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14 de Nov de 2019

Economía

"Cholets", la nueva arquitectura de la opulencia en Bolivia

Los edificios, de hasta siete pisos con paredes fluorescentes, son el ícono de la nueva burguesía aymara que va de la mano de su boyante

Los ‘Cholets’ albergan salones de baile con capacidad para 1,000 personas.

Tienen hasta siete pisos, paredes de colores fluorescentes y albergan desde una pista de baile hasta un cómodo departamento.

Son los ‘cholets’, edificios ícono de la nueva burguesía aymara y que se expanden de la mano de la boyante economía de Bolivia.

Se erigen a 4,000 metros de altura en la ciudad del El Alto, una localidad pobre cerca de La Paz, en donde quienes empiezan a beneficiarse de la bonanza económica del país no se mudan a un barrio rico, sino que construyen su castillo allí mismo.

Los dueños de estas edificaciones, ‘aparte de ser clientes, son promotores de esta nueva arquitectura. Son comerciantes, son transportistas, mineros, personas dedicadas a la gastronomía’, con un común denominador: su origen aymara, explica Freddy Mamani, el ingeniero creador de estas obras barrocas neoandinas que pueden llegar a costar hasta un millón de dólares.

Mientras masca frenéticamente hojas de coca para enfrentar la altura, el guía suizo Serge Ducroc explica en francés a turistas canadienses las cualidades de los ‘cholets’, palabra conformada de la simbiosis entre cholo —como se denomina a la población mestiza, a veces de forma despectiva— y chalet.

Un ‘cholet’, de 6 o 7 pisos, se construye en lotes de hasta unos 500 m2, en el que se distribuyen, en diferentes niveles, centros comerciales, canchas de voleibol y fútbol, salas de césped sintético y faraónicas pistas de baile.

El edificio es coronado en la cima por un cómodo chalet —que tiene un baño con hidromasaje—, donde vive el propietario.

‘¿Por qué poner una casa encima de un edificio? Porque representa el éxito económico de la gente. A mí me gustaría vivir en otra zona más cálida, pero aquí tuvieron su éxito y son gente de aquí. No van a vivir en una zona donde hay blancos. Aquí es el éxito y aquí lo muestran’, opina Ducroc, un trabajador social que ideó el tour hace dos años.

‘Solo el salón de baile puede costar unos $200,000, que se alquila para matrimonios o bautizos por hasta $1,500 por fiesta’, acota Wilfredo Poma, otro guía turístico.

El responsable de este boom de construcciones es Freddy Mamani Silvestre, inmigrante aymara de 42 años, quien de niño pastaba llamas con sus cinco hermanos en una agreste colina de Catavi, una minúscula comarca que ni siquiera figura en el mapa. ’Construía ciudadelas de barro en el cerro, donde vivían los zorros y las perdices (..), la arcilla era cocida en bosta de toro, y luego hacíamos autitos o casas’, tal vez sus primeros modelos para ‘hacer una revolución arquitectónica que trasciende fronteras’, dice orgulloso de su obra.

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LOS ‘CHOLETS’

Las residencias son una policromía de colores en ‘degradé’.

El boom de la construcción coincidió con la presidencia de Evo Morales, primer gobernante indígena del país, de origen aymara, en 2006.