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29 de May de 2020

Tecnología

Lo ‘eco’ también es un negocio

El hecho de lograr que las personas seamos más conscientes de lo que consumimos afecta la capacidad que tiene el planeta para sostenernos

Lo ‘eco’ también es un negocio
Las tecnologías ecológicas han ido ganando terreno entre los compradores de productos.

Durante los últimos años hemos venido escuchando a algunos representantes de empresas y ONGs hablando de los ‘negocios eco’ o te la ‘eco tecnología’. De seguro alguien se habrá pregunta exactamente a qué se refieren. Hoy en día nos damos el lujo de decidir si nuestro proyecto, producto o servicio tiene en cuenta el entorno.

En cuestión de un par de años más no tendremos la oportunidad de tomar esa decisión, pues la falta de recursos nos obligarán a diseñar todo de una forma sostenible.

Durante años un movimiento ha trabajado para lograr que nosotros y nuestra cadena productiva tenga en cuenta las variables ambientales. Esto ha ido evolucionando hasta lograr que el mensaje le llegue más y más personas.

Por alguna razón, la motivación de lograr que las personas seamos más conscientes de lo que hacemos y consumimos afecta la capacidad que tiene el planeta para sostenernos. Igual continuamos consumiendo como si las cosas no tuviesen un final aparente.

El giro más reciente ha cambiado el ‘regaño’ por la ‘convivencia’. La idea es mostrarle a los negocios que la capacidad de ser ecosostenibles los hace más económicos a largo plazo, además de generar beneficios tangibles a la hora de las decisiones de compra de los consumidores.

Existen esquemas que se aplican a todo nivel. Se suele premiar a las empresas que limpian el agua que emplean en sus esquemas productivos, de forma que cuando la vierten de nuevo en los cauces no contamine los ríos. Asimismo, se puede crear legislación que permita venderle a la red eléctrica los excedentes que se generan de contar con un sistema de generación eléctrica en casa.

La opción de lograr que quienes piensan en nuevos esquemas de negocios tengan en cuenta en sus diseños la ecología -porque pueden contabilizarlo en dinero- ha persuadido a muchos de que de otra forma no lo habrían pensado.

Los nuevos activistas ambientales son ahora los emprendedores, aquellos que crean alternativas ingeniosas a cosas tan cotidianas y contaminantes como los inodoros o el transporte.

Al final es un trabajo conjunto entre el Estado, la academia y la empresa privada, pues debemos entender que quedarnos sin planeta no representa un buen negocio para nadie, y que por reducir uno o dos dólares de costos no podemos crear procesos que acaben con el lugar donde vivimos. Ése es realmente el peor negocio posible.