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18 de Oct de 2019

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Inédita final femenil en Roland Garros

La rumana Simona Halep buscará el título ante la debutante letona Jelena Ostapenko, una joven que ha impactado a todos, por su porte y juego

Roland Garros comenzó sin brújula en el cuadro femenino, desprovisto de la estadounidense Serena Williams y de la rusa Maria Sharapova, y se quedó pronto sin la defensora del título, la española Garbiñe Muguruza, huérfano de un referente que seguir.

En ese desierto de nombres propios apareció como un vendaval una letona que no tenía 20 años cuando comenzó el torneo, que no había ganado un partido en el Grand Slam de tierra batida y cuyo nombre no sonaba a nadie.

Pero, a base de raquetazos, de una potencia poco común en el tenis femenino, Jelena Ostapenko ha avanzado hasta la final dejando estupefactos a propios y extraños, con un descaro propio de una campeona, un fenómeno que mañana se pondrá a prueba frente a la rumana Simona Halep, que por segunda vez en su carrera opta a ganar Roland Garros tras haber dominado la temporada de tierra batida.

‘Estoy jugando bien y me siento bien, así que trataré de mantener el ritmo y ganar'

SIMONA HALEP

CAMPEONA DE ROLAND GARROS EN JUNIORS

De poco sirve que la tenista de Costanza haya desarrollado su mejor tenis, haya levantado una bola de partido en contra la ucraniana Elina Svitolina en cuartos de final y opte a salir de París con el número uno del mundo en su espalda, si consigue levantar la Copa Suzanne Lenglen en París.

Roland Garros tiene solo ojos para la letona de mofletes rosados, respuestas apresuradas y sonrisas infantiles, ojos azules y melena rubia descuidada.

Cumplió 20 años el día en que se clasificó para su primera final de un Grand Slam, el día que sumó 245 golpes ganadores en un torneo, el día en que las estadísticas recogieron que la velocidad media de sus derechazos, 117 kilómetros hora, es superior a la del británico Andy Murray, número 1 del mundo.

Ostapenko es un ‘kalashnikov', ‘Miss 100.000 voltios', un bombardeo permanente de golpes contra la rival que cuando entran en la pista se clavan como balas y que inflan el casillero de sus golpes ganadores y el de sus errores no forzados.

Es lo que tiene vivir en el filo de la navaja. Ahí ha decidido situar su juego esta hija de profesora de tenis que decidió abandonar el baile, su primera gran pasión, sobre todo la samba, que practica siempre que puede,, para dedicarse a un deporte poco conocido en su país, donde, asegura, la gente ha oído hablar como mucho de Ernest Gulbis, de la vecina lituania.

Se relaciona sobre todo con las compañeras de esas latitudes, aunque en el circuito se ha ganado una fama de protestona y caprichosa que no le ha granjeado grandes amistades, pese a que su entrenadora, la española Anabel Medina, asegura que es ‘una chica normal, con las aficiones normales de una veinteañera'.

Su figura cobrará una mayor dimensión pase lo que pase en la final contra Halep.

Pero si levanta la copa, la primera de toda su carrera, quedará definitivamente tocada por el dedo de los campeones, como sostiene su agente Ugo Colombini, que ha visto en ella trazas de Del Potro o de Murray en la forma de pensar, de interpretar su juego.

Pese a su juventud, encaja la victoria como algo normal, e incluso se permite el lujo de cerrar los ojos y trasmitir calma minutos antes de saltar a jugar una semifinal.

La calma que precede a la tempestad que levanta sobre la pista. Halep tendrá que domesticar a la fiera y la rumana sabe cómo hacerlo.

Este año ha ganado en Madrid y solo una lesión de tobillo le permitió rendir al cien por ciento en la final de Roma. Ya no es la joven de 22 años que en 2014 sorprendió a Roland Garros metiéndose en la final, donde incluso le robó un set a la todopoderosa Sharapova, que acabó ganando su segundo torneo en París.

Halep, vencedora en Roland Garros en júniors en 2008, se mide a la ganadora de Wimbledon en júniors en 2014. La rumana con el currículum de una carrera bien asentada.

La letona con la intención de convertirse en la primera tenista que estrena su palmarés en Roland Garros desde el brasileño Gustavo Kuerten. Dos caminos para construir a una campeona.