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07 de Dec de 2019

Fútbol

Esclavitudes

La fuerte polémica entre los jugadores y el presidente del Nápoli trae olores de guerra ¿Qué es lo que en realidad está sucediendo? ¿Tiene solución?

Insigne, Mertens, Callejón, Koulibaly y Allan han encabezado la rebelión.Servicios internacionales

Yo era un niño y acababa de asistir a un partido muy importante junto a mi padre. Mientras regresábamos a casa en nuestro auto, pusimos los comentarios y entrevistas en la radio. Recuerdo que en un momento, los micrófonos pasaron a la casa de la estrella del partido y comenzó una extensa romería de entrevistas que abarcaba a la mamá, la esposa, los primos, la abuela y hasta algunos vecinos. Entonces, y por vergonzoso que parezca, tuve una auténtica revelación: los futbolistas también tenían una vida personal, más allá de sus hazañas o desastres en los campos de juego. Vivían en barrios. Tenían amigos y familiares, como todos los demás. Ese concepto, tan evidente, chocaba con la tendencia a considerar a los jugadores como plenos y permanentes servidores, sean de las jerarquías directivas o de las exigencias, nunca cabalmente satisfechas, de los propios hinchas.

Y si bien mis criterios infantiles eran incuestionablemente ingenuos, quizás hasta idiotas, no es menos verdad que sin decirlo directamente son muchos los que perciben a los futbolistas como seres cuya única misión es satisfacer expectativas ajenas.

Digo esto por la situación que está viviendo el Napoli en estos días. Te cuento. El club napolitano no está jugando su mejor fútbol, por lo que ha tenido un bajón en la tabla de posiciones de la Serie A italiana. En días recientes, el plantel del Napoli se negó a someterse a una concentración inesperada y exigida por el dueño del club, el productor cinematográfico Aurelio de Laurentiis. La rebelión fue encabezada por los líderes Lorenzo Insigne (capitán), Dries Mertens, José Callejón, Kalidou Koulibaly y Allan, y seguida por todos sus compañeros.

Luego del empate con el Salzburg en la Champions League, Di Laurentiis exigió a los jugadores que permanecieran concentrados. La respuesta fue rotunda y colectiva: ni uno solo obedeció, retirándose todos a sus casas. ¿Y qué hizo el dueño? Arrancó con un comunicado en el que declaraba que haría “todo lo que esté en su poder para proteger sus intereses económicos, activos, derechos de imagen e intereses disciplinarios”. Luego estableció acciones legales buscando recortar el 25% de los salarios de sus jugadores correspondientes al mes de noviembre.

De esta manera, la guerra ha sido declarada e informada mediante 24 cartas formales dirigidas a cada miembro del plantel. Por su parte los jugadores, han respondido mediante acciones legales a través de los abogados del sindicato de futbolistas de Italia. ¿ Y Carlo Ancelotti? Quedó en el medio de la disputa, y va perdiendo puntos frente a jugadores y directivos por igual. El punto de inflexión en esta crisis fue el partido contra el Salzburgo. Luego de finalizado, Di Laurentiis tuvo un arrebato furioso y se desahogó ante los micrófonos de una radio. Y así, desde un medio público, bramó las órdenes para que sus jugadores se concentraran. Las concentraciones no son nada nuevo en el fútbol italiano. El autoritarismo de los presidentes y directivos ha definido en muchas ocasiones cuándo y en qué circunstancias los jugadores debían ser privados de libertades y vida personal, para someterse a estrictos regímenes monacales. Es como si el jefe de la empresa en que trabajas, un día decidiera que tu rendimiento no es el esperado y acto seguido te castigará prohibiendote ir por 15 días a tu casa, alejándote de tu familia o tu vida personal. En el solo gesto de Di Laurentiis asoma un autoritarismo populista claramente expresado por su hijo Edoardo cuando expresó: “Los jugadores son empleados! ¡Son nuestros empleados!”.

Es cierto que los jugadores son empleados de una empresa futbolística. Pero no le pertenecen a ningún dirigente. Luego del partido que desató la crisis, el propio hijo del presidente bajó al vestuario para calmar los ánimos y el remedio resultó muchísimo peor que la enfermedad. El feroz Allan amenazó al dirigente con voltearle la cara de una bofetada. Edoardo salió huyendo y la crisis no hizo más que comenzar.

Hace varios años Pacho Maturana decía que en el fútbol se toma en cuenta a todo el mundo, menos a los jugadores. Todavía parecen seres cautivos del imaginario popular y de los inflamados directivos y de las inagotables exigencias de los hinchas. Muchas veces olvidamos que más allá de idolatrías deportivas y salarios astronómicos, los jugadores (y las jugadoras) son en primer lugar personas. Personas con gustos y responsabilidades; con necesidades y afectos.

Ahora viene la parte legal. Veremos si el patrón logra su 25% (50% en el caso de Allan por amenazar a un funcionario del club). Los abogados del sindicato afirman que una orden de concentración es una medida excepcional que afecta la vida privada de los jugadores y debe formalizarse en un plazo prudencial, no a través de un señor vociferando en una radio pública.