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18 de Oct de 2019

Fútbol

¿Y la lucha? Continúa

El fútbol femenino crece cada día. Pero aún falta demasiado por hacer

Por primera vez, los uniformes de las futbolistas son en realidad uniformes de mujeres.

Fue muy emocionante. Ocurrió el domingo pasado.

60,739 espectadores abarrotaban el estadio Wanda Metropolitano, hogar del Atlético de Madrid. Eso no tendría nada de particular, dada la tenaz complicidad de los aficionados colchoneros con su equipo. El partido era entre el Atlético y el F.C. Barcelona. Pero lo curioso de aquel domingo era que se trataba de un partido de fútbol femenino. Los espectadores sumaron la mayor asistencia para un partido de clubes femeninos en la historia, dejando de paso una sensación clarísima: el fútbol femenino avanza, apasiona, cautiva. Es cierto que no todos los partidos se llenan de aficionados, pero los números crecen y alientan, sugieren fortalecimiento y un vertiginoso incremento.

El número de espectadores en Madrid superó ampliamente el récord anterior, que se mantuvo intacto desde 1920. Fue un encuentro entre los clubes femeninos de Inglaterra Dick Kerr's Ladies y el St. Helen's Ladies, y atrajo la inaudita cifra para la época de 53,000 espectadores.

Y ya que estamos hablando de cifras, aquí van otras que también sorprenden. 28 jugadoras, componentes del equipo femenino de los Estados Unidos, vigentes campeonas del mundo, demandaron por discriminación de género a la federación de fútbol de Estados Unidos (U.S. Soccer). A través de la demanda, las jugadoras acusan a su federación de ‘discriminación institucionalizada de género' y en este concepto caben todo tipo de condiciones laborales. Desde el salario y las facilidades para los entrenamientos, hasta las formas y mecanismos de viaje para trasladarse a los partidos.

Esta demanda es un paso más en la larga lucha emprendida por las jugadoras para mejorar sus condiciones laborales y acercarse, aunque sea a pasos leves, a la paridad salarial y al logro de condiciones más igualitarias.

Las jugadoras norteamericanas exigieron ser consideradas como parte de una demanda colectiva. De este modo podrían acoger a cualquier seleccionada nacional que haya jugado para el equipo a partir del 4 de febrero de 2015.

Sin embargo, la lucha no será nada fácil. Bastaría asomarse a los bonos multimillonarios que los equipos reciben por participar en la Copa del Mundo. Hablamos de un fondo de 400 millones de dólares para 32 equipos de varones contra 30 millones para 24 equipos femeninos. Estas abrumadoras cifras las establece la F.I.F.A. no la federación norteamericana. Pero hay avances. En 2017, el equipo norteamericano obtuvo un acuerdo que mejoraba las compensaciones económicas, superaba las condiciones laborales de aquel momento y otorgaba concesiones comerciales a las deportistas.

Está clarísimo. Hay victorias. Aunque en ocasiones parezcan más simbólicas que reales. El pasado 11 de marzo, Nike dio a conocer los nuevos uniformes para catorce de los veinticuatro equipos que participarán en el próximo Mundial Femenino. Pocos días antes, Adidas había hecho lo propio con los diseños para los 4 equipos femeninos que la marca de ropa representa. Claro, estarás diciendo que esto no es ninguna noticia. Ni mucho menos un logro. Estos nuevos diseños, por primera vez, han considerado las voces de las jugadoras. Sus preferencias y sus necesidades físicas a la hora de expresarse deportivamente, sin dejar de lado la comodidad y cierto sentido de autoconfianza.

La creación de estos nuevos uniformes necesitó tres años y el uso de tecnología en cuarta dimensión. Por primera vez, los uniformes de las futbolistas son en realidad uniformes de mujeres. Basta ver los detalles de los diseños. Por ejemplo, el uniforme de Suecia, realizado por Adidas, muestra en el reverso de las camisetas los rostros de mujeres ejemplares, elegidas por las propias jugadoras. Un mensaje poderoso que nadie dejará de ver.

‘Está clarísimo. Hay victorias. Aunque en ocasiones parezcan más simbólicas que reales'

Y ahora que hablamos del Mundial Femenino que se aproxima, conviene no perdernos en excesos optimistas. El fútbol femenino aún tiene lados oscuros, a veces muy oscuros. Te hablo de Macarena Sánchez, una jugadora argentina que quiere ser pionera a la hora de revertir una situación inquietante: la de la falta de profesionalismo en el fútbol femenino argentino. Macarena no es cualquier jugadora. Cuatro veces campeona nacional con su club, el UAI Urquiza, con el que alcanzó el tercer puesto en la Copa Libertadores de América de mujeres. Este enero pasado, su equipo la dejó en libertad sin la menor compensación. La tarea que se ha propuesto Sánchez implica cambiar una realidad pétrea, para que las futbolistas disfruten de los mismos derechos laborales de cualquier trabajador. La labor de las futbolistas es reconocida como amateur , aunque reviste exigencias profesionales. Hasta que la despidieron, la delantera argentina recibía como único pago unos $10.00 (sí, diez dólares) mensuales para gastos de transporte de ida y vuelta al club. Mucho sacrificio, poquísima recompensa. La mayoría de jugadoras, además de jugar, estudian o trabajan. Salen de sus casas a las seis de la mañana y regresan después de medianoche. El único consuelo es salir a jugar al extranjero. Para el próximo Mundial Femenino, la selección argentina retornará después de 12 años de ausencia. Muchos espectadores las siguieron durante el partido de repechaje contra la selección panameña. Pocos meses después, permanece el orgullo por haber clasificado, aunque las mejoras laborales son escasas o nulas.

En el fútbol femenino, los avances son muchos y en ocasiones parecen imparables. Aunque todavía persisten excesivas carencias, que obstaculizan un atisbo de genuina igualdad.