crítica con Panamá”. Con estas palabras Pérez Parrado empieza a expresarse sobre la situación de los archivos y colecciones fotográficas locales. “Cuando empecé a investigar, uno de los grandes descubrimientos para mí es que más del 70% (un cálculo personal) de las colecciones están en manos privadas y eso me asombró mucho. Ver cómo hay poca colección a disposición de la población”, comenta.

Y con el hecho de que las colecciones estén en manos privadas, para desarrollar un proyecto de estas características, corresponde tocar puerta por puerta. “Vas contactando y de repente alguien no te quiere dar la foto… entonces dependes de las relaciones humanas. Y eso es un peligro. Porque ninguna historia de un país, en mi opinión, o ningún fondo o archivo fotográfico de esta magnitud debe depender de los intereses personales sino de todos los intereses públicos y sociales”, argumenta.

“Pienso que el Ministerio de Cultura tiene que hacer más por la fotografía, hay que ser más solidarios con la fotografía. Yo espero que este proyecto ayude a visualizar la importancia que tiene la fotografía para este país. Porque hoy fue 1980-90, mañana es el siglo XIX, yo estoy llevando ahora la colección de la Fototeca de Panamá y lo que vemos del siglo XIX es extraordinario. Y no recibimos ni un solo peso gubernamental, porque no hay un fondo para la fotografía. Habría que establecer un fondo, al menos uno al año”.

La curadora agradece el trabajo que a su juicio ha estado haciendo bien la Biblioteca Nacional, en cuanto a la digitalización de sus archivos. “Allí tú encuentras una digitalización de archivos que es muy interesante, de periódicos sobre todo, de fotografías hay muy pocas, pero tienen”, sostiene.

“Los archivos están, lo que hace falta es una institución o alguien que los organice”, asevera. “Si tomamos como base todas las colecciones privadas que se mencionan en el proyecto, ya es una partida, hay como 10 colecciones, vamos a tocar puertas y ver. Y te puedo decir que me parece que habrá mucho material por redescubrir”.

Y el tiempo y el clima tropical húmedo de Panamá conspiran contra este propósito.

“Teresita me dijo que ella su colección piensa donarla a la Biblioteca Nacional, espero que otras personas que tengan colecciones también lo hagan, porque mejor que se aproveche colectivamente y no terminen deterioradas en el fondo de un armario. Hay tantas cosas por allí escondidas...”, adivina.

Para Benítez esta exhibición es como un regalo porque la licencia es de distribución libre, cualquiera puede entrar verla, incluso descargar el catálogo en versión pdf. Lo que no se puede hacer es descargar las fotografías desde el sitio web, pues se deben respetar los derechos de autor y propietarios de las imágenes. La tecnología ha hecho que nuevas generaciones se acerquen a este período de historia reciente que desconocen.

“De todo esto me llevo que todavía hay muchas cosas por contar. Y no las hemos contado antes no por falta de material sino por falta de unidad”, concluye Pérez Parrado

Puede hacer el recorrido, detenerse ante cada imagen, seleccionarla y leer sus detalles.Virtualart Pty

La tecnología, al servicio del arte y la historia

Como empresa Virtualart Pty ha realizado muy diversos trabajos de diseño gráfico, sin embargo, este es el de mayor complejidad. “Hemos utilizado 10 programas diferentes para obtener el resultado final”, confirma Benítez. Además de gráficos en 3D y 2D,el proyecto incluye video, diseño editorial, y diseño y desarrollo web de 360°. Tanto fotos como videos se pueden observar de forma separada y con su respectiva información de referencia y crédito fotográfico. Toda la iconografía que ofrece la señalización a los visitantes de la muestra fue creada especialmente para la galería, así como cada detalle de color, e incluso temperatura de luz de la sala de exhibiciones.

“Las galerías han estado cerradas muchísimo tiempo (…) esa esperanza de volver a tener contacto con el arte, con la cultura es muy difícil. Y la realidad virtual te da esa oportunidad”, asegura Mónica Martín.

“Las oportunidades y las posibilidades que ofrece son inmensas, no hemos llegado ni a la mínima parte de lo que se puede hacer utilizando estas herramientas. A la hora de crear contenido, a la hora de contactar con público de todas partes del mundo, ya no tienes barreras físicas. Es libre para que lo vea cualquiera, a cualquier hora, en cualquier día”,

Tanto para Benítez, diseñador, como para Martín, directora de la empresa, este proyecto les ha ofrecido múltiples oportunidades. No solo por desarrollar un proyecto que dará a conocer la capacidad de su empresa, sino por lo que este les ha aportado como personas.

“No es solo hacerlo, es conocer un poco más sobre la historia y la cultura de Panamá, de los fotógrafos, el hecho de conectarnos, solo eso ha hecho que me encante”, dice Benítez. Él y Martín, son cubanos y residen en Panamá desde hace unos cuatro años.

“Cada vez que nosotros vamos a hacer un proyecto, como fue en el caso del Cerro Ancón, de la Cinta Costera, nosotros nos informamos y eso es parte de lo que nos gusta de ese tipo proyecto, eso es algo que yo hubiera querido hacer en mi país y ya que no podemos, lo hacemos aquí”, agrega.

Martín Villaescusa, como profesora de formación que es, vela porque cada proyecto que realicen tenga la posibilidad de ser utilizado como un proyecto educativo. “Lo veo con mi hija cuando estudia historia de Panamá, cada vez que busca información está dispersa, apenas hay imágenes, se hace muy difícil tanto para los nacionales como para el que llega, acceder a la historia. Por eso buscamos que lo que hacemos sea utilizado como una herramienta educativa, que tenga un valor”, comenta.

“Afuera hay muchos mitos sobre Panamá, se sabe que hubo una guerra y los americanos estuvieron allí, pero ¿qué sucedió? ¿qué motivó esos hechos? ¿qué eventos históricos dieron pie? ¿qué ocurrió después? Fuera de Panamá muchas personas no lo conocen.

No solo es rescatar la historia par los panameños sino para el mundo”, establece Benítez,

Otro elemento que puede resultar de gran beneficio es el evidenciar los variados y novedosos usos de la tecnología.

Investigando sobre los usos de tecnologías en el diseño, Benítez se percató de lo poco utilizada que es este tipo de tecnologías, situación que se evidencia en las carreras de diseño.

“Es una pena que el alcance tecnológico no esté más difundido, sería bueno que se utilizaran este tipo de tecnologías, teniendo Panamá una mucho mejor conectividad que otros países de la región. Sería muy bueno que se desarrollaran proyectos de ese tipo. Hay capacidad, yo pienso que hay conocimiento para hacer este tipo de proyectos no es que tampoco se necesite una millonada. Es cosa más de voluntad”, declara.