15 de Ago de 2022

Economía

Reconsiderar el apoyo a la guerra antidroga de México

"Los manifestantes dicen que Peña Nieto es incompetente o que está confabulado con los carteles.."

Tras la visita del presidente mexicano, Enrique Peña Nieto, a la Casa Blanca, la semana pasada, ha llegado el momento de repensar nuestro apoyo a la guerra del gobierno mexicano contra los carteles del narcotráfico.

¿Por qué? Porque hay un problema. Miles de mexicanos en Estados Unidos saludaron la llegada de Peña Nieto haciendo lo mismo que han hecho miles de sus compadres en México durante varias semanas --gritando vehementemente--. Los manifestantes dicen que Peña Nieto es incompetente o que está confabulado con los carteles, y es difícil creer que una persona pueda ser tan incompetente hasta ese punto.

El pueblo mexicano, que durante mucho tiempo ha desconfiado de sus líderes y que ya no ve ningún romanticismo en los narcotraficantes, ha forjado un término ominoso para describir al dragón bicéfalo: "narco-gobierno".

Mientras la opinión general en Estados Unidos es que, al sur de la frontera, el gobierno mexicano está combatiendo valientemente a una red de narcotraficantes bien financiada, muchos mexicanos han llegado ahora a la conclusión de que estas dos entidades son una y la misma.

¿Y si están en lo cierto? ¿Qué pasa si--mientras Estados Unidos se alía con el gobierno mexicano para librar la guerra contra la droga-- el gobierno mexicano también está aliado con los carteles?

No hace mucho, no hubiéramos tenido que hacer estas preguntas. Durante los primeros seis años de la guerra antidroga (2006-12)--cuando más de 60 mil personas murieron y decenas de miles desaparecieron-- el presidente Felipe Calderón pareció ser una persona de fiar. Su estrategia consistía en ganar por una guerra de desgaste, arrestando o matando a los líderes de los carteles y confiscando sus drogas y efectivo, con la ayuda de más de $2,300 millones de asistencia de Estados Unidos, adjudicados por el Congreso bajo la Iniciativa de Mérida.

Pero a medida que el derramamiento de sangre creció, los mexicanos se hartaron de la guerra de Calderón. Así pues, en 2012, cambiaron de marcha y entregaron la presidencia a Peña Nieto, restaurando a su Partido Revolucionario Institucional en un cargo que controló por más de 70 años, en el siglo pasado. El PRI prometió seguridad por medio de paz. La idea era, entonces, hacer la paz con manipulaciones y asesinar a los narcotraficantes quienes, cuando se los ataca, esencialmente actúan como terroristas internos. ¿Qué podía salir mal?

Cuarenta y tres estudiantes muertos. Eso es lo que podía salir mal. La revuelta contra Peña Nieto se inició en la pequeña ciudad de Iguala, unas 120 millas al suroeste de la ciudad de México. El 26 de septiembre, un grupo de jóvenes, de entre 18 y 25 años, que estudiaban en una escuela normal cercana, viajaron a Iguala para hacer una manifestación. La policía los enfrentó, y algunos resultaron muertos. El resto, según testigos, fue detenido --43 estudiantes--. Algunos de los cuerpos fueron hallados incinerados y enterrados en fosas comunes.

Hasta para un país como México, para el que el olor a sangre es familiar, lo que ocurrió a ‘los 43’ fue demasiado horrible para aguantar. Funcionarios gubernamentales intentaron manipular la información de la tragedia indicando que había sido el trabajo de la policía local. Pero la mayoría de los mexicanos no lo creyó. Muchos de ellos creen ahora que las fuerzas de seguridad federales y/o las fuerzas armadas --incluso si no participaron en la masacre-- al menos sabían de antemano que iba a ocurrir y no hicieron nada para detenerla.

Por su parte, Peña Nieto se movió despacio. No recibió a los padres de los muertos durante semanas. Hasta el momento no se ha molestado en visitar Iguala, el lugar del hecho. Sin embargo encontró tiempo para viajar al exterior en medio de la crisis.

Los funcionarios mexicanos afirman que han arrestado a más de 70 personas en conexión con los asesinatos de los estudiantes, pero ¿cuántas de ellas son secuaces de bajo nivel que están pagando el pato por los de más arriba, quienes siguen siendo intocables y siguen libres para crear más caos?

Por eso hay disturbios en México, con manifestaciones callejeras constantes que piden la renuncia de Peña Nieto --protestas que ahora se han propagado a este lado de la frontera--. Si piensan que el mundo es complicado, echen un vistazo al barrio. La relación entre Estados Unidos y México es increíblemente compleja. Y, tal como les dirán los mexicanos, las cosas son pocas veces lo que parecen ser.

Los que sí está más claro, sin embargo, es que la relación --que nunca fue perfecta-- se ha vuelto disfuncional y peligrosa. Estamos actuando como posibilitadores, mientras nuestro vecino utiliza los dólares estadounidenses para aprovecharse de su propio pueblo por medio del abuso, la corrupción y posiblemente hasta el asesinato. La casa de nuestro vecino está en fuego. Y en lugar de proporcionar agua, suministramos gasolina.

THE WASHINGTON POST